
SANAR ES INTEGRAR
Introducción
I - ¿Curar o Sanar?
II - Kabaláh y Sanación
III - El Vacío y La Fragmentación
IV - Sanación
V - El Terapeuta
VI - El Árbol De La Vida
VII - Moisés y La Serpiente De Bronce
VIII - Niveles De Sanación
IX - Sanación A Distancia
X - Prácticas De
Sanación
INTRODUCCIÓN
Para
considerarse una persona sana, se debe tener en cuenta que el cuerpo,
el alma y espíritu deben ser una unidad. El término
enfermo proviene del latín “infirmus”, que significa
falta de firmeza, esto se podría interpretar como la fragmentación
de dicha unidad. La sanación representa la toma de conciencia,
por parte del enfermo. Cuando deja de resistirse al síntoma,
lo acepta para quitarle relevancia y comprende su mensaje para volver
a la armonía.
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I
- ¿CURAR O SANAR?
Existe
una diferencia entre sanar y curar, el kabalista dice “El
medico cura pero la naturaleza sana”
Esto se explica si nos remitimos a la palabra hebrea que significa
curar, rapó, que se escribe con la letra pei, de pronunciación
fuerte, ya que la curación en si es agresiva.
La curación se lleva a cabo a nivel del cuerpo físico
por métodos materialistas empleados por el medico, el enfermo
solo confía en que lo de afuera pueda curar su cuerpo, llegando
a temerle a la enfermedad y de esta manera se aleja del mensaje
que su alma le comunica en su dolencia.
La curación es el esfuerzo que viene desde el exterior, que
se realiza por medio de la ciencia para intentar modificar lo que
le sucede a nuestro cuerpo, mientras que la sanación actúa
desde nuestro interior mediante el esfuerzo por entender el mensaje
y buscar una nueva conciencia.
¿Cómo se dice sanar en hebreo?, la palabra sanar es
rofé, que también lleva una letra fei, con la pronunciación
de la F mas suave, porque la sanación responde a las leyes
universales, es Dios el que sana.
“Nunca se radicara la enfermedad con un método que
es solo agresivo y materialista, por la sencilla razón que
la enfermedad no es material en su origen”
La armonía entre el cuerpo y el alma erradican las causas
de la enfermedad y luego la curación física completa
la tarea.
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II
- KABALÁH Y SANACIÓN
Existen
pocos escritos que expliquen la sanación desde la Kabaláh,
ya que esta enseñanza fue un secreto celosamente custodiado
durante mucho tiempo por los maestros y solo era trasmitida oralmente
a sus discípulos.
El ser humano cambia de actitud ante una enfermedad si tiene en
cuenta los conceptos de destino y reencarnación.
El destino es el resultado del proceso de aprendizaje recorrido
hasta ese momento , y la reencarnación es el resultado de
una rueda que gira incesantemente.
Todo lo que nace muere y todo lo que muere vuelve a nacer, por lo
tanto la enfermedad es solo un llamado de atención para avanzar
por el camino correcto.
Nuestra equivocación con respecto a la enfermedad es que
la reprimimos, tememos a ella y a la muerte física. Pocos
piensan en la enfermedad como un medio para trascender y llegar
a la realización.
El
kabalista dice que el ser humano nace incompleto y para completarse
debe encontrar y recibir a su alma, o conciencia mística,
en su vida y así cumplir su verdadero destino en este mundo.
La enfermedad y la sanación son puertas necesarias para lograr
esa misión.
La Kabaláh nos enseña que la Creación la ha
comenzado Dios y que es tarea del ser humano continuarla. Cada ser
es un ser infinito que no esta limitado por el tiempo y el espacio.
El cuerpo físico es también el medio para trascender
nuestros estados inferiores de conciencia por lo tanto lo necesitamos
sano y completo.
Analizando los síntomas, podremos encontrar su sentido, descubriendo
el mensaje de nuestra alma.
Cuando aparece el síntoma en el cuerpo, los kabalistas pueden
a través de la elevación de la conciencia lograr el
tikún, es decir la reparación y la restauración
armónica de la existencia.
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III
- EL VACÍO Y LA FRAGMENTACIÓN
Desde
el punto de vista de la Kabaláh, el vacío, jalal panui
y la fragmentación, shebirat aqueilim, son las causas de
las enfermedades que padece el ser humano.
