Lenguaje
de los síntomas
Por
medio de la digestión, procesamos elementos materiales de este
mundo. La digestión abarca, pues:
-
Captación del mundo exterior en forma de elementos materiales.
-
Diferenciación entre lo asimilable y lo no asimilable.
-
Asimilación de las sustancias asimilables.
-
Expulsión de lo no digerible.
Por los alimentos y comidas que prefiere cada cual, pueden descubrirse
muchas cosas (dime lo
que comes y te diré quién eres). Si a una persona le
apetece algo determinado, ello expresa una preferencia y nos da un
indicio sobre la personalidad del individuo. Cuando algo «no
le apetece», esta aversión es tan reveladora como una
respuesta a un test psicológico. El hambre se mueve por el
afán de posesión, deseo de absorción, por una
cierta codicia. Comer es satisfacer el deseo por medio de la ingestión,
integración y asimilación.
El que tiene hambre de cariño y no puede saciarla, manifiesta
este afán en el aspecto corporal en forma de hambre de golosinas.
El hambre de golosinas siempre expresa un hambre de cariño
no saciada. El amor y lo dulce tienen una estrecha relación.
El deseo de golosinas en los niños es claro indicio de que
no se sienten lo bastante amados. Los padres suelen protestar de semejante
imputación diciendo que ellos «harían cualquier
cosa por su hijo». Pero «hacer cualquier cosa» no
es forzosamente lo mismo que «amar». El que come caramelos
anhela amor y seguridad. También hay padres que atiborran de
golosinas a sus hijos, con lo que indican que no están dispuestos
a ofrecer amor a sus hijos, por lo que tratan de compensarles de otro
modo.
Las personas que realizan un trabajo intelectual y tienen que pensar
mucho muestran preferencia por los alimentos salados y los platos
fuertes. Los muy conservadores tienen predilección por los
alimentos en conserva, especialmente los ahumados y el té cargado
que beben sin azúcar.
Los que gustan de comidas picantes denotan deseo de nuevas emociones.
Son personas amantes de los desafíos, a pesar de que pueden
ser indigestos, diametralmente opuestas a las que sólo comen
cosas suaves: nada de sal ni especias. Estas personas rehuyen todo
lo que sea novedad. Se desentienden de los retos y temen todo enfrentamiento.
Un temor exagerado a las espinas simboliza el miedo a las agresiones.
La preocupación por los huesos, miedo a los problemas —no
se quiere llegar al meollo de la cuestión—. Pero también
existe el grupo contrario: los macrobióticos. Estas personas
van en busca de problemas a los que hincar el diente. Quieren desentrañar
las cosas y prefieren los alimentos duros. Llegan hasta evitar los
aspectos placenteros: a la hora del postre, eligen algo duro de roer.
Los macrobióticos denotan así cierto miedo al amor y
la ternura y su incapacidad para aceptar el amor.
Los
dientes
Con los dientes mordemos y masticamos. Morder es un acto muy agresivo,
expresión de la capacidad de agarrar, sujetar y atacar. Una
mala dentadura es indicio de que una persona tiene dificultad para
manifestar su agresividad.
En todas las culturas socialmente desarrolladas de nuestra época,
la agresividad se ha convertido en un grave problema. Se exige al
ciudadano «adaptación social», lo que en realidad
quiere decir: «represión de la agresividad». Esta
agresividad reprimida, vuelve a salir a la luz del día en forma
de «enfermedades»
La agresividad reprimida sólo sirve para alimentar la sombra
con la que habrá que lidiar después, cuando se presente
bajo la forma pervertida de la enfermedad.
Como dijimos los dientes representan agresividad y capacidad de dominio,
nos indican nuestra vitalidad.
Hay personas que hacen rechinar los dientes mientras duermen, algunas
con tanta fuerza que hay que ponerles un aparato en la boca para que
no se los desgasten de tanto rechinar. El rechinar de dientes es sinónimo
reconocido de agresividad impotente. El que durante el día
no puede ceder al deseo de morder, tiene que rechinar los dientes
por la noche hasta desgastarlos y dejarlos romos...
El que tiene mala dentadura carece de vitalidad, de la capacidad de
hincarle el diente a un problema, todo le resultará duro de
roer. Las prótesis, permiten simular una vitalidad y una energía
de las que el individuo carece.
Las encías son la base de los dientes, su lecho. Las encías
representan también la base de la vitalidad y agresividad,
confianza y seguridad en sí mismo. La persona que carece de
esta confianza y seguridad nunca conseguirá afrontar sus problemas
de forma activa y vital, nunca tendrá valor para cascar las
nueces duras ni militar activamente, las encías sensibles que
sangran con facilidad no sirven para ello. La sangre es símbolo
de vida, y la encía sangrante nos indica cómo, a la
menor contrariedad, se le va la vida a la confianza y a la seguridad
en sí mismo.
Tragar
Con el acto de tragar integramos, admitimos: tragar es incorporar.
