
Todos
tenemos un olor corporal que nos caracteriza, el cual se ve influenciado
por el temperamento, clima e incluso comida. Por él somos
reconocidos y nosotros hacemos lo propio con otras personas, pero
que llegue a ser desagradable también puede ser un rasgo
distintivo, el que esperamos no sea su caso.
Los
hombres tienen rasgos específicos por los que se les puede
reconocer, entre ellos el olor corporal individual, el cual se hereda,
y los miembros de la familia pueden reconocerlo.
Es
así que las madres pueden identificar por el olor a sus hijos;
los bebés, a los siete días, son capaces de recordar
el pecho materno simplemente por su olor.
Se
ha demostrado que los seres humanos distinguen los olores que emanan
de diferentes partes del cuerpo, tanto consciente como inconscientemente,
y puede conducir a reacciones diversas, algunas de ellas involuntarias.
Incluso, los olores corporales desempeñan un papel significativo
en la comunica-ción sexual. Por ejemplo, pueden proporcionar
un impulso para la actividad sexual y también poner fin a
este tipo de contactos.
No
obstante, la identificación del olor corporal ha sido motivo
de diversas investigaciones, incluso en el campo de la etimología;
por ejemplo, se sabe que la palabra persa "bujah" significa
a la vez olor y amor, ya que para esa cultura sólo a través
del olor se consigue la más íntima relación
entre hombre y mujer. Asimismo, los franceses utilizan como sinónimo
oler y sentir.
Llegando
aun más lejos, es parte del lenguaje coloquial, en el cual
es común la expresión "A éste no puedo
ni olerlo", con lo que quiere decirse: "a esta persona
no la soporto, no me gusta", es decir, al-guien encuentra rechazo
en otra, posiblemente porque no le gusta su olor.
Yo
huelo, tú hueles...
El
primer rasgo distintivo que da origen al olor de cada persona es
el sudor, secreción acuosa que regu-la la temperatura del
cuerpo y que es generado por las glándulas sudoríparas.
En
general el sudor no tiene aroma, pero el mal olor se debe a la descomposición
bacteriana de la transpiración en aquellas zonas del cuerpo
mal ventiladas, sobre todo axilas, pies y, en algunos casos, la
zona genital. Particularmente en las axilas, el terreno es propicio
para la proliferación de bacterias, ya que el grado de evaporación
de las secreciones es bajo y el contacto con el aire escaso.
Es
importante hacer hincapié en que en esa misma región
se encuentran dos tipos de glándulas sudorí-paras:
las ecrinas, que reaccionan por el calor y producen secreciones
de agua, y las apocrinas, asocia-das a la raíz del vello,
que entran en acción ante estímulos emocionales y
segregan grasa, lípidos y aminoácidos.
Por
otra parte, hay factores como la información genética
de la raza a la que se pertenece -principalmente la negra- o problemas
de obesidad, que determinan que haya sudoración con olores
más fuertes. En tanto, en otras personas el olor apenas existe,
y con agua y jabón diario se mantienen perfectamente limpios,
casi no tienen necesidad de usar desodorante.
Limpios
por tradición
Cuentan
los historiadores que los aztecas tenían buenos hábitos
de limpieza, pues se bañaban en el temazcal hasta tres veces
al día y recurrían al uso de hierbas aromáticas
que se pasaban por las axilas. En tanto, los egipcios colocaban
algunas bolas de incienso en sus pliegues corporales para combatir
el mal olor.
Sin
embargo, otras culturas, como las desarrolladas en Europa, no eran
muy aficionadas al baño diario. Se sabe incluso que en los
años 50 del siglo XX fue muy popular en España una
frase publicitaria: "Evítese las molestias del baño,
use Mum".
No
obstante, el desodorante es el primer producto desarrollado para
enfrentar el mal olor y no solo encubrirlo. Así, se sabe
que a fines del siglo XIX los estadounidenses incursionan al mercado
farma-céutico con los primeros desodorantes modernos, en
cuya fórmula se contemplan sulfato de potasio y de aluminio,
cuyas fuertes propiedades detienen casi por completo la transpiración.
Sería
hasta la década de los 50 que se lanzaron los primeros desodorantes
a base de sustancias antibac-terianas, que contenían un antiséptico
que destruía las bacterias responsables de la descomposición
del sudor. A partir de entonces, los desodorantes se ofrecen en
dos tipos: bactericidas y antitranspirantes, que reducen la secreción
de sudor con ayuda de sales de aluminio astringentes. Actualmente,
la lista de este tipo de productos es casi infinita, ya que hay
desodorante corporales para axilas, pies e higiene íntima,
para el aliento -estos últimos en forma de spray, pastillas,
gotitas que se ponen bajo la lengua-, para aire, ropa, cabello e
incluso contra el mal aliento de los perros.
Pero,
hay ocasiones en que el uso de desodorantes puede producir reacciones
adversas en la piel, efec-tos que pueden variar de acuerdo al tipo
usado, siendo los que contienen alcohol en su fórmula los
más propensos a causar estos problemas. En menor medida los
antitranspirantes -aún los que no contienen alcohol-, también
pueden causar efectos no deseados, debido a que no están
formulados especialmente para cuidar la piel, sino solamente para
brindar protección contra mal olor y humedad, de manera que
pueden causar alergias o irritaciones.
Algo
para los pies
Como
ya se mencionó, el gran problema de los pies es la falta
de ventilación, por ello, es de vital im-portancia que "respiren",
en cuanto haya oportunidad o al terminar la jornada del día,
usando sandalias o zapatos tipo zueco. Procure que el calzado esté
fabricado con materiales naturales; las suelas de go-ma, salvo que
el zapato esté bien ventilado, recalientan el pie y provocan
mayor transpiración. Para la excesiva sudoración de
los pies cabe el recurso del baño regular y el uso de sustancias
químicas, como el formaldehído -que debe usarse bajo
prescripción médica- u óxido de zinc, cuyos
activos antisépticos evitan la proliferación microbiana
y micótica (de hongos), eliminando los olores desagradables.
La
periodista francesa Catherine Coroller indicó en alguna ocasión
que "el hombre se ha propuesto erradicar todos los olores",
lo que bien puede discutirse. En tanto, lo indicado para nosotros
es brindar una imagen agradable y que se acompañe de olores
que no sea ofensivos a quienes comparten nuestro espacio, ¿no
cree usted?
Fuente:
Extracto de la página de Internet “SALUD Y MEDICINA”