1 - Presión psíquica (pensamientos,
deseos, fantasías): Antes de que un problema se
manifieste en el cuerpo como síntoma, se anuncia
en la mente como tema, idea, deseo o fantasía.
Cuanto más abierto y receptivo sea un individuo
a los impulsos del inconsciente y cuanto más dispuesto
está a dar expansión a estos impulsos tanto
más dinámica (y heterodoxa) será
la trayectoria vital del individuo.
2
- Trastornos funcionales: Pero si el individuo
desoye los impulsos y vive convencido de que «eso
no va con él», provoca la primera fase de
la escalada: uno empieza a tener un síntoma pequeño,
inofensivo, pero persistente. Con ello se ha realizado
un impulso, a pesar de que se pretendía evitar
su realización. Si esta realización no es
admitida voluntariamente, se producirá de todos
modos, a través de los síntomas. En este
punto se puede advertir la validez de la regla que dice
que todo impulso al que se niegue la integración
volverá a nosotros aparentemente desde fuera.
3
- Trastornos físicos agudos (inflamaciones,
heridas, pequeños accidentes): Después de
los trastornos funcionales, aparecen los síntomas
de inflamación aguda que pueden instalarse casi
en cualquier parte del cuerpo, según el problema.
Toda enfermedad inflamatoria es una clara incitación
a comprender algo y pretende hacer visible un conflicto
ignorado.
4
- Afecciones crónicas: Si no lo consigue
las inflamaciones agudas adquieren carácter crónico.
5
- Procesos incurables, alteraciones orgánicas,
cáncer: El que desoye la incitación
a cambiar, se carga con un acompañante inoportuno
decidido a no abandonarle en mucho tiempo. Los procesos
crónicos suelen acarrear alteraciones irreversibles
calificadas de enfermedades incurables.
6
- Muerte (por enfermedad o accidente): Este proceso,
más tarde o más temprano, conduce a la muerte.
Pero la muerte no puede considerarse la última
fase de la escalada. El mensaje de la muerte siempre es
el mismo: ¡Libérate!
7
- Defectos o trastornos congénitos (karma):
Con el último paso de la escalada, el de los defectos
o trastornos congénitos, se cierra el círculo.
Porque todo lo que el individuo no haya comprendido antes
de su muerte, será un problema que gravará
su conciencia en la siguiente encarnación
La
doctrina de la reencarnación puede ser la explicación.
Bastará comprender que el ser humano viene al mundo
con un cuerpo nuevo pero con una conciencia vieja. El conocimiento
que trae es fruto del aprendizaje realizado. El ser humano
trae también sus problemas específicos y utiliza
el entorno para plantearlos y dirimirlos. El problema no se
produce bruscamente en esta vida sino que sólo se manifiesta.
los niños suelen tener un mejor contacto con el inconsciente
y, por lo tanto, poseen el valor de realizar espontáneamente
los impulsos, siempre que «las personas mayores que
saben lo que les conviene» se lo permitan. Con la edad
suele aumentar la separación respecto al inconsciente
y también la petrificación en las propias normas
y mentiras, con lo cual aumenta también la vulnerabilidad
a los síntomas de enfermedad.
Las escalas de la enfermedad deben entenderse como un mandato
que se hace progresivamente más perentorio. No hay
grandes enfermedades ni accidentes que se produzcan brusca
e inopinadamente, como un chaparrón con cielo azul;
sólo hay personas que se empeñan en aferrarse
al cielo azul. Quien no se engaña no sufre desengaños.