Medicina
Moderna vs. Medicina Alternativa
Vivimos en una época en la que la medicina continuamente ofrece
al asombrado profano nuevas soluciones, que rayan en lo milagroso,
pero, al mismo tiempo, se hacen más audibles las voces de desconfianza
hacia esta casi omnipotente medicina moderna.
Es cada día mayor el número de los que confían
más en los métodos, antiguos o modernos, de la medicina
naturista o de la medicina homeopática,
La medicina moderna falla por su filosofía o, más exactamente,
por su falta de filosofía y solo responde a criterios de funcionalidad
y eficacia.
La
Enfermedad
Enfermedad y salud son conceptos singulares, por cuanto que se refieren
a un estado del ser humano y no a órganos o partes del cuerpo.
El cuerpo nunca está enfermo ni sano ya que en él sólo
se manifiestan las informaciones de la mente. El cuerpo de una persona
viva debe su funcionamiento precisamente a dos instancias inmateriales
que solemos llamar conciencia (alma) y vida (espíritu). La
conciencia emite la información que se manifiesta y se hace
visible en el cuerpo.
Cuando las distintas funciones corporales se conjugan de un modo determinado
se produce un modelo que nos parece armonioso y por ello lo llamamos
salud. Si una de las funciones se perturba, la armonía del
conjunto se rompe y entonces hablamos de enfermedad.
Enfermedad significa, pues, la pérdida de una armonía
o, también, el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado.
Ahora bien, la pérdida de armonía se produce en la conciencia,
y en el cuerpo sólo se muestra.
Síntomas hay muchos, y estos se dan en el plano corporal, pero
todos son expresión de un único e invariable proceso
que llamamos enfermedad y que se produce siempre en la conciencia
de una persona.
Los
Síntomas
Cuando en el cuerpo de una persona se manifiesta un síntoma,
éste (más o menos) llama la atención interrumpiendo,
con frecuencia bruscamente, la continuidad de la vida diaria. Un síntoma
es una señal que atrae atención, interés y energía
y, por lo tanto, impide la vida normal. Un síntoma nos reclama
atención, lo queramos o no. Para la Medicina Académica
o Moderna un síntoma es un hecho más o menos fortuito
cuya causa debe buscarse en los procesos funcionales y evita la interpretación
del síntoma, y con ello, la señal pierde su auténtica
función.
Lo que debemos eliminar no es el síntoma, sino la causa. Por
consiguiente, si queremos descubrir qué es lo que nos señala
el síntoma, tenemos que apartar la mirada de él y buscar
más allá.
El síntoma nos informa de que algo falla y cuando el individuo
comprende la diferencia entre enfermedad y síntoma, su actitud
básica y su relación con la enfermedad se modifican
rápidamente. Ya no considera el síntoma como su gran
enemigo cuya destrucción debe ser su mayor objetivo sino que
descubre en él a un aliado que puede ayudarle a encontrar lo
que le falta y así vencer la enfermedad.
Nuestro mejor amigo nunca se atrevería a decirnos la verdad
tan crudamente como nos la dicen siempre los síntomas. No es,
pues, de extrañar que nosotros hayamos optado por olvidar el
lenguaje de los síntomas. Y es que resulta más cómodo
vivir engañados. Pero no por cerrar los ojos ni hacer oídos
sordos conseguiremos que los síntomas desaparezcan. Ahora,
si nos atrevemos a prestarles atención y establecer comunicación,
serán guías infalibles en el camino de la verdadera
curación.
Aquí está la diferencia entre combatir la enfermedad
y transmutar la enfermedad. La curación se produce exclusivamente
desde una enfermedad transmutada, nunca desde un síntoma derrotado,
ya que la curación significa que el ser humano se hace más
sano, más completo
Curación
La Medicina Académica o Moderna, se limita a adoptar medidas
puramente funcionales que, como tales, no son ni buenas ni malas sino
intervenciones viables en el plano corporal o material y en este plano
puede ser, incluso, asombrosamente buena.
El camino evolutivo del individuo va de lo insano a lo sano, de la
enfermedad a la salud. La enfermedad no es un obstáculo que
se cruza en el camino, sino que la enfermedad en sí es el camino
por el que el individuo va hacia la curación y esta se consigue
incorporando lo que nos falta.
Nuestro propósito no es combatir la enfermedad, sino servirnos
de ella; para conseguir esto tenemos que ampliar nuestro horizonte.
La enfermedad es algo más que un defecto funcional de la Naturaleza,
es parte de un sistema de regulación muy amplio que está
al servicio de la evolución.
La
Medicina Académica o Moderna, cree que eliminando las causas
podrá hacer imposible la enfermedad, sin contar con que la
enfermedad es tan flexible que puede buscar y hallar nuevas causas
para seguir manifestándose. La enfermedad tiene un propósito
y una finalidad, cada síntoma tiene su significado y no hay
excepciones, con su insistencia o su reaparición, nos indican
que no hemos resuelto el problema con tanta rapidez y eficacia como
nos gusta creer. La enfermedad siempre ataca al ser humano por su
parte más vulnerable, especialmente cuando él cree tener
el poder de cambiar el curso del mundo. Basta un dolor de muelas,
una ciática, una gripe o una diarrea para convertir a un arrogante
vencedor en un ser humilde y desamparado.
El ser humano tiene que aprender a oír y ver lo que la enfermedad
viene a decirle, debe establecer comunicación con sus síntomas,
si quiere enterarse de su mensaje, y asumir conscientemente lo que
el síntoma trata de comunicarle por medio del cuerpo. La curación
siempre está asociada a una ampliación del conocimiento
y una maduración.
