Cuantas
veces nuestro cuerpo desea hacernos saber que algo no está
bien y sin embargo la voz de la cabeza, que es muy fuerte, lo obliga
a callarse y a continuar con la tarea diaria, a cambio del silencio
le recuerda que puede tomarse una aspirina y así seguir con
sus funciones, tapando el síntoma que expresa una queja formal
de nuestro querido cuerpo.
Si pudiéramos darle sonidos a la voz de nuestro cuerpo es probable
que este nos hablaría de un dolor físico con base en
lo sentimental, cuando el pecho se cierra por la angustia o el estómago
se tuerce por la rabia, el cuerpo está gritando que hay una
energía que no se ha liberado y pugna por salir. Es allí
cuando la voz del cuerpo debe ser expresada, el sonido es liberador
y puede ser la llave para calmar el dolor y comenzar el lento camino
hacia una cura verdadera. Pequeños
ejercicios
.
Llenar la panza de aire y liberarlo con un sonido “AAAAHHHHHH”
puede hacer que la presión de la angustia ceda.
Si estamos sentados podemos inspirar llenando la panza de aire y elevando
los brazos en forma horizontal, exhalando por la boca a la vez que
cierro los brazos alrededor de mi cuerpo como si me abrazara, la cabeza
llevará la inclinación natural, hacia atrás cuando
inspiramos y hacia delante al exhalar. Para
el enojo, que puede afectarnos el aparato digestivo, es ideal poder
saltar o zapatear con fuerza gruñendo.
Si estamos en un lugar donde no se puede hacer ruido se puede tomar
un rollo de papel y retorcerlo hasta que se corte.
El baile flamenco es un ejercicio ideal para liberar energías
provocadas por la rabia. Pero
no hay que olvidar que siempre el ejercicio debe ser acompañado
por un sonido audible, porque así asociamos otros sentidos
a nuestra descarga, por ejemplo para el olfato, si estamos en casa
podemos colocar unas gotas de esencia de cedro o ciprés para
que nos conecte con la tierra. En casos de angustia es ideal la rosa
o la naranja que evocan el amor y la alegría de la niñez.
Todo elemento es válido para darle voz al cuerpo, aunque sea
poner un tema musical que nos guste y bailar, invitar a nuestra familia
a que dancemos juntos, es más saludable que llegar de la oficina
y vomitar toda la problemática diaria, no es tan loco como
parece, que los chicos nos cuenten con el cuerpo como les fue en la
escuela, es cuestión de animarse. . . . y ser feliz.
Marta
T Caneda