Somos
lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos y lo que
sentimos; todo se origina en la mente. Los
pensamientos pueden ser creativos o destructivos, amorosos
o rencorosos, depresivos o felices, de sacrificio o satisfacción,
etcétera. Solo en los EE.UU. hay 17 millones
de casos de depresión al año y solo el 30%
busca ayuda, de los cuales 30.000 personas al año
recurren al suicidio.
Los desequilibrios emocionales provocan estrés
y afectan al tono vascular, concretamente a nivel
de las vías respiratorias superiores, que albergan
bacterias o virus saprofitos. El estrés a su vez
influye en la bajada de defensas. El estado mental interviene
de forma indirecta, pero real, en la resistencia a las enfermedades
infecciosas, influyendo sobre el terreno en el que los gérmenes
patógenos ejercen su acción.
La
interrelación entre lo psíquico y lo biológico
lo podemos constatar, ya que no existen trastornos psicoafectivos
que no afecten al cuerpo en sus manifestaciones, por ejemplo
la angustia, la excitación, la depresión,
la rabia. Pero también ocurre al revés: vemos
que las enfermedades orgánicas también provocan
trastornos psicoafectivos, como por ejemplo preocupación,
temores, tristeza, angustia, etc.
En
todo caso, hay que distinguir esta interrelación
de una forma rigurosa, distinguiéndolos de los acontecimientos
que forman parte de la normalidad.
Cuando
ocurre un acontecimiento inesperado, siempre es necesario
un periodo de duelo, desahogo, contención emocional
y de afrontar el conflicto. Luego de cinco días debe
aplicar ejercicios de interrupción del pensamiento
negativo para pasar al pensamiento positivo y seguir adelante
por usted y por la gente que lo rodea. Por ejemplo la cultura
occidental no está preparada, en vida, para afrontar
la muerte ni la perdida afectiva de un ser querido como
algo natural que ocurrirá hoy o mañana.
Debemos seguir tres pasos: Primero interrumpimos todos los
procesos mentales negativos. Segundo condicionamos nuestros
pensamientos positivos y tercero construimos una autoestima
positiva.
Primero,
interrumpir el proceso mental negativo
Este ejercicio no debe considerarse como una terapia de
la depresión, dado que las terapias son procedimientos
mucho más completos que, entre otras cosas, deben
incluir: una exacta identificación del tipo de depresión,
un programa de actuación basado en dicho diagnóstico
y, finalmente, una serie de directrices acerca de los cambios
necesarios para llevar una vida más normal, sin depresiones,
después de la terapia.
La
Interrupción del Proceso Mental Negativo despliega
su mayor efectividad en aquellas personas que sufren una
depresión severa con serias ideas de suicidio. El
objetivo de nuestro ataque son los pensamientos que el subconsciente
envía a la mente consciente, debido a la gran intensidad
de las emociones negativas asociadas a problemas pendientes
de resolución. Con esta técnica se estrangula,
en cuanto aparece, el pensamiento automático generado
por el subconsciente.
Los
pensamientos e ideas de suicidio, rabia, desesperación,
degradación propia, los traumas emocionales del pasado,
las imágenes de un futuro negro, etcétera,
todo ello se aniquila y suprime en el momento de su aparición
en la mente consciente.
• Vamos a intentar protegernos durante un período
de tiempo, de las emociones negativas resultantes de dichos
problemas.
• Vamos a recuperar el control sobre nuestras emociones.
• Vamos a protegernos de la desesperación y
de las ideas de desolación en relación con
el futuro.
• Vamos a disminuir y debilitar de forma sustancial
las ideas de suicidio.
La
persona que, en estado depresivo, permite la entrada de
semejantes pensamientos en la mente consciente, irremediablemente
los reforzará e intensificará. Y el intelecto
no podrá hacer nada por evitarlo. Si llevamos un
tiempo intentando librarnos de las emociones negativas,
siempre de manera infructuosa, no cabe la menor duda de
que con cada fracaso la emoción negativa habrá
salido reforzada y, el subconsciente, dispuesto a seguir
enviándola.