Si tenemos en cuenta que el razonamiento humano tiene demasiado
presente la división objeto-sujeto, afuera-adentro, separando
también el alma del cuerpo y el espíritu del alma,
fragmentamos nuestra existencia en este mundo donde se desenvuelve
nuestro cuerpo físico con respecto a la unidad con el todo,
con la energía universal, creando así un vacío
en nuestra vida desde donde nuestra alma clama ser escuchada. Precisamente
ahí, cuando nuestra alma no es escuchada, es donde se produce
la enfermedad.
La luz como energía vital universal, or ein sof, es toda
Luz, pero el ser humano en su conciencia de polaridad la divide
en luz y en sombra.
El ego es el que se encarga de relegar a nivel de inconciencia nuestras
sombras, klipot para la Kabaláh, pero si nosotros logramos
ver la ilusión que nos aparta de la unidad esencial, trascendemos
los mundos o estados de conciencia. Esto significa desde la Kabaláh
recorrer nuestro propio Árbol de la Vida.
La ausencia de conexión de la personalidad con el alma produce
un vacío que el ego, al no comprenderlo, se aferra con todas
sus fuerzas a el, siendo incapaz de actuar de acuerdo a las intenciones
del alma. Pero si la fragmentación y el vacío son
las causas de la enfermedad en el ser humano, entonces también
allí tiene que estar el remedio, tekuná, para la sanación.
Cuando permitimos que nuestra conciencia se abra, mediante la comprensión
de nuestro destino, en ese espacio vacío de ego hacemos uso
de nuestro libre albedrío y rompemos las estructuras de nuestra
mente. Esto permite que el kev, la línea de luz proveniente
del infinito, llegue a nuestra alma y nuestra conciencia se expanda
y humildemente tengamos una existencia armoniosa con la creación.
La polaridad se puede considerar como una puerta que tiene escrito
de un lado la palabra entrada, y del otro lado la palabra salida.
Pero siempre es la misma puerta, según el lado por el que
nos acerquemos a ella, vemos uno u otro de sus aspectos.
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IV - SANACIÓN
Significa
redención, completarse, iluminarse. Es un poder interior,
que activado desde exterior, surge del propio enfermo sin ser un
poder impuesto.
El enfermarse es una oportunidad de retomar el verdadero camino,
es una guía que nos advierte que nos estamos desviando. Los
síntomas son lo obvio de la enfermedad, pero no siempre son
tomados como tal, no sabemos interpretar su mensaje. La sanación
completaría el círculo, es completar la obra y terminar
con el sufrimiento.
Nuestra alma se “viste” con nuestro cuerpo físico
para recorrer los niveles de conciencia (Néfesh, Rúaj,
Neshamáh y Jáiah) y aspira a la unidad total, ella
necesita que su voz sea escuchada para así cumplir su misión
en este mundo.
El cuerpo es sólo un reflejo de los estados de conciencia,
por lo tanto la enfermedad no debe ser combatida sino transmutada
por medio de la comprensión.
Cuanto dolor en el mundo se hubiera evitado si se hubiesen seguido
las enseñanzas de los grandes maestros, en cuanto a esta
verdad.
Hasta que el último hombre sea sanado, la humanidad no será
redimida para integrar nuevamente el Adám kadmón (el
hombre primordial). Y esto depende de que el hombre tome conciencia
y descubra las leyes inalterables del universo, adaptándose
con humildad y obedeciendo estas leyes para traer paz entre su alma
y su ser.
Somos parte del adentro y del afuera, somos esa célula que
pertenece a la creación universal, somos necesarios como
cada célula de nuestro cuerpo físico. Por esto nuestra
sanación es tan importante como cada una de la de nuestros
semejantes.
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V
- EL TERAPEUTA
El
terapeuta espiritual kabalista es una antena que conecta con mundos
superiores, siendo él sólo un canal, por lo tanto
no todo depende de él.
Cuando abre un portal desde el mundo de la acción, assiáh,
está poniendo en marcha esa antena y se limita a conducir
la energía necesaria para despertar su sanador interior y
ayudar a despertar al sanador interior del otro ser.
El terapeuta ayuda a los que sufren a reconocer las leyes inalterables
de nuestro universo, indicándole los medios por los cuales
podría conseguir la armonía, inspirándole fe
en su divinidad, pues la fe todo lo vence.
Toda sanación comienza por uno mismo, si yo no me amo, no
me acepto y no me reconozco como chispa divina, no puedo amar, respetar
ni reconocer a Dios en el otro.
