En pleno siglo XXI la castidad de una mujer sigue teniendo
excesivo valor en diversas culturas, especialmente las latinas,
llegando incluso a representar el honor de la familia; ¿de
dónde proceden estas creencias y cuál es el
peso que debemos darle?
En la región del Istmo de Tehuantepec, en el suroeste
de la República Mexicana, en nuestros días
es práctica común que el matrimonio cumpla
en su inicio con un acto ritual: la demostración
de la virginidad de la recién casada. El punto culminante
consiste en que el marido presente a su madre las pruebas
del desfloramiento de su nueva esposa, es decir, le muestra
la ropa íntima de ésta, una sábana
o pañuelo blanco con rastros de sangre; la progenitora
a su vez exhibe la prenda a los invitados a la fiesta de
bodas como muestra de que su nuera llegó virgen al
matrimonio y, por tanto, es una mujer con integridad moral
digna del aprecio de la sociedad… pero de no ser virgen,
sería repudiada.
Actos como el descrito son llevados a cabo en distintas
regiones de todo el mundo, con las variantes que le imprime
cada cultura del lugar que se trate. El hecho es hacer notar
que la mujer virgen es el bien más preciado del marido,
siendo la única prueba de inocencia y castidad su
himen intacto, lo que además asegura que la mujer
no está embarazada ni afectada por alguna enfermedad
venérea.
Recordemos que el himen es una membrana elástica
que bordea la pared vaginal, y que su nombre es el mismo
que el del dios del matrimonio en la cultura griega, a quien
se invocaba para que la vida conyugal fuera exitosa. Cuenta
el mito que en ese entonces el régimen educativo
enseñaba a las jóvenes a conservar a este
dios para que no escapara, por ello tenían que evitar
brincar y caminar apresuradamente y debían sentarse
con las piernas cerradas, ya que si las abrían para
recibir una penetración, la mencionada deidad se
iba y no regresaba jamás.
El valor del himen se perpetuó durante siglos, y
en todo ese tiempo se pensó que la única manera
de romperlo era mediante la penetración del miembro
viril, la cual provocaría dolor y sangrado a la mujer.
Actualmente sabemos que ese fino tejido también puede
desgarrarse por otras razones, como excesivo flujo menstrual,
fuerte caída o algún golpe que lesione la
vulva (entrada de la vagina), roce de toallas higiénicas
o tampones, o con un movimiento violento al abrir las piernas
durante la práctica de algún deporte -gimnasia,
tenis, natación, montar bicicleta o caballo, entre
otros-.
La ausencia del himen, por tanto, no es un signo que demuestre
o compruebe que una joven es virgen, como tampoco es cierto
que su presencia intacta sea sinónimo de pureza,
contrariamente a la creencia popular.
¿Hay
manera de verificarlo?
La
Medicina ha comprobado que hay mujeres que tienen relaciones
sexuales y pueden conservar su himen íntegro, pues
en ocasiones éste llega a ser tan flexible que permanece
sin daño a pesar del coito. Ahora bien, algunas otras
con tal de conservar la membrana virgen tienen prácticas
sexuales en las que no hay penetración del órgano
masculino, como sexo oral o anal.
Vale la pena aclarar que el himen se puede romper durante
una exploración ginecológica, por la mas-turbación
con inserción de dedos u objetos, o por caricias
genitales con demasiada presión; se conocen casos
de mujeres que llegan a nacen sin él. Es así
que no existe forma, incluso para un médico, de establecer
con certeza si una mujer es virgen o no.
Las mismas razones por las que el himen puede desgarrarse
son las que justifican el que no siempre haya sangrado durante
la primera relación sexual. No obstante, la ausencia
del vital líquido en la noche nupcial sigue provocando
conflictos entre muchas parejas.
Por otra parte, si bien se considera que la primera penetración
será causa de irremediable dolor, éste puede
presentarse por dos causas: primero, el proceso de estiramiento
que sufre la vagina y, segundo, ansiedad y nervios provocan
que esta molestia sea mayor.
En algunas mujeres experimentar dolor en el primer coito
se ve influenciado por su formación moral y religiosa,
es decir, muchas chicas han sido educadas desde pequeñas
para odiar el sexo, razón por la que no permiten
ser tocadas, especialmente en las áreas íntimas.
De manera que ante el encuentro sexual la tensión
es tal que lo último que pasa por su mente es que
éste va a ser placentero.
No
todo está perdido
Si
usted teme al dolor que pueda causarle la primera relación
sexual, aunque no sea en la noche nupcial, tenga en cuenta
que será muy importante contar con la suficiente
lubricación vaginal, además de un método
que puede poner en práctica algunos meses antes del
encuentro amoroso, el cual le hará menos difícil
el momento. Se trata de ejercitar los músculos vaginales,
para dar firmeza y, al mismo tiempo, elasticidad a toda
el área genital para el coito.
La técnica fue dada a conocer por el Dr. Arnold Kegel
en 1950, y fue desarrollada para tonificar los músculos
de la pelvis en las mujeres con incontinencia urinaria (falta
de control sobre la vejiga que ocasiona la salida involuntaria
de orina). Para localizar los músculos referidos
intente lo siguiente: al orinar, detenga el "chorro"
de orina voluntariamente y luego continué; repita
la acción 2 a 3 veces y podrá localizar esos
músculos (que trabajan cuando usted frena el flujo);
si adicionalmente contrae el ano, todos los músculos
se fortalecerán.
Si lo anterior no funciona, inserte dos dedos en la vagina
al momento de contraer, sin importar que no esté
orinando; deberá sentir presión alrededor
de los dedos por parte de los músculos señalados.
Los expertos indican realizar los ejercicios de contracción
por espacio de 10 a 15 segundos, 15 a 20 veces por día,
aunque algunos sugieren hacerlos hasta 50 a 100 veces por
día. A manera de información le diremos que
los ejercicios de Kegel están indicados para todas
las mujeres, ya que además de ayudar a fortalecer
toda el área genital también:
•
Previenen la incontinencia urinaria.
• Agilizan el parto y los músculos vuelven
a tonificarse con mayor facilidad.
• Facilitan el proceso para llegar al orgasmo, y
éstos, según los sexólogos, son más
intensos.
Finalmente,
cabe destacar que en nuestros días la cirugía
plástica permite la reconstrucción del himen
mediante intervención quirúrgica bajo una
técnica que recibe el nombre himenoplastía,
la cual recobra la apariencia original de la membrana, como
si nunca hubiera sido tocada.
El valor de la mujer en edad de casarse va mucho más
allá de las cosas que aquí se han expuesto,
y ello no debe ser motivo de polémicas, ¿no
cree usted?
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y
MEDICINA”
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