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La
homosexualidad
Raúl
Serrano
El incremento en los miembros de la comunidad gay ha sido
notable en los últimos años, lo que antes de
ser motivo de preocupación debe serlo de reflexión,
ya que enfrentan una serie de problemas que van desde la discriminación
(incluso laboral) y persecución, hasta ser tachados
de inmorales, pervertidos y enfermos, lo cual los aleja paulatinamente
de la sociedad.
Quienes prefieren a las personas del mismo sexo para compartir
gustos y afectos reclaman igualdad de oportunidades que su
contraparte, los heterosexuales, tal y como sucede en países
como Holanda o Inglaterra, donde son reconocidos incluso por
la iglesia, permitiéndoles el matrimonio religioso.
Al respecto, el psicoterapeuta Reynaldo Reyes-Retana y Valadez,
director del Centro de Desarrollo Emocional (Cede), hace hincapié
en que sociedades como la mexicana -que se rigen por valores
que han trascendido varios siglos-, han propiciado que la
comunidad homosexual se agrupe y forme una subcultura, desde
donde se manifiestan y exigen sus derechos. "La sociedad
tiene ante ellos una actitud condenatoria, que los agrede
física y verbalmente".
"Pero los problemas para los homosexuales empiezan desde
el mismo seno familiar, donde generalmente son rechazados
por sus padres, lo que crea cierta frustración con
la que crecen. Es lógico que por encontrar problemas
dentro del hogar y fuera de él, se buscan e identifican
con individuos afines, con quienes comparten sentimientos
y preferencias", señala el especialista.
Identidad
no clara
El
gay que llega a la edad adulta ha acarreado desde su infancia
un sentido de culpa que a lo largo de los años ha tomado
matices distintos. Se inicia desde los 7 u 8 años,
cuando empieza a sentir atracción por pequeños
de la misma edad, pero que son del mismo sexo, lo que le angustia
y causa frustración ante la imposibilidad de manifestarlo.
A los padres corresponde abrir un canal de comunicación,
que debe tener aun más vías en la etapa en que
se empiezan a definir los caracteres sexuales
-entre 11 y 12 años-, de manera que ellos colaboren
a que no haya conflictos del adolescente con su propia persona.
Es importante puntualizar que el pequeño aprecia actitudes
de sus padres que le harán tener preferencia por alguno
de ellos, es decir, se identifican con ciertos comportamientos
e incluso los colores al vestir. "Alto porcentaje de
los casos están claramente influenciados por la actitud
de los padres para con el hijo -indica Reyes-Retana-, por
ejemplo, si se trata de
una madre castrante que reprime exageradamente al chico y
encima lo amenaza con acusarlo con su padre por no obedecer,
sentenciándolo a una posible paliza, el menor tendrá
que tomar partido: escoger enfrentar al padre que puede golpearlo
o apegarse y seguir el carácter de la madre, lo que
sucede la mayoría de las veces. Así,
paulatinamente se le va alejando de la figura masculina".
Refiere el entrevistado que es ahí donde radica la
importancia de la comunicación entre todos los miembros
de la familia, para manifestar inconformidades y preferencias
sexuales, no reprimiéndolas para que después
se transformen en frustraciones que afecten la personalidad
futura del chico. "Muchos padres acuden al psicólogo
o psiquiatra para que resuelvan el problema del pequeño,
asumiendo que es el único culpable, cuando en realidad
éste es el resultado de lo que sucede en casa".
Con el paso del tiempo el joven se verá en la disyuntiva
de manifestarse abiertamente homosexual o reprimir su sentir.
Es así que haya distintas expresiones dentro de la
comunidad gay, como las siguientes:
Asumido.
Es el honesto que no se esconde, lleva una vida normal; lo
dice y lo enfrenta, sin que ello le cause problemas. Generalmente
se trata de una persona de pensamiento maduro, sin ser precisamente
viejo, que se respeta y hace los mismo con los demás.
Confluyente.
Quien lo pasa bien dentro del círculo gay, lo disfruta,
pero no se asume como tal, lo reprime.
Reflectivo.
Se dice a sí mismo "no lo soy, no lo acepto, pero
tengo una inclinación hacia ello que no soporto".
Travesti.
El que gusta de manifestarse como mujer y vestirse como tal.
Retoma su personalidad y la transforma, sin que haya agresión.
Transexual.
Busca transformarse transgrediéndose. Es una persona
de un sexo que se siente atrapada en el cuerpo del otro, y
que encuentra liberación a su problema al practicarse
una cirugía quirúrgica que modifique sus genitales.
Bisexual.
Siente atracción por ambos sexos y no busca transgredirse.
La
loca. Catalogado así por la propia comunidad
gay, es absolutamente libre, no tiene restricciones para sí
mismo. Es muy exagerado en su manifestación de personalidad.
Ser
humano absoluto
En
tanto ser humano, el homosexual o gay enfrenta los mismos
problemas de salud o psicológicos que quien no lo es,
y acude a recibir ayuda para resolverlos. "Este tipo
de personas tienen también conflictos de pareja, de
celos, infidelidad, insatisfacción sexual y más
-indica Reyes-Retana y Valadez-. Incluso son notorios los
problemas de identidad, no saben cómo deben manifestase
ante la sociedad, si vivir en una doble moral en la que, por
una parte, sean jefes de familia con cargos ejecutivos y por
otra, deban esconderse para dar rienda suelta a lo que los
hace feliz: el contacto con la gente de su mismo sexo".
Esa intención de superar las dificultades de identidad
y de ser reconocidos y respetados en el medio en que se desenvuelven
es lo que hace que actualmente se unan y parezca que son más
que nunca. Lo cierto es que seguirán ganando espacios,
pero no sólo por el aumento en cantidad, sino por el
respeto y la inteligencia con que hagan frente a la sociedad
que los marca.
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y MEDICINA”
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