Drogas,
ilusión a muy alto costo
Karina Galarza Vásquez
Múltiples
sustancias son empleadas por personas de distintas edades y estratos
sociales para obtener instantes de placer y esparcimiento sin que
conozcan los efectos que generan, en ocasiones muy severos, en el
cuerpo y la mente. Aprenda sobre ellos y téngalos en cuenta,
ya que la información es el primer paso en la prevención
de adicciones.
Gran cantidad de personas recurren al consumo de drogas, sustancias
psicoactivas o psicotrópicos (ejercen cierta acción
sobre la función del cerebro) para enfrentar con "mejores
armas" las tensiones y problemas, o bien para huir de una realidad
que se ha tornado inmanejable. Lo anterior se debe a que los compuestos
químicos que contienen alteran las células cerebrales
donde se generan las sensaciones, transformando la percepción
de la vida, cambiando el estado de ánimo y, aún más,
modificando la opinión que tiene el individuo de sí
mismo, pero tal efecto dura sólo un tiempo (por cierto, cada
vez más corto), de manera que la cantidad de estimulante requerido
para "sentirse bien" debe incrementarse cada día.
"Si bien las drogas son compuestos ajenos al
organismo humano, tienen la capacidad de afectar a las células
nerviosas (neuronas) y, a través de ellas, a la percepción
y producción de emociones debido a su semejanza química
con los neurotransmisores, sustancias que realizan la 'comunicación'
entre neuronas que, precisamente, permiten experimentar sensaciones
(alegría, energía, bienestar y tranquilidad), las cuales
se excitan al consumir psicotrópicos", refiere en entrevista
para saludymedicinas.com.mx la Dra. Herminia Pasantes Ordóñez,
investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular
(IFC) de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM), en la Ciudad de México.
Es importante saber que en el cerebro o encéfalo
existe cierta zona formada por una serie de neuronas conectadas entre
sí conocida como circuito del placer o recompensa, las cuales
comienzan a trabajar (enlazándose una con otra mediante neurotransmisores)
cuando experimentamos felicidad ante cualquier acontecimiento o estímulo
satisfactorio.
"La comunicación entre neuronas implica gran trabajo y
fuerte gasto de energía para las células, por lo que
al consumir drogas y recibir de manera externa a moléculas
o compuestos químicos muy similares a los que las estructuras
cerebrales requieren para mantener bienestar y placer, el organismo
deja de producir paulatinamente neurotransmisores". Este ahorro
de recursos, explica la entrevistada, "es una respuesta relacionada
con una propiedad fundamental del encéfalo llamada plasticidad,
que es la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas", pero
que también es el principio biológico que da lugar a
una adicción.
Una analogía puede aclarar este aspecto. Pensemos en una persona
que cuenta con la habilidad de realizar operaciones matemáticas
mentalmente o con lápiz y papel, pero que comienza a emplear
una calculadora electrónica para facilitar su labor e incluso
para realizarlo con mayor eficiencia en menor tiempo. Es muy probable
que se acostumbre tanto a su nueva herramienta de trabajo y al ahorro
de energía obtenido, que la agilidad para efectuar sumas, restas,
divisiones o multiplicaciones por cuenta propia disminuya. Así
ocurre con los neurotransmisores: al ser sustituidos por las drogas
se pierde la capacidad de generarlos y, por ende, de experimentar
gozo y tranquilidad.
Variedades
y efectos
Las drogas pueden clasificarse en estimulantes
(por ejemplo, cocaína y anfetaminas), con efectos com-binados
euforizantes (morfina, heroína y marihuana), de cambios
en la percepción sensorial (hongos alucinantes, peyote
y LSD) y legales (tabaco, cafeína y alcohol).
A continuación se describe el mecanismo de acción de
cada una de ellas:
Cocaína.
Se administra por inhalación, inyección o ingestión.
Una vez que llega al cerebro genera en el sujeto notable cambio
en su estado de ánimo que se caracteriza por intensa
satisfacción, gran nivel de energía, enorme confianza
en sí mismo, excesivo deseo de acercamiento con los demás
y poco apetito; no obstante, al terminar su efecto se experimenta
lo opuesto, es decir, depresión, irritabilidad y cansancio,
por lo que para volver a sentirse bien se requieren sucesivas dosis
de la droga.
"La cocaína permite que el neurotransmisor dopamina (elemento
que participa en numerosas funciones nerviosas, como control del movimiento
y manejo de la depresión) prolongue la comunicación
entre neuronas. Para comprender lo que sucede hay que tomar en cuenta
que cuando una célula nerviosa 'quiere enviarle un mensaje'
a otra, libera cierto neurotransmisor (en este caso la sustancia referida),
el cual interactúa con proteínas llamadas receptores.
Cuando la otra neurona 'recibe' la información necesaria, tal
enlace debe cesar, proceso que se efectúa con ayuda de elementos
denominados transportado-res, encargados de detener la 'conversación'
neuronal", detalla la investigadora.
Los transportadores se encargan de recoger a los neurotransmisores
"sobrantes", a la vez que los rein-corporan a la neurona
que los segregó para que ésta vuelva a utilizarlos cuando
sea necesario. Sin embargo, agrega la Dra. Herminia Pasantes, la cocaína
es tan parecida a la dopamina que el transportador se "confunde"
y captura las moléculas de la droga, pero "deja libre
a la dopamina, lo que estimula a las neuronas durante periodo más
prolongado", generando un estado de euforia e hiperactividad
característico.
Anfetaminas.
