Raúl
Serrano

El
alcohol es la droga legal que cuenta con mayor número
de adictos en México: cerca de 32 millones de personas,
de las cuales una quinta parte bebe hasta embriagarse. Los
daños pueden percibirse a nivel social, familiar,
mental pero, sobre todo físico, pues puede llevar
a la muerte en unas horas o minar la salud poco a poco.
El consumo constante de alcohol se relaciona con 60% de
los suicidios, 70% de los accidentes y 80% de divorcios.
Por otra parte, de acuerdo a investigaciones al respecto,
se sabe que en México por cada ocho hombres bebedores
hay dos mujeres, aunque las cifras apuntan al aumento de
féminas consumidoras.
Como sucede con todas las drogas, y en la mayoría
de sus consumidores, el impacto que causa esta sustancia
la primera vez que se ingiere tiene efecto agradable, ya
que provoca relajamiento en el bebedor, lo vuelve sociable,
comunicativo y desinhibido, razones que lo motivan a repetir
la experiencia.
Su
camino por el cuerpo
Tras su ingestión, el alcohol tarda entre 1 y 2 minutos
en llegar a la sangre, donde puede permanecer durante varias
horas. Una vez en el torrente sanguíneo se distribuye
por todos los órganos del cuerpo humano, afectando
de forma especial a cerebro e hígado, el cual cumple
la función de transformarlo en otras sustancias inofensivas
al organismo. Sin embargo, su capacidad para metabolizarlo
es de 20 a 30 gramos por hora, por lo que si el consumo
es superior a estas cifras, la bebida permanece en la sangre
dañando al resto de los órganos.
Cabe destacar que el nivel máximo de alcohol en sangre
se alcanza cuando han transcurrido entre 30 y 90 minutos
a partir de su ingestión. En cambio, su eliminación
requiere aproximadamente entre 8 y 10 horas, aunque es factible
que se mantenga en el organismo hasta 18 horas después
de haber sido ingerido.
El principal componente del alcohol, y responsable de las
intoxicaciones, es el etanol, el cual se ve influido por
factores como la presencia de alimentos en el estómago,
la cantidad de alcohol ingerida y las características
de la bebida consumida, para su velocidad de absorción,
su paso a la sangre y su alojamiento final en el intestino
delgado.
Impacto
al cerebro
Como se mencionó anteriormente, el alcohol altera
ciertas funciones del cerebro, lo cual repercute en la personalidad
del bebedor; al principio provoca excitación y euforia,
debido a que se trata de un depresor que bloquea el funcionamiento
del sistema nervioso cerebral, responsable de controlar
las inhibiciones. Por la misma razón provoca que
el consumidor actúe en forma temeraria y agresiva,
lo que desencadena que adopte posturas que pueden dañar
su integridad física y psíquica.
Para ahondar en los cambios conductuales, sirva mencionar
que es muy frecuente que el bebedor experimente desinhibición
de impulsos sexuales, fragilidad emocional y deterioro de
la capacidad de juicio; asimismo, que hable aceleradamente
y sin razonamiento, presente descoordinación motriz
(marcha inestable), visión borrosa, rubor facial,
así como irritabilidad y disminución de la
capacidad de atención.
Las manifestaciones antes señaladas varían
según la tolerancia que cada sujeto haya desarrollado
hacia el alcohol; y quienes llegan a beber en cantidades
considerables pueden presentar amnesia de los acontecimientos
durante la borrachera, pérdida de conciencia, estado
de coma e, incluso, muerte por problemas respiratorios.
¿Y
físicamente?
En términos generales puede mencionarse que la ingesta
constante de alcohol, tanto en hombres como mujeres, es
causa de irritación e inflamación del estómago
y daños graves en el tejido hepático (hígado);
también se altera el funcionamiento de los riñones
y el ritmo del corazón, además de que disminuye
la capacidad del cuerpo para asimilar vitaminas y calcio.
Por si fuera poco, provoca acné, caspa y resequedad
en piel y cabello.
No obstante, en el varón particularmente produce
efectos de supresión de la erección, aun en
dosis bajas, debido a que inhibe en el cerebro la respuesta
al estimulo sexual, lo cual trae como consecuencia que no
haya la suficiente irrigación de sangre al pene y
que de esta forma no haya erección. Por su parte,
la mujer se intoxica más fácilmente que el
hombre, debido a que cuenta con más tejido adiposo
(grasa), en el que el alcohol no es soluble y, por tanto,
tarda más en eliminarlo.
Otras consideraciones que ellas deberán tener en
cuenta es que durante el ciclo menstrual son más
vulnerables a intoxicarse, ya que la habilidad del cuerpo
de la mujer para descomponer la sustancia se ve afectada
en este periodo. Asimismo, un trago o copa de alcohol duplicará
su potencial en una dama en comparación al hombre,
debido a que en su estómago hay menos enzimas protectoras
(llamadas dehidrogenadas) que descomponen la sustancia etílica;
finalmente, esta última es considerada uno de los
principales factores desencadenantes de cáncer de
mama.
El consumo excesivo y cotidiano de alcohol trae como consecuencia
tolerancia, es decir, el organismo cada vez necesita cantidades
mayores para manifestar los efectos esperados, además
de dependencia psíquica y física, de manera
que al interrumpirse la administración de bebidas
alcohólicas de lugar a la aparición de alucinaciones
(delirium tremens), fiebre y presión arterial elevada,
sudoración excesiva y temblores, conjunto de síntomas
que recibe el nombre síndrome de abstinencia.
Saber
beber
Aprender a tomar no significa que debamos ir a una escuela
para hacerlo, esa experiencia depende directamente de cada
individuo y de los efectos que haya tenido en su persona
desde el primer contacto con el etanol. Sin embargo, es
importante saber que las bebidas alcohólicas se obtienen
por:
Fermentación. Proceso químico que por medio
de microorganismos se provocan cambios químicos en
diferentes sustancias, llegando a alterar su sabor y consistencia.
Por ejemplo, someter a este procedimiento a jugo de uva
produce vino o champaña (cada uno bajo condiciones
distintas), tal como ocurre con cebada en agua para obtener
cerveza; su graduación alcohólica es menor.
Destilación. El vapor obtenido de
someter a calor un producto es enfriado para lograr una
o varias sustancias nuevas en alambiques o contenedores
especiales; el grado de alcohol obtenido es mayor, y ejemplos
de ello son ginebra, whisky o ron.
Ahora bien, del proceso al que se haya sometido la bebida
influirá directamente en la intoxicación y
sus efectos. El siguiente cuadro muestra el porcentaje de
alcohol que hay en cien mililitros de bebida:
Cerveza |
4
a 5% |
Vino |
11
a 18% |
Champaña |
18
a 30% |
Vodka |
35
a 40% |
Tequila |
35
a 40% |
Whisky
|
40
a 45% |
Brandy
y coñac |
40
a 45% |
Ron
y tequila |
40
a 75% |
El
alcohol es una droga lícita y socialmente aceptada,
inclusive con amplia aprobación cultural y tradicional,
ante la cual hay que tener muchas reservas. Enseñemos
a los menores a guardar la distancia debida, pues las estadísticas
advierten que cada vez es más bajo el rango de edad
en que se inicia el consumo de esta bebida.
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y
MEDICINA”