Fue el hombre de ciencia más grande de la antigüedad,
y nadie se le pudo comparar hasta tiempos de Isaac Newton, dos
mil años después.
Hijo de un astrónomo. Aunque educado en la gran ciudad
Universitaria de Alejandría, realizó su obra en
su ciudad natal de Siracusa, Sicilia, donde había nacido
hacia el 287 a.C. Según parece, tuvo cierto parentesco
con Hierón II, rey de Siracusa y tuvo riqueza suficiente
como para dedicarse libremente a sus tareas.
Arquímedes descubrió el principio de la palanca
y también el del empuje, lo que le permitió afirmar,
sin necesidad de destruirla, que una corona de oro había
sido adulterada con cobre. Descubrió repentinamente el
principio mientras se bañaba, y entonces salió corriendo
desnudo por toda Siracusa gritando "¡Eureka, Eureka!"
("¡Lo tengo! ¡Lo tengo!"). Entre sus muchos
inventos prácticos, figuraba un tornillo de agua, utilizado
para elevar agua para riego; la polea compuesta y otras máquinas.
Quiso evitar alcanzar la fama por sus proezas en ingeniería.
Plutarco escribió que Arquímedes pensaba que «cualquier
tipo de acción relacionada con las necesidades diarias
era innoble y vulgar» y que prefería con mucho las
matemáticas puras. Dedujo las expresiones de los volúmenes
de figuras tales como la esfera y el cono y determinó la
posición del centro de gravedad de los conos circulares
y las figuras de revolución generadas por hipérbolas.
Desarrolló un método para calcular el área
de un segmento de parábola. El procedimiento llamado de
"exhauciones", se basa en propiedades especiales de
la parábola. Para establecer estas deducciones, utilizó
un procedimiento parecido al cálculo inventado más
tarde por Newton.
La importancia de la obra de Arquímedes en la historia
de la ciencia apenas puede ser valorada, ya que cuando Alejandría
fue conquistada por los árabes su biblioteca ardió
y se perdió gran parte de su obra. No obstante los mismos
árabes preservaron y expandieron una parte de ésta,
y otras partes quedaron preservadas en el imperio Bizantino. Cuando
Europa resurgió de las tinieblas, en la alta edad media,
la obra de Arquímedes se tradujo al latín y tuvo
una gran influencia en los comienzos de la revolución científica.
Galileo cita a Arquímedes unas 100 veces, utilizando expresiones
tales como Superhumanus Arquímedes, inimitabilis Arquímedes,
y divinissimus Arquímedes. La conexión entre las
matemáticas y la descripción de un experimento,
que constituye el corazón de la ciencia moderna, nació
de la obra de este gran matemático e inventor.
Sus anécdotas más fascinantes tuvieron lugar hacia
el final de su larga vida, cuando Siracusa abandonó su
alianza con la República Romana y, como consecuencia, una
flota romana puso sitio a la ciudad. En aquella época Arquímedes
por sí solo representaba una verdadera fuerza de defensa,
y se pasaba el día creando dispositivos ingeniosos para
averiar la flota. Se dice que llegó a construir enormes
lentes para provocar incendios en los barcos, grúas mecánicas
para levantar y volcar las naves, etc. Según cuentan, se
llegó a tal punto que los romanos no se atrevían
a aproximarse demasiado a los muros y huían con sólo
ver que una cuerda se asomaba sobre ellos.
Pero después de un sitio de 3 años, la ciudad
fue conquistada el 212 a.C. El comandante romano ordenó
que Arquímedes fuera capturado vivo, pero éste se
encontraba excesivamente concentrado en un problema matemático
y cuando el soldado le ordenó que lo siguiera, se negó
a dejar sus números en la arena. El soldado lo mató.
Los científicos de épocas posteriores trataron
a menudo de reproducir los inventos de Arquímedes, y en
particular, el más espectacular de ellos, el de los espejos
ustorios. El debate sobre si el artificio pudo realmente haber
hundido la flota romana duró siglos y muchos sabios famosos
expresaron sus opiniones (incluido Descartes, que desechaba la
leyenda). Pero luego, en 1747, fue finalmente sometida a la prueba
experimental por el gran erudito francés, el Conde de Buffon.
En París, en lo que ahora es Le Jardin des Plantes (entonces
Le Jardin du Roi, del que era director), alrededor de 150 espejos
cóncavos se montaron en cuatro marcos de madera y se ajustaron
con tornillos para concentrar la luz reflejada sobre una plancha
de madera a unos cincuenta metros de distancia. Una gran multitud
observaba cuando el Sol salió de entre las nubes: en pocos
minutos se vio salir humo de la plancha y se zanjó la cuestión.
Más adelante, ese mismo año, Buffon, con gran aclamación,
incendió algunas casas en presencia del propio monarca
y recibió los cumplidos no sólo de Luis XVI sino
también de Federico el Grande de Prusia.
Fuentes:
"La
partícula divina" de Leon Lederman
"De los números y su historia" de Isaac Asimov
http://es.geocities.com/fisicas/cientificos/matematicos/arquimedes.htm