El
plano astral, también conocido como uno de los siete cielos,
es el plano de existencia a través del cual toda vida tangible
se experimenta a sí misma. Nosotros nos experimentamos y
experimentamos nuestras vidas en el plano astral a cada momento
de cada día.
Cuando alguien muere, con frecuencia sucede que otras persones ven
lo que interpretan ser el alma dejando el cuerpo, cuando en realidad
lo que están viendo es el cuerpo astral. El cuerpo astral
es aquel en el que, generalmente, vivimos nuestra vida una vez que
el cuerpo físico muere. Digo generalmente porque no todo
el mundo necesita continuar viviendo en el plano astral, ya que
hay quienes lo han trascendido antes de su muerte física.
El plano astral es un cielo de visibilidad; allí uno puede
ver, tocar y sentir de manera muy parecida a como lo hacía
antes de morir. Es por ello que muchas personas ni siquiera se dan
cuenta de que han dejado el mundo físico y han pasado a ese
plano.
En el plano astral existen muchas dimensiones de vida y pensamiento.
El bajo astral o la energía entre nosotros y los mundos más
celestiales, está lleno con formas de pensamientos negativos
que pueden ser descritas como demonios o el infierno. Esta dimensión
de energía fue y sigue siendo creada por los procesos humanos
de pensamiento y emociones negativas. El bajo astral es como un
recipiente para estas energías y siempre estamos sujetos
a ellas. Una de las leyes universales dice que los iguales se atraen.
Cuando estamos en nuestro más bajo nivel emocional y mental,
es cuando más propensos estamos a contagiarnos de estas energías
de tristeza, dolor y rabia. Es entonces cuando recibimos un bombardeo
de estos sentimientos no deseados y nos aborrecemos a nosotros mismos.
El bajo astral existe para dar cabida a esas energías, ya
que fueron creadas por personas a quienes todavía pertenecen,
lo deseen o no. Nosotros, al ser creadores de nuestras propias realidades,
tenemos la oportunidad de dirigirnos a nuestras creaciones para
transmutarlas y también para recrearlas nuevamente. No hay
nada en el cielo y la tierra que sea intrínsecamente malo;
son solo nuestras percepciones las que hacen que las circunstancias,
los eventos y la gente nos parezcan malos.
Cuando una persona aprende a comprender la percepción, entonces
tiene la habilidad de ir más allá del bajo astral
y sanar sus pensamientos atormentados y sus procesos sentimentales.
Esto le permite disminuir su necesidad de experimentar el bajo astral
y comienza a ascender dicha dimensión y a adentrarse en los
mundos celestiales de belleza, amor y conocimiento. El plano astral
es un lugar de visión y de luz. Allí, en el alto astral,
tenemos la habilidad de ver los reflejos de los seres y los mundos
celestiales. Algunos de estos seres se parecerán y serán
llamados guías espirituales, ángeles, maestros ascendidos,
consejos de luz, jardines de paz, templos de luz y por el estilo.
Este reflejo que percibimos es como ver con nuestros ojos físicos,
pero es aún mucho más bello de lo que uno pudiera
imaginarse, y la experiencia no puede ser descrita fácilmente
con palabras.
La energía astral es invisible al ojo humano, no obstante,
es la fuerza que nos da energía en el plano físico.
El astral es lo que limita entre los planos físico y etérico
de existencia y de conciencia. En la experiencia astral no solo
podemos ver a los seres celestiales de otros planos de existencia,
sino que podemos viajar dentro de ellos a través de nuestra
conciencia.
El cuerpo astral y el plano astral han sido usados por siglos para
ver a distancia. Cuando una persona ve un aura o es clarividente,
clariaudiente o clarisintiente, de hecho está usando su sensibilidad
astral para experimentar tales cosas. Algunos llaman a esto intuición
desarrollada. Cuando aprendemos en qué forma somos seres
astrales, así como seres físicos, descubrimos que
somos capaces de viajar dentro de la conciencia, en vez del pensamiento.
Pensar es una experiencia racional basada únicamente en el
hemisferio izquierdo del cerebro. La conciencia es el uso de todo
el cerebro subconsciente y supraconciente a la vez.
