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Sexualidad

Publicado en Boletín nº 10

Violencia sexual y matrimonio

Bajo el manto de la legalidad

Se ha hablado mucho en los últimos tiempos acerca de la violencia familiar, de la cual la mujer y los niños son el blanco privilegiado y el hombre el autor muchas veces impune. Los golpes, los malos tratos, la violencia psicológica, a veces más dolorosa que la física, se transforman en la manera corriente de relación en el seno familiar.

Pero existe un plano aún más íntimo, en el que la violencia puede transformarse en la única manera de comunicación: el sexual.

Muchas parejas legalmente constituidas están fundadas en el modelo

  • Macho-Viril-Poderoso.
  • Mujer-Sumisa-Dependiente.

En ellas los derechos y obligaciones están desbalanceados, perteneciendo los primeros casi exclusivamente al hombre y quedando a la mujer el papel de la sumisión incondicional cuyo fin es complacer al marido.

El machismo encuentra en el seno de la pareja sexual la culminación de su supremacía, que se expresa con menor claridad y más límites en otros planos sociales.

El hombre es el único habilitado para mostrar sus apetitos sexuales, y en ello estriba incluso su imagen de macho viril. La mujer, en cambio, es censurada en sus expresiones de deseo, debiendo ocultarlos y responder pasivamente a los reclamos de su marido. En ese marco desparejo, el hombre tiene el derecho de satisfacer sus impulsos sexuales más allá de los deseos de su pareja. El hombre usa no sólo su fuerza física, sino la presión económica para lograr de su pareja lo que desea.

Muchas relaciones sexuales, aun cuando tienen lugar en el marco del matrimonio, constituyen verdaderas violaciones. La mujer no elige ni el momento ni las condiciones de la relación sexual. Está expuesta no sólo a relaciones displacenteras, sino a los malos tratos y al riesgo de enfermedades de transmisión sexual, ya que el hombre está muchas veces habilitado para mantener otras parejas sexuales fuera del matrimonio.

Por qué la violencia

Las experiencias de la niñez, recordadas o no, son elementos importantes en la construcción de la personalidad, y están presentes durante toda la vida. En ese sustrato que actúa como modelo conviven las caricias, cuidados amorosos y los gestos de ternura de los padres. Junto a ellos están las reacciones intespestivas, los desprecios, los gestos violentos, no solamente aquellos que nos tuvieron como protagonistas, sino también los que presenciamos, sobre todo en el hogar.

Todo ese bagaje constituye la materia prima con la cual vamos a construir nuestro especial modo de relacionarnos en el plano sexual, basado en la relación de nuestros padres. Por eso, en la estructura íntima de una persona pueden convivir la bondad y la ternura con la compulsión al maltrato y la violencia.

La agresividad humana, como la de otras especies, tiene un objetivo muy concreto, el de servirnos de acicate para la acción, para la "pelea" que significa la existencia, con todos sus inconvenientes y escollos. Sin algo de "sana violencia", el hombre no contaría con la fuerza necesaria para luchar por el logro de sus objetivos vitales, aún los más básicos, como conseguir su comida. Qué decir, entonces, del plano de las relaciones, en el que muchas veces deberá "luchar" por conseguir su pareja sexual, aun dando a la relación el marco de legalidad que proporciona el matrimonio.

Pero cuando esta agresividad sirve como elemento de dominio en el marco de la pareja se transforma en una relación perversa. Incluso se vuelve la condición necesaria para lograr placer.

En la pareja, como en toda relación humana, hay una estructura de poder. Pero esto no quiere decir indefectiblemente que exista dominio de una parte y sumisión de la otra. Un dominio que adquiere privilegios basados en la subordinación y hasta la humillación de la mujer. Una verdadera relación de pareja incluirá lazos de poder, pero ellos pueden estar balanceados y estar orientados a hacer la relación más durable, más fuerte y más segura.

"Pareja" tiene también ese significado: igualdad de posibilidades a pesar de las diferencias de género y las particularidades personales.

Fuente: www.latinsalud.com


 

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