Hay numerosos trastornos de la deglución, por ejemplo, el nudo
en la garganta, o unas anginas, que producen la sensación de
no poder tragar. En estos casos, el afectado debe preguntarse: ¿Qué
hay actualmente en mi vida que yo no pueda o no quiera tragar?
Náuseas
y vómitos
Una vez hemos tragado el alimento, éste puede resultar indigesto,
como si tuviéramos una piedra en el estómago. Ahora
bien, la piedra, al igual que el carozo de la fruta, es símbolo
de problema. Todos sabemos cómo puede bloquearnos el estómago
y quitarnos el apetito un problema. El apetito depende en gran medida
de la situación psíquica. Hay multitud de expresiones
que señalan esta analogía entre los procesos psíquicos
y somáticos: Eso me ha quitado el apetito, o: Sólo de
pensarlo me da mareo. O también: Nada más verlo se me
revuelve el estómago. El mareo señala rechazo de algo
que, por lo tanto, se nos sienta en la boca del estómago. Ello
no ocurre sólo en el plano físico sino que una persona
también puede tratar de embutir en su mente demasiadas cosas
a la vez y provocarse una indigestión.
La náusea culmina en el vómito del alimento. El individuo
se libra de las cosas e impresiones que rechaza, que no quiere asimilar.
El vómito es una expresión categórica de defensa
y repudio. Vomitar es «no aceptar». Esta relación
se expresa claramente en los vómitos del embarazo. Aquí
se expresa el rechazo inconsciente de la criatura o del semen que
la mujer no quiere «incorporar». Siguiendo el razonamiento,
los vómitos del embarazo también pueden expresar un
rechazo de la función femenina (la maternidad).
El
estómago
El lugar al que a continuación llega el alimento es el estómago,
él recibe todas las impresiones que vienen del exterior, lo
que hay que digerir. La capacidad de recibir exige apertura, pasividad
y capacidad de entrega. En virtud de estas propiedades, el estómago
representa el principio femenino engloba la capacidad de aceptación,
la abnegación, la sensibilidad y la facultad de recibir y guardar.
En el terreno psíquico es la sensibilidad, el mundo de la percepción.
Si un individuo reprime en la mente la capacidad de sentir, esta función
pasa al cuerpo, y el estómago, además de los alimentos,
tiene que admitir y digerir los sentimientos, sentimos un peso en
el estómago que más tarde o más temprano se manifestará
como adiposidad.
Otra función es la producción de ácidos. Los
ácidos atacan, corroen, descomponen: son inequívocamente
agresivos. Una persona que sufre un disgusto dirá: Estoy amargado.
Si la persona no consigue vencer este furor conscientemente o transmutarlo
en agresión y se traga el mal humor, o traga bilis, su agresividad
y su amargura se somatizan en ácidos estomacales, por eso no
es conveniente tragarse el mal humor ni obligar al estómago
a digerirlo.
El enfermo del estómago, que carece de la capacidad de enfrentarse
conscientemente con su mal humor y su agresividad, para resolver de
modo responsable conflictos y problemas, él no exterioriza
su agresividad o demuestra una agresividad exagerada, pero ni un extremo
ni el otro le ayudan a resolver el problema realmente, ya que carece
de confianza y seguridad en sí mismo, sentimiento indispensable
para que el individuo resuelva su problema. El alimento mal masticado
es difícilmente tolerable por un estómago. El enfermo
del estómago es una persona que rehuye conflictos, la vida
tiene que estar exenta de desafíos.
La ingestión de medicamentos antiácidos suele provocar
eructos, con el consiguiente alivio, ya que eructar es una manifestación
agresiva hacia el exterior.
La actitud básica de proyectar los sentimientos y la agresividad
no hacia fuera sino hacia dentro, contra uno mismo provoca finalmente
la úlcera de estómago. El enfermo de estómago
tiene que aprender a tomar conciencia de sus sentimientos, afrontar
conscientemente los conflictos y digerir conscientemente las impresiones.
Además, el paciente de úlcera debe admitir y reconocer
sus deseos de dependencia infantil, de la protección materna
y el afán de ser querido y mimado, incluso y precisamente cuando
estos deseos estén bien disimulados tras una fachada de independencia,
autoridad y aplomo. También aquí el estómago
revela la verdad.
TRASTORNOS ESTOMACALES Y DIGESTIVOS
Las personas aquejadas
de trastornos estomacales y digestivos deben hacerse las preguntas
siguientes:
- ¿Qué es
lo que no puedo o no quiero tragar?
- ¿Me consumo interiormente?
- ¿Cómo llevo
mis sentimientos?
- ¿Qué me
amarga?
- ¿Cómo llevo
mi agresividad?
- ¿En qué
medida huyo de los conflictos?
- ¿Hay en mí
una añoranza reprimida de un paraíso infantil sin
conflictos en el que se me quería y mimaba sin que yo tuviera
que abrirme paso a mordiscos?