Son sustancias que no se encuentran en la naturaleza, sino que fueron
creadas en el laboratorio a partir de investigaciones destinadas a
buscar un compuesto que reemplazara a la efedrina (fármaco
recomendado para abrir los bronquios). Sin embargo, se observó
que tenía acción anoréxica (supresora del apetito)
y su administración se generalizó como tratamiento para
bajar de peso en la década de 1950.
"Los efectos de las anfetaminas son similares a los de
la cocaína, pues actúan a nivel de los centros
reguladores del sueño y apetito; asimismo, los cambios en la
conducta del usuario también son muy parecidos. Afectan la
función de la dopamina manteniendo activa por más tiempo
la comunicación entre las neuronas del circuito del placer
del cerebro, por lo que generan estado de euforia. Cuando las células
nerviosas 'se dan cuenta' que hay gran cantidad del neurotransmisor
señalado dejan de liberarlo, por lo que al terminar el efecto
de la droga se genera necesidad de volver a consumirla", acota
la espe-cialista.
Opiáceos.
Este grupo de psicoactivos incluye a la morfina y
heroína, que se caracterizan por llegar más
rápido al cerebro. La primera funciona como analgésico
(combate el dolor) y generador de euforia, debido
a que actúa sobre cierto receptor existente en el organismo
humano que desencadena gran placer y sensación del deber cumplido,
por lo que es altamente adictiva.
"Los estudios acerca de las acciones de la morfina condujeron
al descubrimiento de importante grupo de neurotransmisores llamados
neuropéptidos, algunos de los cuales, denominados opioides
(apelativo usado para distinguirlos de las drogas que se definen como
opiáceos), tienen la función natural de controlar el
dolor y participar en la generación de sensaciones naturales
de alegría, tales elementos se conocen como endorfinas. Ahora
bien, si el individuo consume dicha droga su organismo deja de producir
las 'morfinas naturales', y en el momento que este aprovisionamiento
cesa repentinamente los circuitos a cargo del control del dolor no
funcionan de manera adecuada", explica la Dra. Pasantes Ordóñez.
Respecto
a la heroína, interactúa igualmente con los receptores
que controlan el dolor pero, al mismo tiempo, se conecta con neuronas
unidas por vías nerviosas al circuito del placer.
Marihuana.
Sus efectos varían mucho de una persona a otra, lo que depende
de la cantidad administrada, expectativas del sujeto y grado de resistencia;
sin embargo, generalmente la consecuencia más común
es sensación placentera y de bienestar, incremento en la calidad
de la percepción auditiva y visual, así como mayor satisfacción
durante las relaciones sexuales.
A diferencia de otras drogas, la marihuana no genera síndrome
de abstinencia orgánica, es decir, al interrumpir su consumo
no hay alteraciones fisiológicas notables, aunque es posible
que exista cierto grado de dependencia psicológica, lo que
significa que el individuo siente necesidad de consumirla.
Alucinógenas.
Este tipo de drogas, como su nombre lo indica, se caracteriza por
alucinaciones visuales y percepción distorsionada de
tiempo y espacio, así como exageración de sentimientos
de generosidad y actitudes extrovertidas. "Incluyen ciertas variedades
de hongos que actúan sobre el neurotransmisor serotonina (encargado
de regular el estado de ánimo), ya que producen sustancias
químicas parecidas", indica la especialista.
Cabe mencionar que algunas drogas alucinógenas no se encuentran
en estado natural, sino se obtienen como resultado de investigaciones
en Farmacología orientadas a descubrir compuestos con efectos
utilizables en Psiquiatría. Tal fue el caso del LSD,
que deriva su nombre de las siglas en inglés de su estructura
química: dietilamida del ácido lisérgico, cuya
conformación es muy semejante a la serotonina, por lo que puede
interactuar con los receptores de este neurotransmisor.
Inhalantes.
Es sabido que algunos solventes volátiles (que se evaporan),
como el thiner, que es utilizado con diversos propósitos
en la industria, también ocasionan ciertos efectos psicoactivos.
La investigadora señala que a pesar de que "no se sabe
muy bien cómo actúan en el circuito del placer, tenemos
conocimiento de que dan lugar a alteraciones físicas bien identificadas:
estas sustancias son solventes de grasas y, en consecuencia, deshacen
las membranas de las neuronas, ocasionando su muerte".
Legales
Las drogas socialmente permitidas o legales también causan
adicción y diversos daños al organismo, entre ellas
tenemos las siguientes:
Nicotina.
Sus efectos conductuales no son tan claros ni tan espectaculares como
los de las drogas antes descritas, e incluyen ligera sensación
de euforia, intensificación del estado de alerta y efecto ansiolítico
(alivia la tensión).
Cafeína.
Su consumo acentúa el estado de alerta, disminuye
el cansancio e incrementa la capacidad para realizar actividades que
requieren atención.
Alcohol.
Daña tanto a la conducta como al organismo, lesiona al núcleo
familiar y es la causa de mayor número de homicidios imprudenciales.
El patrón de conducta que genera tiene amplia gama, lo cual
sugiere que actúa sobre diversos sitios del cerebro. Así,
puede alterar en general las membranas de las células nerviosas
y, en consecuencia, modificar la función de diversos neurotransmisores.
Para concluir, la Dra. Pasantes Ordóñez expresa que
"sería más conveniente que el dinero que se gasta
en perseguir a los narcotraficantes se usara en ofrecer (especialmente
a los niños) información respecto a las drogas, explicándoles
cómo actúan, cómo se da la dependencia, por qué
hasta el momento nos es imposible combatir sus efectos desde fuera
y, ante todo, que el uso de estas sustancias les hará perder
su libertad, porque ya no serán dueños de sí
mismos, sino esclavos de los psicoactivos".
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y MEDICINA”