•
NO a la auto compasión
• SÍ PUEDO ESTAR BIEN
• NO al sentimiento de auto culpa
• ME PERDONO
• NO al auto castigo
• SOY LIBRE
• NO al auto sufrimiento
• QUIERO VIVIR MEJOR
• NO a la auto inferioridad
• COMO HUMANO SOY MUY IMPORTANTE, NI INFERIOR NI SUPERIOR
A OTRO
Lo
primero que debemos expulsar enérgicamente del consciente,
en el mismo instante de su aparición, es cualquier
idea o pensamiento que tenga que ver con el suicidio. Los
pensamientos negativos que se me ocurren a mí los
devuelvo al subconsciente -en el mismo instante de su aparición-
con un firme grito interior: ¡FUERA! Si el pensamiento
negativo reaparece, lo vuelvo a expulsar más enérgicamente
aún.
Hay que seguir así un día completo. Desde
el primer despertar hasta el sueño de la noche siguiente
se ha evitado el refuerzo de todo pensamiento negativo y
ni uno solo ha sobrevivido más de un instante. El
momento clave será justo antes de caer dormido esa
primera noche. Los resultados de este ejercicio empiezan
a notarse durante la fase "REM" ("rapid eye
movement" fase de movimiento ocular rápido)
del sueño.
¡
FUERA ! ¡ Yo no me merezco esto !
¡ FUERA ! ¡ Quie-ro-con-tro-lar-me !
¡ FUERA, FUERA Y FUERA !
Descarga en tu orden toda la energía de tu rabia.
Dirige toda la fuerza de tu desesperación contra
la misma depresión de la que nació.
¡ FUERA ! ¡ QUIERO VIVIIIIIIIIIR !
A continuación, o quizás a la vez, empiezan
a detenerse en su carrera los pensamientos relacionados
con los problemas de la vida o los que ha generado la depresión.
¡ Merezco la muerte ! ¡ FUERA !
¡ Nunca encontraré trabajo ! ¡ FUERA
!
Si al menos hubiera... ¡ FUERA !
Ese maldito que... ¡ FUERA !
Lo que a mí me deprime es... ¡ FUERA !
Nunca superaré este dolor... ¡ FUERA !
Pero es que... ¡ FUERA !
El
pasado está ahí y nada puede cambiarlo, pero
durante dos días no vamos a permitir que ningún
recuerdo negativo del pasado llegue a la mente consciente.
Es posible que esto requiera tanta energía como la
que necesitamos para deshacernos de los pensamientos suicidas...
pero ¡merece la pena! Durante dos días vamos
a vivir en el presente, aquí y ahora, sin que nos
agobie un futuro incierto ni nos atormenten los recuerdos
del pasado.
Por el momento se debe suspender todo plan de futuro a largo
plazo. La lista de prioridades debe servir para planificar
y llevar a cabo actividades sencillas y agradables, y para
llevar una mejor organización a la hora de acometer
otro tipo de tareas más problemáticas.
Se trata, simplemente, de evitar que las emociones negativas
asociadas con el futuro salgan reforzadas. El futuro no
debe ir más allá de la ducha caliente o del
relajante baño de dentro de un ratito. Y una vez
dentro de la bañera, o en la sauna... la mente sólo
se ocupa de lo inminente, nada más; y el futuro consiste
únicamente en esa sensación agradable que
se siente después de un baño reconfortante
en el que, además, no ha habido emociones negativas.
Así debemos actuar durante un par de días,
pensando en ese plato especial que haremos para la comida,
o en ese libro que nos apetece leer... O, según los
casos, en hacer algo de ejercicio.
Se debe suspender la resolución de los problemas
pendientes hasta que podamos atacarlos desde una posición
de fuerza y no desde la debilidad propia del estado depresivo.
