Desde que el hombre practica el sexo con su contraparte
femenina ha buscado una serie de variantes que lo hagan
más atractivo, lo que puede no ser grave, pero llega
a serlo cuando afecta a terceras personas o es la única
vía de satisfacción. ¿Quiere saber
hasta donde llegan las perversiones sexuales en nuestros
días?
Lo que en otro tiempo se llamó perversiones sexuales,
es ahora conocido como parafilias, palabra que proviene
del griego "para": junto a; "filien":
amar. El individuo parafílico requiere de fantasías
o estímulos específicos para lograr excitarse
y llegar al orgasmo.
La sexóloga argentina Isabel Boschi indica en un
estudio reciente que en quien practica las parafilias se
suelen crear alteraciones desfavorables en la vida familiar,
laboral y social por su carácter de compulsivas,
es decir, su control va más allá de la voluntad
del individuo. "En este tipo de anormalidades en el
comportamiento sexual se contemplan tanto objetos humanos,
como infligir sufrimiento o humillación a sí
mismo o a la pareja, así como involucrar a menores
o personas que se resisten a la propuesta sexual",
acota.
El carácter del parafílico determinará
el grado de afectación del problema, pudiendo clasificarse
en:
- Leve,
cuando se expresa ocasionalmente.
- Moderada,
cuando sus deseos se reflejan en su conducta.
- Severa,
si llega a niveles de compulsión, lo que a veces
implica cometer actos delictivos.
Un
adulto parafílico revela que en su niñez y
pubertad recibió estímulos visuales, auditivos
o táctiles, que por razones variadas adquirieron
particular significado para su persona. Por ejemplo, en
los casos de parafilias patológicas su origen puede
relacionarse con abuso sexual infantil, o con la prohibición
cruel y reiterada para manifestar su curiosidad infantil
en torno a temas sexuales.
Por su parte, el investigador neozelandés John Money
ubica cerca de 40 parafilias, siendo las más difundidas
-debido a que pueden suponer ofensas sexuales-: paidofilia
(espiar, tocar o abusar de los niños), exhibicionismo
(mostrar los genitales por sorpresa), necrofilia
(violar cadáveres), sadismo sexual
(producir deliberadamente dolor a la víctima para
sentir placer), fetichismo (exteriorizar
el deseo hacia alguna parte corporal, o hacia un objeto
o prenda que utilice la persona codiciada), voyeurismo
(donde la satisfacción sexual se deriva de observar,
a escondidas, un acto sexual o a la persona deseada) y zoofilia
(también conocida como bestialismo, que es el sexo
hecho con animales, que en algunos casos son, inclusive,
entrenados para eso).
Este tipo de actitudes son, a todas luces, señales
de alarma que deben ser atendidas por un especialista en
salud mental (sea psicólogo o psiquiatra), pues se
apartan de la normalidad que la sociedad ha impuesto a sus
integrantes.
A continuación, presentamos algunas de las parafilias
más comunes, las cuales forman parte de las 130
que se han podido identificar:
Acrotomofilia.
El orgasmo es proporcionado por algún miembro amputado
de la pareja.
Agalmatofilia.
El estímulo erótico lo constituye una estatua
o un modelo desnudo de una persona.
Andromimetofilia.
La excitación depende de tener una pareja que, siendo
mujer de nacimiento, represente y se relacione eróticamente
como un hombre.
Autoagonistofilia.
La facilitación del orgasmo se relaciona
con el hecho de ser observado, estar en escena, o ser filmado.
Autonepiofilia.
Cuando se representa el papel de un bebé y la pareja
lo trata como tal.
Biastofilia.
El logro del orgasmo es relativo a atacar sorpresiva y violentamente
a una persona desconocida a la que se le infunde terror.
Coprofilia.
Identifica la excitación erótica motivada
por el olor o contacto con excrementos.
Erotofonofilia.
Imagina ser el responsable de la muerte del compañero
sexual en el momento del orgasmo.
Estigmatofilia.
La pareja debe tener un tatuaje, cicatriz o perforaciones
en el cuerpo por el uso de joyería de oro, especialmente
en la región genital, que incitará a la practica
sexual.
Formicofilia.
Tener contacto con pequeñas criaturas, como caracoles,
ranas, hormigas u otros insectos que se deslizan, arrastran
o mordisquean partes genitales y pezones.
Frotteurismo.
Impulso irrefrenable de frotar el área genital contra
el cuerpo de un desconocido en una multitud.
Gerontofilia.
Tener una pareja de la misma edad de los padres
o abuelos.
Ginemimetofilia.
La excitación erótica depende de tener una
pareja que, habiendo nacido hombre, represente a una mujer.
Hibristofilia.
Cuando se sabe que la pareja es responsable de
delitos como violación, asesinato, o robo armado
es motivo de excitación.
Hifefilia.
Tocar, rozar o sentir piel, pelo, cuero y tejido,
especialmente si es usado en la proximidad de las principales
partes eróticas del cuerpo.
Hipoxifilia.
El agresor siente placer cuando provoca asfixia en otra
persona, utilizando para ello una bolsa de plástico
o alguna técnica de estrangulamiento.
Klismafilia.
La excitación erótica y el orgasmo
se logran cuando la pareja es la responsable de un enema
(introducción por el ano de líquido para limpiar
recto y estómago).
Misofilia.
El logro del orgasmo se consuma al oler o masticar ropa
sudorosa o sucia, o artículos para higiene menstrual.
Morfofilia.
Una o más de las características del cuerpo
de la pareja (el gusto por senos, piernas o muslos, por
ejemplo) es indispensable para conseguir la excitación
erótica y el orgasmo.
Muerte
autoerótica. Ocurre cuando una persona decide
masturbarse y, al mismo tiempo, trata de autoestrangularse
o autoelectrocutarse.
Narratofilia.
La incitación se obtiene al utilizar palabras o contar
historias calificadas comúnmente como sucias, pornográficas
u obscenas en presencia de la pareja.
Olfatofilia.
La facilitación del orgasmo depende de olfatear olores
emanados de las diferentes partes del cuerpo, especialmente
de las partes sexuales y adyacentes.
Pederasta.
Costumbre de la Antigua Grecia en la que un hombre viejo
tenía relaciones sexuales anales con jóvenes
adolescentes varones.
Peodeiktofilia.
Provocar sorpresa, desmayo, shock o pánico en un
desconocido tras la ilícita exhibición del
pene flácido o erecto.
Pictofilia.
Ver fotografías, películas o videos de actividades
comúnmente tachadas como sucias, pornográficas
u obscenas, sólo o en presencia de la pareja.
Somnofilia.
Despertar a un desconocido con caricias eróticas,
incluyendo sexo oral, sin fuerza o violencia.
Trasvestismo.
Vestir prendas, especialmente interiores, del otro
sexo.
Troilismo.
Observar a la propia pareja con una tercera persona mientras
realizan actividades sexuales, en las que se incluye el
coito.
Urofilia.
La persona con esta disfunción siente placer cuando
bebe la orina de otra persona, o cuando permite que orinen
sobre ella.
Es
importante hacer hincapié en que las parafilias se
presentan con mayor frecuencia en los varones, pues sus
mecanismos de respuesta ante un estimulo sexual (a través
de la vista o el olfato) les permiten excitarse fácilmente,
lo que no ocurre en las mujeres, pues ellas necesitan, generalmente,
contacto físico.
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y
MEDICINA”
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