
No
todos quienes se realizan un tatuaje contemplan la posibilidad
de borrarlo en el futuro, pero las circunstancias pueden
obligarlos a ello. Los procesos para llevarlo a cabo son
varios, y, según los expertos, son más caros
y dolorosos que hacer un nuevo grabado, ¿le interesa
conocerlos?
En términos muy sencillos podemos decir que un tatuaje
se realiza mediante punciones con agujas cargadas de tinta
y conectadas a un aparato que trabaja de manera similar
a una máquina de coser sobre la piel. Quien lo lleva
a cabo cuenta con la destreza de hacer trazos o dibujos
de innumerables formas que para muchos se acercan a verdaderas
obras de arte.
Escoger el sitio y la figura corre a cargo de quien será
el portador, sujeto que en ocasiones se ve en la necesidad,
por gusto o por obligación, de “borrar”,
“quitar” o “remover” el tatuaje.
Las opciones son varias, y según los mismos tatuadores
cualquiera que se escoja será más cara y dolorosa
que hacer uno nuevo.
Es así que lo primero a considerar para borrar un
tatuaje es acudir a un dermatólogo —especialista
médico en la salud de la piel— o cirujano plástico,
a quienes deberá informarse cuánto tiempo
hace que se realizó el dibujo y si fue hecho por
un profesional. La importancia de lo anterior radica en
que los trazados por amateurs son más difíciles
de retirar porque la profundidad es muy variable, sin em-bargo,
los realizados por expertos son más fáciles
de quitar porque el pigmento es más uniforme.
También hay que tener en cuenta que cuanto más
tiempo haya transcurrido desde que se hizo el dibujo menos
complejo será de “borrar”. Para hacerlo
con un tatuaje recién hecho conviene esperar cuatro
semanas, por lo menos, aunque lo aconsejable es dejar pasar
varios meses si queremos que el tono de la piel vuelva más
rápidamente al que se tenía con anterioridad.
Ahora bien, tamaño y lugar son factores importantes
para el resultado, ya que si se encuentra en brazos, pecho
o parte superior de la espalda o cuello es muy posible que
deje una cicatriz abultada y antiestética.
¿Qué
elegir?
Sucede
que paulatinamente un tatuaje pierde vistosidad y colorido,
de manera que si no se desea quitarlo puede ser cubierto,
es decir, realizar uno nuevo sobre el viejo aprovechando
los restos que de éste se tengan. Pero esta técnica
tiene algunos inconvenientes, por ejemplo, si el viejo tatuaje
tiene color no debe ser cubierto con otro tono, ya que con
el paso del tiempo aparecerían las líneas
del antiguo dibujo. La solución es utilizar el negro,
al menos en la zona a cubrir y, si se desea, incluir el
color en los alrededores.
Existen
diversas técnicas de eliminación
de tatuaje, pero ninguna garantiza dejar la piel como estaba
antes de ser grabada. Entre ellas pueden mencionarse:
Dermoabrasión.
La zona elegida se rocía con una solución
que la congela, para después, usando un instrumento
rotatorio, se eliminan la capa de la epidermis (primera
capa de piel) y el pigmento utiliza-do sobre ella; produce
una herida similar a una quemadura y al cicatrizar disimula
el tatuaje. Se utiliza poco.
Salabrasión
(abrasión salina). Tras aplicar anestesia en la región,
se “lija” la piel con un instrumento similar
al empleado en la técnica anterior y utilizando una
sal especial; este método deja cicatrices.
Técnicas
láser. El haz de luz actúa rompiendo
la superficie de las partículas de pintura, de modo
que posteriormente el cuerpo las elimina en forma natural.
Es un procedimiento largo y duele igual o más que
al hacer el tatuaje, por lo que regularmente se utilizan
previamente cremas anestésicas.
Funciona mejor con los tatuajes de color negro, azul oscuro
y rojo, los cuales se eliminan muy bien en cuatro sesiones;
los azules claros, verde, morado y anaranjados, requieren
8 o más sesiones, y los amarillos son los más
difíciles, respondiendo después de 10 sesiones.
El proceso de cicatrización también es molesto
y requiere cuidados especiales, como absoluta higiene y
no exponerse al Sol; pueden quedar marcas o cicatrices.
Escisión.
Se trata de eliminar porciones de piel, suturando los bordes.
(Se hace siempre con anestesia local). En términos
sencillos, se estira la zona de piel del tatuaje y se corta,
dejando una cicatriz lineal. Es un procedimiento más
caro, largo y doloroso que el uso del láser, y puede
resultar peligroso dependiendo de la zona del cuerpo donde
se realice. No es recomendable para tatuajes amplios, ya
que puede dejar muchas cicatrices e incluso necesitar injertos.
Decisión
definitiva
Pese a que tatuarse la piel es cada vez más popular,
no todos quienes deciden realizárselo tienen información
suficiente de los riesgos y cuidados que deben seguirse;
a continuación proporcionamos algunos consejos importantes:
•
No deben tatuar su piel quienes padecen hemofilia, ya que
presentan escasa coagulación de la sangre y, en consecuencia,
las pequeñas heridas que deja el proceso podrían
poner en peligro su salud.
•
Igualmente debe restringirse a individuos que portan marcapasos,
debido a que las máquinas tatuadoras pueden interferir
con el buen funcionamiento del dispositivo.
•
También es necesario que lo eviten los pacientes
con afecciones en piel, como acné, dermatitis, heridas
o irritación, pues la cicatrización puede
demorar más de lo normal.
•
Piense más de una vez antes de ponerse en manos de
un tatuador, no se deje influir por nadie y hágalo
convencido de que será para el resto de la vida.
•
Asegúrese de que el lugar al que acudirá para
realizarlo cumpla con las medidas higiénicas que
las autoridades sanitarias piden, ya que diversas infecciones
están en riesgo de contraerse, co-mo hepatitis o
sida.
•
Contemple que en nuestros días muchas posibilidades
de empleo pueden venirse abajo por el hecho de tener un
tatuaje.
•
Elija un diseño del que no se arrepienta en unos
cuantos días, semanas o meses, por ejemplo, el nombre
de alguien por quien siente aprecio hoy puede transformarse
en lo opuesto con el paso del tiempo.
•
Tenga en mente que si el diseño lleva colores debe
procurar no exponerlo al Sol constantemente, ya que tenderán
a disminuir en intensidad y habrá que “retocarlos”
para que recobren su vistosidad.
•
Por lo menos durante el primer mes después de terminado
el tatuaje deberá llevar una dieta balanceda y evitar
grasas, carnes rojas, embutidos y mariscos, pues el riesgo
de una infección es latente. Durante el mismo lapso
el alcohol deberá dejarse de lado, ya que interfiere
en la buena circulación sanguínea.
•
Tras concluido el proceso, por ningún motivo toque
su tatuaje con manos sucias, ni aplique yodo, antisépticos,
agua con sal u oxigenada, ya que el inadecuado empleo de
éstos implica riesgo de infección. El tatuador
indicará qué pomada es la indicada para ayudar
en la cicatrización.
•
Quien se ha tatuado estará imposibilitado por las
autoridades sanitarias a donar sangre por el resto de su
vida, debido a la posible presencia de virus en el vital
líquido.
Como
puede verse, tatuarse no es una decisión que deba
tomarse a la ligera, y que más allá de una
moda se trata de un acompañante permanente.
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y
MEDICINA”