Hay que aprovechar la energía de la rabia y la desesperación,
así como la energía que surge en el estado
maníaco, para ganar fuerzas que nos ayuden en la
Interrupción del Proceso Mental Negativo. Pero no
se debe utilizar para escondernos o burlarnos de las dificultades
de la vida.
No se debe forzar la entrada de pensamientos positivos y
de autoafirmación en el subconsciente. La combinación
entre la Interrupción del Proceso Mental Negativo
y la realización satisfactoria de tareas sencillas
debe bastar para que el subconsciente empiece a enviar,
sin necesidad de forzarlo, emociones y pensamientos positivos.
Podremos disfrutar de estos pensamientos positivos mientras
el subconsciente no vuelva a producir pensamientos negativos.
Si este ejercicio no resulta una experiencia positiva o
si, por cualquier otro motivo no da buen resultado, debe
dejarse inmediatamente y buscar ayuda profesional.
Segundo,
condicionar los pensamientos positivos
Cuando comprendemos y manejamos a voluntad esta forma de
pensamiento, podemos ser dueños de nuestra vida,
produciendo aquellos "frutos" que nos dan la máxima
felicidad. La motivación no sólo es tener
ganas, es tener convicción y seguridad en lo que
se hace. La autoconfianza es una sensación o un saber
que nos dice que podemos hacer algo bien. La conciencia
del AHORA no debe estar perturbada por un pensamiento de
lo que podría ser, o lo que ya pasó.
Tenemos una buena concentración cuando lo que hacemos
es lo mismo que lo que pensamos. Se tiene que aprender a
controlar el grado de excitación que puede generar
gran ansiedad y angustia, afectando negativamente a los
procesos fisiológicos y cognitivos, de forma que
su energía pueda canalizarse a favor de la ejecución
de una tarea. Establecerlos los objetivos y metas de manera
clara y realista constituye una estrategia motivacional
que mejora el desempeño, ya que enfoca la atención
y promueve el incremento en la intensidad y persistencia.
Aprender a establecer correctamente objetivos y metas a
corto, mediano y largo plazo es una herramienta poderosa
en la búsqueda del éxito.
Como deberíamos pensar y actuar en positivo ? Para
reemplazar los pensamientos y actitudes negativas por sus
antónimos en positivo debe imaginar y visualizar
algunas situaciones vividas en contraposición.
Sinónimos
de haragán: vago, improductivo, zángano,
holgazán, perezoso, ocioso
Antónimos
de haragán: obrador, trabajador, productivo,
empeño, gestionar
Sinónimos
de pesimista: abatido, triste, desilusionado, melancólico,
desanimado
Antónimos
de pesimista: optimista, animado, alegre, satisfacción,
dicha, regocijo
Sinónimos
de angustia: tristeza, pena, agobio, ansiedad,
congoja, zozobra
Antónimos
de angustia: tranquilidad, alegría, serenidad,
placidez, felicidad
Tercero,
construir una autoestima positiva
La autoestima corresponde a la valoración positiva
o negativa que uno hace de sí mismo. Se refiere a
cómo la persona se ve a sí misma, lo que piensa
de ella, cómo reacciona ante sí. Es una predisposición
a experimentarse como competente para afrontar los desafíos
de la vida y como merecedor de felicidad.
Proceso
externo de construcción de la autoestima
El proceso externo está dado fundamentalmente por
la influencia que los demás, en general, tienen sobre
el aspecto emocional de la persona. Cuando sea necesario
que la persona mejore aspectos de su conducta, será
más adecuado que el planteamiento del problema se
exprese de manera clara y precisa, haciendo respetar normas
y límites, pero considerando evitar algunos aspectos
que claramente afectan la autoestima.
Como ya se ha dicho, la crítica es uno de ellos.