Cuando tenemos el impulso de ayudar a alguien, empleamos el intelecto,
la mente, los sentidos y la materia para realizarlo. Cada pensamiento
unificado con el Todo hace que nuestro ser se haga flexible, para
que la luz de nuestra conciencia se abra y se expanda, conectándose
con la conciencia amplia y perfecta, sin límites y libre.
La meditación es fundamental, ella nos da la paz y la calma
necesarias para trascender nuestras barreras de sombras que el ego
tan hábilmente construyó.
Un gran maestro, Alexandre Zafran, decía: “El hombre
se diviniza en Dios, y Dios se humaniza en el hombre”. El
terapeuta tiene como tarea posibilitar que Dios venga hacia nosotros,
ofreciendo su deseo al universo, conectándose con él.
Siendo éste un deseo de sanar a otro.
Su tarea es la de abrir los ojos al que padece, iluminar la razón
de su existencia, darle esperanza y consuelo para poder trascender
su enfermedad.
Nunca se debe juzgar, si la sanación no se produce. Aceptamos
con amor y comprensión el hecho, ya que seguramente hay razones
muy poderosas, que no conocemos para que ello suceda. Si una sanación
se produce, no nos atribuimos el hecho, sólo agradecemos
el haber servido al Universo.
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VI
- EL ÁRBOL DE LA VIDA
El
Árbol de la Vida representa, para el kabalista, un perfecto
mapa, cuyo recorrido nos lleva a nuestro centro, al equilibrio entre
lo blando y lo rígido, desatando los nudos del alma para
que la Luz descienda a la conciencia.
Dicho Árbol está compuesto por diez esferas o Sefirot
que poseen un poder cuya comprensión nos lleva a la sanación.
Son representaciones de estados de conciencia del alma.
Ellas son:
1)
Keter - (Voluntad Divina)
2) Jojmáh - (Sabiduría)
3) Bináh - (Entendimiento)
4) Jésed - (Amor)
5) Guevuráh - (Límite)
6) Tiféret - (Armonía)
7) Nétzaj - (Triunfo)
8) Hod - (Gloria)
9) Iesod - (Impulso)
10) Máljut - (Realidad)
Si
Máljut, la décima esfera, que representa al cuerpo
físico, sufre, en Iesód está el impulso del
deseo de ser sanado, y en Hod, que tiene una energía de búsqueda,
reconozco que mi alma me está diciendo algo.
En Nétzaj comienzo a confiar en que puedo desarrollar la
suficiente fe para conectarme y aceptar mis sombras, recuperar la
alegría y triunfar sobre mí mismo.
En Tiféret, mi deseo de ser sanado comienza a tomar forma
y puedo contactar con la Luz, que como seres divinos está
en nuestro centro.
En la voluntad que encuentro en Guevuráh, tengo la fuerza
para seguir, y los límites para que mi ego no oprima mi alma
y pueda conectarme con Jésed, donde el Amor Divino se manifiesta,
y desde donde nuestra Sublime Entrega se realiza para poder así
crear el espacio y recibir la luz de la sanación a través
de la comprensión.
Luego nos conectamos con Bináh, el útero, donde elegimos
nacer a la nueva conciencia para recibir la sabiduría de
Jojmáh, y la fe manifestada, con el anhelo de unidad con
el Padre y así, llegar a Keter entregando nuestra voluntad
a la voluntad del Uno y ver que toda entrega es comprensión
y que para fluir con el Universo es necesario morir a la conciencia
de separatividad. Aquí podemos decir que nuestro deseo de
sanar fue iluminado.
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VII
- MOISÉS Y LA SERPIENTE DE BRONCE
“Entonces
el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras,
que mordieron a la gente y así murieron muchos israelitas.
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos
pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante
del Señor para que aleje de nosotros esas serpientes”.
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor
la dijo: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala
sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedara
curado”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso
sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba
hacia la serpiente de bronce y quedaba curado”. (Números.
C. 21 V. 6 al 9).
El significado de la serpiente de bronce esta relacionado con el
miedo a la locura. En este capitulo bíblico se menciona a
la serpiente como “abrasadora” porque con su mordida
producía fiebre e inflamación.
La visión “normal” de la realidad, muchas veces
no corresponde a las necesidades del alma y nuestro ser fragmentado
sufre. Cuando la enfermedad aparece, cuando los síntomas
están en el cuerpo, se activa el miedo, el miedo a la muerte
, a la locura (la serpiente de bronce), la ira y la bronca (fiebre
e inflamación).
