El
tamaño del pene sigue siendo una obsesión
para alto porcentaje de hombres en el mundo, quienes no
se conforman con lo que la naturaleza les dio y buscan que
crezca mediante métodos que bien pueden sorprenderle,
¿quiere conocerlos?
Se sabe que de acuerdo a la raza a la que se pertenezca,
se puede vislumbrar el tamaño del pene del portador;
por ejemplo, los orientales promedian 13.75
centímetros de longitud; los hispanos
14.75; la raza negra 15.25 y los caucásicos
(europeos y norteamericanos) 16.25. Las cifras son tomadas
de la más reciente encuesta sobre sexualidad que
patrocina una firma de condones.
La misma fuente informa que a nivel mundial el promedio
del tamaño del pene en estado de flacidez es 8.85
centímetros y erecto 16.4, con diámetro de
4.1. Ahora bien, para los más interesados el estudio
refiere que la dimensión del miembro masculino
va en línea directa con la estatura de su
portador, y para ilustrarlo mostraremos algunos ejemplos:
si el varón mide entre 1.60 y 1.69 metros de altura,
el órgano crecerá hasta 15.25 (promedio);
entre 1.70 y 1.79 será de 15.65; de 1.80 a 1.89 alcanzará
16.5 y si la estatura está entre 1.90 a 1.95 logrará
17.5.
Por otro lado, algunas encuestas establecen que sólo
10% de las mujeres da importancia al tamaño del miembro
de su pareja, y que el porcentaje restante está
convencido de que su satisfacción sexual no depende
de ello, es más, los mismos estudios arrojan que
98% de las mujeres opina que un pene mayor a 20 centímetros
les asusta o impresiona.
En realidad lo anterior importa a muy pocos hombres y menos
aun se interesan en saber que la vagina está compuesta
por tejidos musculares que se contraen al ser estimulada
y es capaz de presionar y adaptarse al tamaño promedio
del pene; igualmente, el clítoris (que se considera
el punto más sensible de los genitales femeninos),
reacciona directamente al tacto, lo que hace que ellas gocen
esta experien-cia tanto como la misma penetración.
Eres grande, grande, grande…
Lo cierto es que, sobre todo en los países latinos,
el tamaño del miembro viril es prácticamente
una obsesión, pues erróneamente se le relaciona
con poder, masculinidad, fortaleza, autoridad y seguridad.
Es así que a lo largo de la historia hay registros
de técnicas de estiramiento que al parecer están
basadas en el viejo hábito árabe del "jelqing",
sistema heredado de padres a hijos a través de generaciones.
El principio está basado en estimular manualmente
al órgano, de la base a la punta, de manera que las
tres cavidades que lo llenan de sangre para dar lugar a
una erección se estiren, es decir, que los tejidos
que cubren las huecos crezcan y den lugar a mayor levantamiento;
claro que este ejercicio requiere de varias sesiones al
día durante varios meses o años.
Cuenta también la historia que esto producía
penes de tamaño entre 25 y 50 centímetros
de largo, lo que parece exagerado. No es raro que en nuestros
días algunas empresas que garantizan resultados satisfactorios
basen su oferta en el famoso jelqing árabe, encubiertas
en la leyenda "técnica de ejercicios naturales,
sin cirugías ni sufri-miento".
Ahora bien, los expertos señalan que algunas partes
del cuerpo son susceptibles de estirarse, por ejemplo, la
piel y el tejido conjuntivo (que cubre las articulaciones)
responden al estiramiento gradual y prolongado adaptando
su forma, como puede suceder con los ubicados dentro del
pene, acción que se facilitaría al no haber
hueso ni cartílagos en el interior.
Uno más de los experimentos para que el miembro viril
aumente su tamaño es el uso de pesas o dispositivos
mecánicos, mediante la aplicación de pesadas
cargas que se atan alrededor del pene, o éste es
resguardado en armazones metálicos donde es puesto
bajo tensión y es obligado a estirarse. Tal vez este
método sea lo más perecido a una tortura,
y no deja de lado la posible aparición de una lesión
o desgarre del miembro, por lo que resulta poco recomendable.
Poco que ganar, mucho que perder
Bueno, la obsesión por obtener mayor longitud peneal
ha hecho que el hombre contemple métodos que incluso
no fueron ideados para ello, como las bombas de vacío
empleadas para problemas de disfunción eréctil,
las cuales parten del principio de que la erección
depende del flujo de sangre en él, de forma que si
éste puede estimularse puede haber aumento en el
volumen. Mediante esta técnica el cuerpo del pene
se envuelve en un cilindro acrílico y se sujeta firmemente
alrededor de la base, para posteriormente extraer el aire
del tubo plástico con una bomba mecánica o
eléctrica, al tiempo que el miembro se infla para
llenar el vacío resultante. Los riesgos en el empleo
de esta técnica son varios, y algunos muy peligrosos,
ya que la excesiva presión de vacío puede
ocasionar cicatrices, moretones, hemorragias y, en algunos
casos, llegar a producir gangrena y dañar al pene.
Por si fuera poco, sus resultados duran unas cuantas horas,
es decir, el aumento es real mientras se mantiene la erección,
pero en sí el órga-no no crece.
Por otra parte, se contempla la cirugía de alargamiento,
en la cual se hace una incisión a la altura del pubis
y se corta el llamado ligamento suspensorio, tejido responsable
de dar sostén al pene por dentro del cuerpo y de
que al haber erección ésta forme un ángulo
de 90° (o más en la juventud del hombre), pudiendo
ser menor por el paso del tiempo.
Entonces, por efecto de la intervención la resistencia
natural del órgano se pierde y éste cae por
no haber algo que resista su peso, creando con ello la ilusión
de alargamiento del pene, pero afectando la angulación
de la erección, la cual apuntará en el futuro
ligeramente hacia abajo.
Otro método quirúrgico aprovechado por médicos
poco éticos es el que aumenta la circunferencia del
miembro mediante la inyección de las propias células
grasas del paciente -extraídas por liposucción
de las áreas de tejido graso en el cuerpo-, dentro
del espacio entre la piel del pene y el tejido eréctil
a lo largo de su longitud. El efecto es el engrosamiento,
pero no el aumento de longitud del miembro, lo cual además
tiende a fracasar debido a que las células grasas
son muy frágiles y suelen reubicarse en el organismo.
Muchos de quienes han sido sometidos a ambas intervenciones
retardaron la reanudación de sus relaciones sexuales
o masturbación por casi un año, más
tiempo del considerado inicialmente por el cirujano, además
de que el dolor postoperatorio también parece haber
sido mayor al prospectado por el facultativo.
Finalmente, vale la pena mencionar que algunos vívales
ofrecen píldoras para el crecimiento del pene, lo
cual como tal no es posible, ya que lo que consigue es mejorar
la circulación sanguínea en el miembro viril,
y por tanto, una erección más satisfactoria.
Aunque resulte obvio mencionarlo, es importante reiterar
que la administración de estos medicamentos debe
hacerse bajo la supervisión de un especialista médico.
Ahora que tiene más conocimientos al respecto, píenselo
dos veces antes de tomar la decisión de recurrir
a algún método para lograr que su órgano
reproductor alcance mayor tamaño, pues puede poner
en riesgo muchas cosas. Consúltelo con su pareja,
y consideren ambos que el tamaño del miembro viril
no influye en la satisfacción sexual de la relación,
y que de no ser plena ésta tal vez lo que necesite
sea un consultor sexual, quien será el indicado para
valorar el problema y dar la solución pertinente.
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y
MEDICINA”