Reglas básicas para la interpretación de los
síntomas
1ra.
regla: La causalidad temporal de la sintomatología
Es
importante y revelador el momento en el que se manifiesta el síntoma.
El momento exacto en el que aparece un síntoma puede aportar
información trascendental sobre la índole de los problemas
que se manifiestan en el síntoma y no sólo hay que contemplar
hechos externos sino también y ante todo examinar procesos
internos
¿Qué
pensamientos, temas y fantasías ocupaban al individuo cuando
se presentó el síntoma?
¿Cuál
era su estado de ánimo?
¿Se
habían producido noticias o cambios trascendentales en su vida?
Con
frecuencia, los hechos calificados de triviales e insignificantes
resultan importantes, puesto que con el síntoma se manifiesta
una zona reprimida, las cosas cotidianas, pequeñas e insignificantes
suelen revelar las zonas conflictivas reprimidas.
Síntomas agudos como resfriado, mareo, diarrea, ardor de estómago,
dolor de cabeza, heridas y similares, merecen la pena tratar de recordar
lo que uno hacía, pensaba o imaginaba en aquel momento, y cuando
uno se hace la pregunta, bueno será que considere la primera
idea que le venga a la cabeza y no se precipite a desecharla por incongruente.
Ello requiere práctica y mucha sinceridad consigo mismo, el
que se precie de conocerse bien y de saber inmediatamente lo que es
válido y lo que no lo es, nunca podrá anotarse grandes
éxitos en el campo del autoconocimiento, y el que, por el contrario,
parte de la idea de que cualquier animal de la calle lo conoce mejor
de lo que él se conoce, va por buen camino.
2da. regla: Analogía y simbolismo del síntoma
Analizar
el momento de la aparición de un síntoma. Indagar en
la situación personal, pensamientos, fantasías, sueños,
acontecimientos y noticias que sitúan el síntoma en
el tiempo.
Los
síntomas se diferencian únicamente en la valoración
subjetiva que su poseedor les atribuye.
Cuando examinamos síntomas corporales y los explicamos psicológicamente,
nos dirigimos hacia un terreno hasta ahora inexplorado, sólo
la reflexión nos hace conscientes, pero recuerde que todo propósito
de modificar algo, produce el efecto contrario. El propósito
de dormirse enseguida es el medio más seguro para permanecer
despierto; olvidamos el propósito y el sueño viene solo.
Es la calma del punto intermedio lo que permite que suceda algo nuevo.
El que combate o persigue nunca alcanza su objetivo.
Ni las palabras, ni las cosas, ni los hechos pueden ser buenos o malos,
positivos o negativos por sí mismos; la valoración se
produce sólo en el observador, por consiguiente, es grande
el peligro de incurrir en semejantes equívocos, ya que en los
síntomas de las enfermedades se manifiestan todos los principios
que son valorados muy negativamente, tanto por el individuo como por
la sociedad, lo que impide que sean vividos y vistos conscientemente.
3ª. regla: Las consecuencias obligadas
Casi
todos los síntomas nos obligan a cambios de conducta, por un
lado, los síntomas nos impiden hacer las cosas que nos gustaría
hacer y, por otro lado, nos obligan a hacer lo que no queremos hacer.
Una gripe, por ejemplo, nos impide aceptar una invitación y
nos obliga a quedarnos en la cama. Una fractura de una pierna nos
impide hacer deporte y nos obliga a descansar. Si atribuimos a la
enfermedad propósito y sentido, precisamente los cambios impuestos
en la conducta nos permiten sacar buenas conclusiones acerca del propósito
del síntoma. Un cambio de conducta obligado es una rectificación
obligada y debe ser tomado en serio. Un síntoma no hace sino
corregir desequilibrios: el hiperactivo es obligado a descansar, el
superdinámico es inmovilizado, el comunicativo es silenciado.
Tenemos que prestar atención a esta intimación, renunciar
voluntariamente a lo que se nos quita y aceptar de buen grado lo que
se nos impone. La enfermedad siempre es una crisis y toda crisis exige
una evolución.
4ª. regla: Equivalencia de síntomas contradictorios
Dos
preguntas:
¿Qué
me impide este síntoma?
¿Qué
me impone este síntoma?
Suelen
revelar rápidamente el tema central de la enfermedad.
Un
tema o un problema pueden manifestarse a través de diversos
órganos y sistemas. No hay ley que obligue a un tema a elegir
un síntoma determinado para realizarse. Esta flexibilidad en
la elección de las formas determina el éxito o el fracaso
en la lucha contra el síntoma. Desde luego, se puede combatir
y prevenir un síntoma por medios funcionales, pero en tal caso
el problema elegirá a otra forma de manifestación: es
el llamado desplazamiento del síntoma. Por ejemplo, el problema
del hombre sometido a tensión puede manifestarse tanto por
hipertensión, hipertonía muscular, glaucoma, abscesos,
etc., como por la tendencia a someter a tensión a los que le
rodean. Si bien cada variante tiene una coloración especial,
todos los síntomas expresan el mismo tema básico. Quien
observe detenidamente el historial clínico de una persona desde
este punto de vista, rápidamente hallará el hilo conductor
que, generalmente, habrá pasado por alto al enfermo.
Mario
Arolfo Rodrígüez
Bibliografía
consultada
“LA ENFERMEDAD COMO CAMINO”
de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger
Dahlke
“etc…….”