El astral es un depósito de información que puede
brindar revelaciones del porqué y los motivos de las preguntas
místicas para quien sepa como usarlo. Allí se pueden
accesar los registros Akáshicos para aprender de ellos. El
plano astral no puede separarse de otros planos de existencia, así
como el plano físico tampoco. Una vez que entendamos que
todas las cosas son energía, entonces podemos aprender a
comunicarnos con y a través de la energía que somos.
Todos los planos de existencia interactúan dentro de nosotros
todo el tiempo; es preciso que nos volvamos concientes de esta actividad
si queremos evolucionar espiritualmente y sobrevivir a los cambios
actuales del plano terrenal.
Abundan demasiadas versiones y explicaciones sobre como moverse
entre las diferentes frecuencias dimensionales de luz, como si debiéramos
comprenderlo y formar parte de esto. Sin embargo, para hacerlo,
debemos por lo menos haber dominado el plano físico y el
plano astral de conciencia.
¿Como podemos entender la esencia de las frecuencias de la
quinta y sexta dimensión, si todavía debemos comprender
la cuarta? La energía de la cuarta dimensión tiene
que ver con el misterio de la vida y del universo. Tiene que ver
con el entendimiento del amor incondicional, así como del
amor condicional. También versa sobre cómo entender
que somos esas cosas y que debemos convertirnos en ellas. El aprendizaje
de la cuarta dimensión se relaciona con la sabiduría
y la predicción, la conciencia de la energía y los
mundos invisibles manifestados. Está relacionado con la pureza,
la confianza y la inocencia.
Cuando hayamos pasado a través de los misterios de la iniciación
de la luz astral que nos enseña estas cosas, entonces podremos
continuar con el aprendizaje y la conciencia de la quinta dimensión,
no antes. Las leyes universales y cósmicas no permiten tomar
atajos a aquellos que pretenden ignorar su funcionamiento. Como
las teclas de un piano, hay un orden establecido que todo iniciado
debe seguir para lograr la ascensión de cada plano y dimensión
de conciencia.
La quinta dimensión trata del plano causal y de las leyes
de la creación o causa y efecto. No podemos crear con facilidad
nuestra propia realidad y una realidad de paz amorosa y armonía
sin descubrirla primero dentro de nosotros mismos. Poseer el poder
y la habilidad de crear a voluntad es un peligro, y a la vez un
honor. Es un poder que se gana a través de nuestra dedicación
al misterio de la vida del alma y del espíritu. Los misterios
del alma y del espíritu se enseñan y se aprenden a
través del Plano Astral.
Cuando podamos transmutar nuestros juicios sobre lo que es bueno
y lo que es malo, cuando entendamos que el velo de la ilusión
en la vida fue creado por milenios y que es simplemente una distracción
de la verdad interna, entonces podremos movernos a la quinta dimensión
de aprendizaje y habilidades.
Es cierto que como individuos y como planeta, tenemos acceso a las
frecuencias dimensionales de la quinta, sexta y séptima dimensión.
Esto siempre ha sido así, pero en esta era se ha vuelto más
fácil de percibir para la mayoría. Es verdad que existen
frecuencias dimensionales aún más puras que se hallan
después de éstas; es también cierto que para
experimentar tales frecuencias, debemos ser capaces de vibrar en
dichas frecuencias.
Podemos imaginarnos cosas portentosas y maravillosas. La imaginación
es una gran herramienta. La verdadera grandeza y revelación
viene a través de la experimentación de la verdad;
no de imaginárnosla.
El plano astral es nuestro primer paso a otros planos de existencia
y conciencia. Podemos usarlos ahora o después de la muerte
para explorar los mundos no visibles de majestad y belleza que es
encuentran dentro de cada alma. El plano astral resuena con nuestras
frecuencias de tercera y cuarta dimensión. Es nuestra escalera
para ver la ilusión y dejarla atrás. Es, en esencia,
el intermediario necesario para trascender los planos de la forma
y entrar en los misterios de lo que no tiene forma.
Fuente:
www.AtheneRaefiel.com