
En
los últimos años se han descrito una serie
de enfermedades asociadas a las nuevas instalaciones de
que se dota a los edificios modernos -sistemas de ventilación
forzada, ordenadores, etc.- Se trata de un grupo de síntomas
que padecen los trabajadores de un mismo edificio “enfermo”,
relacionados con su ambiente interior. Un trabajo de investigación
del Dr. Joan Boldú, explica sus características,
patologías y síntomas.
La
generación de entornos de trabajo, como los sistemas
de ventilación artificial, la proliferación
de ordenadores, fotocopiadoras, impresoras etc., el uso
extensivo de materiales sintéticos, los sistemas
de iluminación fluorescente generales, o la presencia
de contaminantes directos como el humo del tabaco y otros,
generan efectos nocivos para la salud.
Las
patologías que producen son de tres tipos:
1.
Hay personas con enfermedades ya conocidas que
sufren empeoramiento al permanecer en el edificio en el
que trabajan. Así, pacientes diagnosticados
de asma bronquial, rinitis alérgica o dermatitis
atópica, empeoran al permanecer en el interior de
determinados edificios, bien por su exposición a
distintos alérgenos presentes en dicho medio (irritantes
volátiles, etc.) o a las condiciones microambientales
del interior del edificio (condiciones adversas de humedad,
temperatura, etc.)
2.
Hay un segundo grupo de enfermedades
específicas de diversos tipos, producidas
por el edificio: enfermedades infecciosas (por
transmisión de agentes infecciosos, ya sea a través
de los sistemas de acondicionamiento de aire como de persona
a persona), enfermedades virales (producidas por dispersión
de antígenos del propio edificio, como en las neumonitis
por hipersensibilidad, fiebre de los humidificadores, etc.);
enfermedades tóxicas (producidas por difusión
de irritantes o tóxicos volátiles presentes
en el ambiente como CO, formaldehído, órgano
fosforados, etc.)
3.
Finalmente está el “síndrome
del edificio enfermo” al que se define como
la situación en la que en un edificio determinado,
más personas de lo normal manifiestan tener un conjunto
de síntomas inespecíficos
pero bien definidos, que desaparecen al abandonar el edificio.
Incluye un grupo de síntomas de vías respiratorias,
dermatológicos, oculares y sistémicos, que
aparecen mientras se permanece en el interior de un edificio
y mejoran tras alejarse de dicho ambiente. Desde 1970 se
han descrito casos de trabajadores en un mismo edificio,
escuelas, hospitales e incluso domicilios.
Contaminantes
del aire del edificio
Se
trata de contaminantes volátiles
procedentes de materiales aislantes, mobiliario, complementos
de oficina, productos de limpieza, maquinaria etc. Los más
habituales son: componentes orgánicos volátiles:
formaldehído, disolventes, compuestos desprendidos
de impresoras y fotocopiadoras, pinturas y barnices; polvo
y fibras del ambiente interior: asbesto, fibra de vidrio,
polvo de papel, papel autocalcable, descomposición
de materiales de construcción, suciedad; bioaerosoles:
bacterias, hongos, virus, ácaros, excrementos y pelos
de animales; vapores de escape de vehículos y de
la industria; contaminantes generados por la actividad humana:
dióxido de carbono, perfume; humo del tabaco; Otros:
deterioro por humedades, pesticidas, radón, materiales
del edificio, productos de la combustión del carburante
etc.
Ventilación
y factores del propio edificio
Se
precisa una buena ventilación para
disminuir la concentración de contaminantes ambientales
que potencialmente puedan producir síntomas. A menos
ventilación mayor afectación clínica.
Una proporción de ventilación mayor de 10
l/seg/persona parece disminuir la prevalencia de síndrome
del edificio enfermo. En cuanto a los tipos de ventilación,
la natural disminuye mucho la probabilidad de que se presenten
síntomas, a pesar de que los rangos de humedad y
temperatura no se encuentren entre los límites aconsejados.
Cuanto más hermético es el edificio, más
posibilidades de que se genere patología.
Los
factores físicos son, asimismo,
importantes: temperatura mayor de 23º C, humedad inferior
al 40% o superior al 60%, ruido, iluminación inadecuada,
controles ambientales y de iluminación no ajustables
por el usuario, aumentan la prevalecía de los síntomas.
Los techos bajos inferiores a 2,4 metros, las áreas
de archivo de documentación en papel y unos servicios
de mantenimiento del edificio ineficaz y con mala comunicación
con los usuarios, se han relacionado también con
mayor prevalencia de síntomas.
Factores
relacionados con la organización del trabajo
Un
estatus bajo a nivel laboral, un aumento del estrés
y una escasa satisfacción laboral, favorecen la aparición
del síndrome del edificio enfermo. El espacio disponible
por el trabajador y la concentración de máquinas
de oficina en áreas determinadas favorecen también
la aparición de síntomas. Finalmente, el número
de horas pasadas delante de los monitores de ordenador también
se ha relacionado con aumento en los síntomas.
Los
síntomas asociados al síndrome del edificio
enfermo
Los
síntomas más comunes son:
oculares (irritación, sequedad, picor de ojos); nasales
y faríngeos (obstrucción nasal es el más
frecuente, sequedad en la garganta, irritación y
prurito); rinitis (con estornudos y rinorrea); respiratorios
(tos, opresión torácica, disnea); neuropsicológicos
(el más prevalente es la astenia); y otros menos
frecuentes (cefalea, letargia, irritabilidad, dificultad
de concentración, bajo rendimiento intelectual);
cutáneos (sequedad, picores).
Es
característico el inicio de los síntomas a
las pocas horas de entrar en el edificio, y la mejoría
de todos los síntomas excepto los cutáneos,
a la hora de abandonarlo. Las alteraciones dermatológicas
pueden tardar días en desaparecer. Estos síntomas
no amenazan la vida del paciente pero conllevan bajas laborales
y descenso de la productividad. Afectan con distinta intensidad
a los distintos trabajadores, dependiendo de los microambientes
donde estén ubicados y de la susceptibilidad individual.
Fuente: http://www.buscasalud.com/