
Muchas
culturas antiguas tenían la seguridad de que plantas
y árboles poseían un tipo de energía
vitalizadora, siendo ésta beneficiosa, a la vez que
curativa, para el ser humano. Actualmente estamos regresando
a este conocimiento, por tanto tiempo marginado, y comprendiendo
que culturas como la celta, quienes pensaban así
de los árboles, tenían razón en muchas
de sus creencias.
La
ciencia nos ha mostrado cómo las plantas y los árboles
reaccionan a nuestros estados de ánimo, y aún
más, poseen el suyo propio, así como memoria
y capacidad de reconocimiento. Ahora estamos conociendo
la capacidad que poseen para beneficiarnos a través
del flujo de su energía y que podemos aprovechar
con solo estar cerca de ellos, así como por medio
del contacto físico.
Sentarnos bajo un árbol o tocarlo por un rato, nos
ayudará a obtener parte de esa energía vitalizadora
y curativa.
Volviendo
a lo que pensaban antiguas civilizaciones, algunas creían
que cada árbol poseía un tipo de energía
específica. Por ejemplo, se pensaba que el pino fortalece
el sistema respiratorio, el saúco favorece el funcionamiento
del hígado y del bazo, así como el tejo ayuda
a calmar las molestias de carácter reumático.
Otros beneficios nos lo daría la encina que contribuye
a la lucidez intelectual, el cerezo que tiene su influencia
sobre los órganos sexuales, el abedul que nos ayuda
a superar estados depresivos y de decaimiento anímico,
o el castaño que aporta serenidad.
Más
allá de clasificar cada árbol y sus beneficios
específicos, la realidad es que nuestro organismo,
y por ende nuestra mente, se ven altamente favorecidos si
establecemos contacto con los árboles, aumentando
nuestra vitalidad y salud gracias a ellos.
Ejercicios con los árboles
1)
Recepción de energía arbórea: Los
árboles expulsan “prana” (energía
vital) que no utilizan y es posible acceder a esa energía
sintonizándonos con ellos. Para ello existen diversas
técnicas que se basan en el mismo principio, las
cuales enumeraremos a continuación.
En todos los casos es necesaria una relajación inicial
y una sintonización con el árbol, mediante
una contemplación consciente.
a)
Método indígena: Para absorber la energía,
algunas tribus americanas se acostaban contra el árbol,
sintiendo como ésta fluía hacia el cuerpo
del practicante.
La veneración de los indígenas norteamericanos
por los árboles queda en evidencia en algunos pasajes
de la obra “El Canto de Hiawatha” de Longfellow.
b)
Técnica oriental: Adoptada por algunos estudiosos
de las filosofías orientales, entre ellos el Coronel
Olcott, que acudía a un eucalipto cuando estaba muy
agotado.
Nos debemos acostar enfrente al árbol y colocar nuestras
piernas apoyadas sobre el tronco, sintiendo como la energía
fluye desde nuestros pies hacia todo nuestro cuerpo.
c)
Técnica de las manos: Utilizada por algunos
espiritualistas de Occidente, se basa en la recepción
de energía a través de las manos. Para practicar
este método debemos sentarnos frente al árbol
en posición de loto o similar y colocar las manos
paralelas al tronco del árbol, a pocos centímetros
de éste.
Cada
persona debe descubrir cuál es la técnica
que más se adapta a su persona, ya que el éxito
de estas técnicas depende de nuestra sensibilidad
y concentración.
Algunos árboles -como el pino y el eucalipto- poseen
propiedades más perceptibles y por esta razón
que se aconseja comenzar la práctica con éstas
especies, aunque es necesario aclarar que cada clase de
árbol brinda un tipo de energía diferente.
Luego de la recepción de esta energía arbórea
nos sentiremos con más vitalidad. Según el
investigador Arthur Powell “los árboles consumen
prana (energía vital), pero rechazan los átomos
cargados de prana rosáceo que no necesitan”.
Estas técnicas de absorción son altamente
positivas para aquellas personas estresadas o nerviosas.
Algunas técnicas europeas de recepción de
energía (aún a distancia) reciben el nombre
de “yugum” y se basa en algunas posturas físicas
para conectarnos con las diferentes clases de árboles.
2)
Sentir la savia: En el hermoso libro “Mi
planta de naranja-lima”, José Mauro de Vasconcelos
dice: “Los árboles hablan por todas partes.
Por las hojas, por las ramas, por las raíces. ¿Querés
ver? Apoyá tu oido en su tronco y vas a escuchar
palpitar su corazón”. Y esto es justamente
el objetivo que percibe este ejercicio enseñado por
Joseph Bharat Cornell, para el cual necesitamos un estetoscopio.
El
objetivo es descubrir como un árbol, aunque parezca
quieto, está rebosante de vida y puede “latir”.
En primer lugar, debemos elegir un árbol que tenga
quince centímetros de diámetro por lo menos
y una corteza no muy gruesa. Luego debemos colocar el estetoscopio
firmemente sobre la corteza y sin moverlo, sentir como fluye
la savia en su interior. Para que este ejercicio tenga éxito,
debemos probar una y otra vez en diferentes lugares del
árbol para poder sentirlo más claramente.
Fuentes:
http://www.formarse.com.ar/
http://elbuscdor.blog.ijijiji.com/ejercicios-con-los-arboles/416