Publicado Boletín nº 9

Origen Energético de las Enfermedades
Basado en la teoría expresada en el libro La enfermedad como camino

 

Medicina Moderna vs. Medicina Alternativa
Vivimos en una época en la que la medicina continuamente ofrece al asombrado profano nuevas soluciones, que rayan en lo milagroso, pero, al mismo tiempo, se hacen más audibles las voces de desconfianza hacia esta casi omnipotente medicina moderna.
Es cada día mayor el número de los que confían más en los métodos, antiguos o modernos, de la medicina naturista o de la medicina homeopática,
La medicina moderna falla por su filosofía o, más exactamente, por su falta de filosofía y solo responde a criterios de funcionalidad y eficacia.

La Enfermedad
Enfermedad y salud son conceptos singulares, por cuanto que se refieren a un estado del ser humano y no a órganos o partes del cuerpo. El cuerpo nunca está enfermo ni sano ya que en él sólo se manifiestan las informaciones de la mente. El cuerpo de una persona viva debe su funcionamiento precisamente a dos instancias inmateriales que solemos llamar conciencia (alma) y vida (espíritu). La conciencia emite la información que se manifiesta y se hace visible en el cuerpo.
Cuando las distintas funciones corporales se conjugan de un modo determinado se produce un modelo que nos parece armonioso y por ello lo llamamos salud. Si una de las funciones se perturba, la armonía del conjunto se rompe y entonces hablamos de enfermedad.
Enfermedad significa, pues, la pérdida de una armonía o, también, el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado.
Ahora bien, la pérdida de armonía se produce en la conciencia, y en el cuerpo sólo se muestra.
Síntomas hay muchos, y estos se dan en el plano corporal, pero todos son expresión de un único e invariable proceso que llamamos enfermedad y que se produce siempre en la conciencia de una persona.

Los Síntomas
Cuando en el cuerpo de una persona se manifiesta un síntoma, éste (más o menos) llama la atención interrumpiendo, con frecuencia bruscamente, la continuidad de la vida diaria. Un síntoma es una señal que atrae atención, interés y energía y, por lo tanto, impide la vida normal. Un síntoma nos reclama atención, lo queramos o no. Para la Medicina Académica o Moderna un síntoma es un hecho más o menos fortuito cuya causa debe buscarse en los procesos funcionales y evita la interpretación del síntoma, y con ello, la señal pierde su auténtica función.
Lo que debemos eliminar no es el síntoma, sino la causa. Por consiguiente, si queremos descubrir qué es lo que nos señala el síntoma, tenemos que apartar la mirada de él y buscar más allá.
El síntoma nos informa de que algo falla y cuando el individuo comprende la diferencia entre enfermedad y síntoma, su actitud básica y su relación con la enfermedad se modifican rápidamente. Ya no considera el síntoma como su gran enemigo cuya destrucción debe ser su mayor objetivo sino que descubre en él a un aliado que puede ayudarle a encontrar lo que le falta y así vencer la enfermedad.
Nuestro mejor amigo nunca se atrevería a decirnos la verdad tan crudamente como nos la dicen siempre los síntomas. No es, pues, de extrañar que nosotros hayamos optado por olvidar el lenguaje de los síntomas. Y es que resulta más cómodo vivir engañados. Pero no por cerrar los ojos ni hacer oídos sordos conseguiremos que los síntomas desaparezcan. Ahora, si nos atrevemos a prestarles atención y establecer comunicación, serán guías infalibles en el camino de la verdadera curación.
Aquí está la diferencia entre combatir la enfermedad y transmutar la enfermedad. La curación se produce exclusivamente desde una enfermedad transmutada, nunca desde un síntoma derrotado, ya que la curación significa que el ser humano se hace más sano, más completo

Curación
La Medicina Académica o Moderna, se limita a adoptar medidas puramente funcionales que, como tales, no son ni buenas ni malas sino intervenciones viables en el plano corporal o material y en este plano puede ser, incluso, asombrosamente buena.
El camino evolutivo del individuo va de lo insano a lo sano, de la enfermedad a la salud. La enfermedad no es un obstáculo que se cruza en el camino, sino que la enfermedad en sí es el camino por el que el individuo va hacia la curación y esta se consigue incorporando lo que nos falta.
Nuestro propósito no es combatir la enfermedad, sino servirnos de ella; para conseguir esto tenemos que ampliar nuestro horizonte.
La enfermedad es algo más que un defecto funcional de la Naturaleza, es parte de un sistema de regulación muy amplio que está al servicio de la evolución.

La Medicina Académica o Moderna, cree que eliminando las causas podrá hacer imposible la enfermedad, sin contar con que la enfermedad es tan flexible que puede buscar y hallar nuevas causas para seguir manifestándose. La enfermedad tiene un propósito y una finalidad, cada síntoma tiene su significado y no hay excepciones, con su insistencia o su reaparición, nos indican que no hemos resuelto el problema con tanta rapidez y eficacia como nos gusta creer. La enfermedad siempre ataca al ser humano por su parte más vulnerable, especialmente cuando él cree tener el poder de cambiar el curso del mundo. Basta un dolor de muelas, una ciática, una gripe o una diarrea para convertir a un arrogante vencedor en un ser humilde y desamparado.
El ser humano tiene que aprender a oír y ver lo que la enfermedad viene a decirle, debe establecer comunicación con sus síntomas, si quiere enterarse de su mensaje, y asumir conscientemente lo que el síntoma trata de comunicarle por medio del cuerpo. La curación siempre está asociada a una ampliación del conocimiento y una maduración.