Otros son las reglas y los deberes inflexibles, así
como el perfeccionismo. Estos también inciden negativamente
en la autoestima, porque no dan libertad y hacen que nos
sintamos agobiados y con la sensación de no haber
logrado nunca las metas. Es adecuado realizar los planteamientos
y observaciones sin generalizar el problema hacia aspectos
de la personalidad. Debemos centrarnos en la conducta, no
en la persona.
Otro factor muy negativo para la autoestima, es el hecho
de repetir reiteradamente las características negativas
de la persona. Es decir, los demás pueden o no ayudar
a tener una buena autoestima –especialmente las personas
con las que se está involucrado afectivamente, alguien
a quien se admire o a quien se considere mucho– haciendo
aportes para que se tenga una evaluación positiva
de uno mismo y de sus actos. Esto sin dejar de mencionar
que este entorno es también el que ofrece oportunidades
adecuadas y precisas para obtener éxitos y, en general,
experiencias que permitan hablar bien de uno mismo y con
las cuales uno se sienta satisfecho.
Proceso
interno de construcción de la autoestima
La persona también realiza una construcción
interna según sus propias experiencias. Esta construcción
va a ser positiva o negativa según lo sean esas experiencias
y el criterio de evaluación que se haga de ellas,
es decir, va a estar en estrecha relación con decirse
a sí mismo: "yo pude", "lo hice bien",
"merezco quererme". Es como un premio hacia sí
mismo, que a su vez se va a convertir en la energía
para hacer otras cosas bien hechas, de manera acertada.
Una buena autoestima es el motor que desencadenará
asertividad en las funciones afectivas y sociales, la cual
va a permitir que se obtenga como resultado: agrado, satisfacción,
gusto y amor por lo propio. A su vez, estas últimas
sensaciones generarán una retroalimentación
que recaerá nuevamente sobre la construcción
de la autoestima positiva que se ha generado, aumentando
de esta manera su potencial también positivo. Incluso,
y gracias a esto, podrá ser el mismo individuo quien
mejore luego sus resultados como desafío propio y
para una mayor satisfacción personal. Sin embargo
puede pasar también lo contrario: que el individuo
se vea enfrentado a resultados o experiencias desagradables,
a errores e insatisfacciones, provocando repercusiones con
una carga afectiva negativa, acompañada de autoacusaciones
y autocastigos que le aportan y le provocan una información
muchas veces distorsionada y que le conduce a un actuar
deficiente, con resultados de las mismas características
o incluso peores.
De esta manera se generará un círculo vicioso
que, si daña la autoestima, habrá que interrumpir
atendiendo determinados aspectos, como incentivar que el
individuo valore más el proceso que el resultado
y que aprenda de sus errores. Esto se ve favorecido si va
acompañado de palabras positivas que el sujeto se
diga a sí mismo (diálogo interno), como "lo
hice bien", eludiendo frases de negación, es
decir, en vez de decir "no debo volver a hacer tal
cosa", decir "de ahora en adelante debo procurar
hacer tal otra", y evitando también las frases
negativas, cambiándolas por aseveraciones positivas.
Es decir, cambiar una frase como "lo hice todo mal"
por otra como "debo mejorar" o "haré
lo posible por mejorar".
Otro aspecto que favorece el desarrollo de una autoestima
positiva, es facilitar alternativas con objetivos más
adecuados al nivel de desempeño y capacidades. Para
ello será necesario conocer a la persona, para que
de esta manera podamos ayudarla a conocerse a sí
misma a través del descubrimiento gradual de sus
potencialidades, que serán el motor para la superación
y para poder emprender nuevos desafíos. Así,
al desarrollar dichas potencialidades será posible
disponer de nuevas herramientas y de más posibilidades
para hacer nuevas cosas. Con ello también podrá
adquirir nuevas experiencias y, como consecuencia, más
conocimiento del entorno y de sí mismo, factor fundamental
para realizar acciones futuras en forma asertiva.
Fuente: http://www.muscularmente.com/