Si nos sumimos en el miedo, vamos hacia el vacío, donde todo
es oscuridad y el ego comienza a fabricar razones para comprender
la enfermedad, razones que precisamente no tienen la esencia de
la Luz Divina.
En la sanación a distancia podemos ayudar dado que en el
nivel de conciencia espiritual no hay mentiras, el alma reconoce
y acepta la verdad. Nos contactamos con ese vacío y lo elevamos
a la luz como hizo Moisés con la serpiente de bronce, para
que la persona por medio de su propia voluntad contemple sus sombras
y trascienda sus miedos y active así su propia sanación.
Aquí es cuando dos almas se unen, una para asistir y la otra
con el ansia y la voluntad de ser asistida.
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VIII
- NIVELES DE SANACIÓN
En
la Kabaláh se interpretan 6 niveles de sanación. Estos
son los siguientes:
1º
nivel: Es el empleado por el médico, es el primer
nivel de conciencia del alma (néfesh, conciencia física
y material).
2º nivel: Es el nivel emotivo del alma (rúaj),
se trabaja sobre las emociones, con el poder de la imaginación.
3º nivel: Se relaciona con la habilidad
del alma para percibir la presencia de Dios en el mundo (neshamáh)
y sentir el aliento de vida divino entrando en el ser.
4º nivel: Es el nivel más elevado
del alma para percibir la presencia divina (jaiáh).
5º nivel: El nivel de la fe (iejidáh).
6º nivel: Le corresponde a Dios.
Estos
niveles son las distintas etapas que recorre el alma, para sanarse
y unirse al espíritu.
El
primer nivel corresponde a una sanación presencial, A partir
del segundo nivel se puede comenzar a trabajar en una sanación
a distancia. En el tercer nivel se efectúa la sanación
a través de los nombres de Dios, amuletos, piedras, colores,
aromas y las coaj, palabras usadas por los Kabalistas que tienen
una gran fuerza para llevar a cabo la intención a la cual
son aplicadas. En el cuarto nivel se encuentra la autoanulación
(el bitúl aiésh, olvido del yo) para hacerse uno con
el enfermo. En el quinto nivel la fe activa la sanación.
El sexto nivel corresponde exclusivamente a los milagros.
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IX
- SANACIÓN A DISTANCIA
La
distancia es inmaterial en la sanación, los vínculos
se establecen en los planos superiores de conciencia.
Se pueden realizar sanaciones a distancia obteniendo los mismos
resultados que si el enfermo esta presente, ya que la sanación
se produce a través del vínculo con la fuente de toda
sanación, Dios.
En esta practica es imprescindible lograr el equilibrio interior,
la ecuanimidad y desde ahí conectarnos con el propósito
de ayudar a otro, renunciando a la necesidad de expectativas personales
o el dominio de la situación.
Por medio de la respiración y tratando de escuchar los latidos
de nuestro corazón podemos llegar a una concentración
profunda y conectarnos con nuestro centro.
Por ejemplo, los Kabalistas visualizan el Árbol de la Vida
concentrándose en Tiféret, sexta esfera y centro del
Árbol, allí se combinan las energías del espíritu
con las energías terrenales. El Kev, rayo de Luz que proviene
de Kéter, desciende cuando nuestra alma observa con los ojos
del corazón, con humildad y sin juzgar, y se forma el Ruaj
Akodesh, (espíritu santo), aquí somos asistidos por
el arcángel Rafael y por nuestros guías espirituales.
También podemos conectarnos con el aura de la persona. El
aura es energía y contiene la información de la conciencia,
visualizando su imagen podemos preguntarle si acepta la ayuda que
deseamos enviarle ya que trabajaremos juntos para lograr un resultado.
Podemos formular la siguiente pregunta a su alma, ¿qué
hace falta para que tu sanador interior actúe por si mismo?
Concentrándonos en dar siempre al alma de la persona la posibilidad
de tomar el control de su existencia en este plano, pensamos solo
en el amor, para equilibrar la armonía en ese ser.
Si obtenemos, a nivel energético, la respuesta negativa a
nuestro deseo de ser canal, o no obtenemos respuesta alguna, nos
retiramos enviando luz a su alma, ya que sin su permiso violaríamos
su libre albedrío.
Debemos tener en cuenta que el camino que transitamos al hacer sanación
es de una gran fuerza, que al ser mal usada puede causar mucho daño.
El terapeuta se abandona con total fe a Dios, pues Él es
quien sabe, no importa lo que perciba, recordará en todo
momento que solo es un puente, ayuda a quitar el obstáculo
, para que Dios llegue y toque la herida sanándola.