Reglas básicas para la interpretación de los síntomas

1ra. regla: La causalidad temporal de la sintomatología

Es importante y revelador el momento en el que se manifiesta el síntoma. El momento exacto en el que aparece un síntoma puede aportar información trascendental sobre la índole de los problemas que se manifiestan en el síntoma y no sólo hay que contemplar hechos externos sino también y ante todo examinar procesos internos

¿Qué pensamientos, temas y fantasías ocupaban al individuo cuando se presentó el síntoma?

¿Cuál era su estado de ánimo?

¿Se habían producido noticias o cambios trascendentales en su vida?

Con frecuencia, los hechos calificados de triviales e insignificantes resultan importantes, puesto que con el síntoma se manifiesta una zona reprimida, las cosas cotidianas, pequeñas e insignificantes suelen revelar las zonas conflictivas reprimidas.
Síntomas agudos como resfriado, mareo, diarrea, ardor de estómago, dolor de cabeza, heridas y similares, merecen la pena tratar de recordar lo que uno hacía, pensaba o imaginaba en aquel momento, y cuando uno se hace la pregunta, bueno será que considere la primera idea que le venga a la cabeza y no se precipite a desecharla por incongruente.
Ello requiere práctica y mucha sinceridad consigo mismo, el que se precie de conocerse bien y de saber inmediatamente lo que es válido y lo que no lo es, nunca podrá anotarse grandes éxitos en el campo del autoconocimiento, y el que, por el contrario, parte de la idea de que cualquier animal de la calle lo conoce mejor de lo que él se conoce, va por buen camino.


2da. regla: Analogía y simbolismo del síntoma

Analizar el momento de la aparición de un síntoma. Indagar en la situación personal, pensamientos, fantasías, sueños, acontecimientos y noticias que sitúan el síntoma en el tiempo.

Los síntomas se diferencian únicamente en la valoración subjetiva que su poseedor les atribuye.
Cuando examinamos síntomas corporales y los explicamos psicológicamente, nos dirigimos hacia un terreno hasta ahora inexplorado, sólo la reflexión nos hace conscientes, pero recuerde que todo propósito de modificar algo, produce el efecto contrario. El propósito de dormirse enseguida es el medio más seguro para permanecer despierto; olvidamos el propósito y el sueño viene solo. Es la calma del punto intermedio lo que permite que suceda algo nuevo. El que combate o persigue nunca alcanza su objetivo.
Ni las palabras, ni las cosas, ni los hechos pueden ser buenos o malos, positivos o negativos por sí mismos; la valoración se produce sólo en el observador, por consiguiente, es grande el peligro de incurrir en semejantes equívocos, ya que en los síntomas de las enfermedades se manifiestan todos los principios que son valorados muy negativamente, tanto por el individuo como por la sociedad, lo que impide que sean vividos y vistos conscientemente.


3ª. regla: Las consecuencias obligadas

Casi todos los síntomas nos obligan a cambios de conducta, por un lado, los síntomas nos impiden hacer las cosas que nos gustaría hacer y, por otro lado, nos obligan a hacer lo que no queremos hacer. Una gripe, por ejemplo, nos impide aceptar una invitación y nos obliga a quedarnos en la cama. Una fractura de una pierna nos impide hacer deporte y nos obliga a descansar. Si atribuimos a la enfermedad propósito y sentido, precisamente los cambios impuestos en la conducta nos permiten sacar buenas conclusiones acerca del propósito del síntoma. Un cambio de conducta obligado es una rectificación obligada y debe ser tomado en serio. Un síntoma no hace sino corregir desequilibrios: el hiperactivo es obligado a descansar, el superdinámico es inmovilizado, el comunicativo es silenciado. Tenemos que prestar atención a esta intimación, renunciar voluntariamente a lo que se nos quita y aceptar de buen grado lo que se nos impone. La enfermedad siempre es una crisis y toda crisis exige una evolución.


4ª. regla: Equivalencia de síntomas contradictorios

Dos preguntas:

¿Qué me impide este síntoma?

¿Qué me impone este síntoma?

Suelen revelar rápidamente el tema central de la enfermedad.

Un tema o un problema pueden manifestarse a través de diversos órganos y sistemas. No hay ley que obligue a un tema a elegir un síntoma determinado para realizarse. Esta flexibilidad en la elección de las formas determina el éxito o el fracaso en la lucha contra el síntoma. Desde luego, se puede combatir y prevenir un síntoma por medios funcionales, pero en tal caso el problema elegirá a otra forma de manifestación: es el llamado desplazamiento del síntoma. Por ejemplo, el problema del hombre sometido a tensión puede manifestarse tanto por hipertensión, hipertonía muscular, glaucoma, abscesos, etc., como por la tendencia a someter a tensión a los que le rodean. Si bien cada variante tiene una coloración especial, todos los síntomas expresan el mismo tema básico. Quien observe detenidamente el historial clínico de una persona desde este punto de vista, rápidamente hallará el hilo conductor que, generalmente, habrá pasado por alto al enfermo.

 

Mario Arolfo Rodrígüez

 

Bibliografía consultada

“LA ENFERMEDAD COMO CAMINO” de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke

“etc…….”

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