
Cuando
expresamos pensamientos o ideas mediante la palabra o bien
la acción, pueden ser de dos maneras bastantes definidas:
“negativas o positivas”. Cualquiera
sea nuestra opinión religiosa, política, filosófica,
nos olvidamos a menudo que los seres humanos tenemos el
mismo origen de creación, el Planeta Tierra. El proceso
de Creación tiene el don de la vida, y nos ofrece
a todos el poder para explorar, descubrir y compartir entre
todas las diferentes posibilidades. A cambio solo debemos
sembrar la semilla de las buenas relaciones, y para esto
necesitamos de una actitud alegre ante la vida. Los aborígenes,
nuestros ancestros nos enseñaron lecciones encerradas
en frases como: “Tienes el deber de ser feliz”,
“Cuando hables con tu hermano hazlo desde la aprobación,
ya que no sabes como es, hasta que camines en sus propios
zapatos”.
En
esta sociedad de hoy el camino esta lleno de prejuicios,
hay que realizar una limpieza de ideas en desuso, o mandatos
que no conducen a ningún sitio. Esto produce un desorden
y por lo tanto desarmoniza, y las emociones entran a jugar
en contra. Y ahí es donde dejamos paso a la ira,
el temor, los celos y la envidia. Todo esto obstaculiza
el buen cultivo, de la Tierra, para una buena siembra, necesitamos,
de realizar buenas acciones, escuchar al otro aunque tenga
una opinión diferente a la nuestra. El escuchar no
cuesta nada, no estamos diciendo que aceptamos sino que
escuchamos y por ende comprendemos.
La
palabra en una base de temor, o de enojo, nos impide poder
estar seguros y no podemos cultivar la certeza. En cambio
la palabra desde la comprensión al otro y el respeto
da como resultado el equilibrio, en nuestros pensamientos,
palabras y acciones.
El
niño manifiesta alegría, inocencia, pudiendo
mirar a la naturaleza por ejemplo observar el vuelo de un
pájaro, llevar su mirada al cielo, seguir el camino
de hormigas, etc. Puede que en esta comunión con
la naturaleza y alegría surgan dudas en sus mentes.
Imaginemos por un instante que sucede cuando los adultos
emiten palabras que lastiman, gritos, mandatos negativos,
provocando desarmonías en el patrón de alegría
que todos llevamos desde el nacimiento. Son como balas de
fuego que destruyen todo pensamiento, toda voluntad y todo
espíritu.
El
ideal es formar patrones de deseos positivos, alegres, mediante
las palabras y acciones, de buena voluntad, creando un canto
puro, para mantener el equilibrio y armonía en todos
los seres humanos de esta Tierra.
De
que forma, de la más sencilla y cotidiana, hablemos
en positivo, con afirmaciones para poder transformar
y generar compromisos de compartir, perdonar, renovar la
amistad primero con nosotros mismos y luego con los demás.
Comencemos
en nuestros hogares, compartiendo, comprendiendo las acciones
propias para luego poder transmitirlas a los niños,
no importa que obstáculos tengamos, siempre los hay,
lo importante de compartirlo entre todos es aceptar la realidad
y buscar una solución o comprensión entre
todos los miembros de la familia.