Si no percibimos la paz y el equilibrio interior dentro de nosotros
no es conveniente abocarse a ninguna sanación, ya que no
podemos dar aquello que carecemos.
Por medio de la meditación logramos conectarnos con la energía
universal llevándola a nuestro centro experimentando una
sensación de alegría, levedad, éxtasis y entrega
total al amor, sintiendo que somos parte de todo lo que existe en
este mundo y fuera de el.
Cerramos nuestros ojos físicos para realzar la percepción
de nuestro ojo interior.
Repetimos una coaj, o uno de los nombres de Dios, para fundirnos
con la melodía del Universo.
Aquí las dos almas unidas pueden elevarse por los mundos
o estados de conciencia.
“Es ir desde la oscuridad de la conciencia hacia la Luz, la
iluminación y la claridad espiritual”.
Para esto hace falta, lo que en la Kabaláh seria iad jazadka,
que significa mano fuerte ya que con mano fuerte Dios nos rescata
de la esclavitud de la conciencia.
La meditación creativa nos lleva a la visualización
que es un medio poderoso para conectar los niveles de conciencia
y lograr cambios en el cuerpo físico.
Toda sanación es despertar el poder interior sanador que
cada uno de nosotros tenemos por derecho divino.
En definitiva la única persona que cura una enfermedad es
quien la padece.
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X
- PRÁCTICAS DE SANACIÓN
Para
comenzar una práctica de sanación es importante acondicionar
un lugar, puede ser
el mismo en el que diariamente meditamos. Podemos colocar una vela
blanca, sahumerios de mirra e incienso para purificar la energía,
un recipiente con agua, formar un mandala con piedras especiales,
formar un circulo o un triangulo para ubicarnos en su centro.
El ayuno es importante, para que el cuerpo esté en las mejores
condiciones, y se debe usar ropa cómoda.
Luego de ocupar nuestro sitio, relajamos el cuerpo por medio de
la respiración y aquietamos nuestras emociones.
Nos concentramos en la intención, aquí unificamos
los mundos abriendo la conciencia para que fluya la Energía
Vital Universal, or.
Pedimos al arcángel Rafael que nos asista e invocamos a nuestro
guía espiritual, para luego pronunciar el nombre de Dios
elegido.
Cuando estamos preparados, nos conectamos con la energía
de la persona (puede ser a través de su nombre o de su imagen),
si acepta nuestra ayuda, y logramos la empatía con su alma
comenzamos la sanación, guiándonos, por ejemplo, por
las sensaciones que captamos por medio de la intuición.
Podemos hacer aquí una práctica muy linda que sería
como una bendición, entonamos la formula kabalística
“alá gazél gabél”, que significa
“que Dios haga descender la lluvia sobre la montaña”.
La lluvia sería la luz purificadora, la montaña somos
nosotros, por lo tanto lo que pedimos es que Dios haga descender
la luz sobre nosotros.
Podemos visualizar luz violeta, este color resulta de la mezcla
del azul oscuro (que corresponde al conocimiento y la conciencia)
y del rojo vivo (que es la actividad).
O sea que el color violeta ayuda a la persona en el reconocimiento
de la actividad de la conciencia infinita en cada uno de nosotros.
Cuando sentimos que la tarea está cumplida, amorosamente
despedimos a esta alma compañera, agradecemos a Dios y entregamos
a su divina voluntad la sanación.
Con esto realizamos la purificación mental y cortamos influencias
dejando correr el agua sobre nuestras manos. Otro corte se realiza
colocando, extendidos, los dedos índice y mayor de la mano
derecha sobre los mismos de la mano izquierda concentrándonos
en la palabra akutá.
Frente a frente se encuentran dos almas. Una con el deseo de recibir,
la otra con el deseo de dar, pero todo es un ida y vuelta, el que
recibe da y el que da recibe, compartiendo el infinito caudal de
energía universal que posee todo ser humano en su relación
de destino.
SI TODOS SOMOS UNO, SANAR A OTRO ES SANARSE A SI MISMO
Bibliografía
Material
de estudios Hinéni (Ione Szalay).
“Enfermar también es sanar” – Ione Szalay
– Ed. Kier – Bs As. 2000.
“El libro del pueblo de Dios” – Ed. San Pablo
– Madrid – 2000.
Fuente:
Albina Mosdín – Beriáh
Monografía – Septiembre 2002
Monografía de Kabaláh
Portal Hinéni
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