La teoría
de la evolución no convenció de buenas a primeras,
pero sí suscitó una de las mayores carcajadas de
la historia de la ciencia. Sobre ello versa nuestra historia de
hoy.
El naturalista
francés Georges-Louis Leclerc de Buffon (1707-1786) fue
el primer científico destacado que intentó discutir
públicamente las leyes de la evolución tal como
dejó reflejado en su obra "Historia natural",
con nada menos que 44 tomos. Dado que todo se estropea con el
tiempo, Buffon, quien había tenido el gran acierto de postular
el cambio de las especies a lo largo del tiempo cometió
el error de considerar que la evolución era un simple fenómeno
degenerativo: los monos serían humanos degenerados, los
asnos caballos degenerados y así sucesivamente.
Pero la ciencia
no se detiene y la historia siguió un derrotero muy interesante.
Probablemente, el barco más famoso de la historia de la
ciencia sea el H S Beagle, de 30 metros de eslora. ¿Recordáis
la historia de la longitud? Pues la misión del Beagle era
medir la longitud exacta de numerosas islas y continentes en Sudamérica,
pero el viaje se amplió hasta convertirse en una vuelta
al mundo de 5 años de duración. El capitán
Robert Fitzroy llevaba nada menos que 22 relojes a bordo, 6 de
los cuales eran de su propiedad.
Charles Darwin
tenía 22 años cuando un botánico amigo suyo
le explico que Fitzroy deseaba "ceder parte de su propio
camarote a un joven que se ofrezca como voluntario para acompañarle,
sin recibir retribución alguna, como naturalista, durante
el viaje del Beagle".
Lo sucedido
durante el viaje se ha contado muchas veces. Al reconocer las
islas Galápagos le llamó la atención la existencia
de más de una docena de tipos de pinzones. Unos tenían
el pico diseñado para comer pequeñas semillas, otros
para partir semillas grandes; una tercera para comer insectos
y así sucesivamente. ¿Por qué, si las aves
procedían de un tipo principal, mostraban estas diferencias?.
Darwin había leído el libro de Malthus, quien sostenía
que el mundo animal debía mantener una lucha por la existencia.
La población necesitaba alimentos y si crecía en
una mayor progresión que los mismos significaba que sobrevivían
los más fuertes y los más capaces de adaptarse a
los cambios. En el caso de los pinzones que comían semillas
grandes, sólo los que nacieran con picos ligeramente más
robustos sobrevivirían ya que serían capaces de
romper las semillas grandes y comérselas. Generación
tras generación sobrevivirían los que estuvieran
más adaptados. Esto servía no sólo para los
pinzones, sino para todas las criaturas. Cuanto más lo
observaba, más se convencía que las especies cambiaban.
Darwin pasó muchos años recogiendo pruebas para
dar más solidez a su teoría de la evolución.
La analizaba desde todos los puntos de vista, porque comprendía
que significaba un cambio radical en la vida animal ... incluido
el hombre.
La primera
edición de su famoso libro "On the Origin of Species
by Means of Natural Selection or the Preservation of Favoured
races in the Struggle for Life" (Sobre el origen de las especies
mediante la selección natural o la conservación
de las razas privilegiadas en la lucha por la vida) fue de 1.250
ejemplares y se agotó el mismo día de su puesta
en venta. Desde ese momento, Darwin se encontró en el centro
de la controversia social, eclesiástica, política
y científica.
Su retractor
principal o al menos quien encabezó el movimiento fue Samuel
Wilberforce, el Obispo Anglicano de Oxford hijo de William Wilberforce,
el político famoso por abogar en contra de la esclavitud.
Samuel Brillaba en los debates. No solo era teólogo, sino
también un naturalista de primera. Había ganado
un sobresaliente en matemáticas en sus días de postgrado
en Oxford. Tenía la distinción insólita de
ser Profesor de Teología y también Profesor de Matemáticas
en dicha Universidad. Conocía la teoría de Darwin
a fondo. Incluso había escrito una evaluación del
libro que fue publicado en la revista Quarterly Review. Al leer
esta evaluación, el propio Darwin comentó: "Es
extraordinariamente hábil; saca con pericia todas las partes
conjeturales, y nota con destreza todas las dificultades".
Se organizó
un debate en Oxford el 30 de junio de 1860, seis meses después
de la publicación del libro. Darwin no pudo asistir, pues
estaba enfermo, pero Thomas Henry Huxley, amigo de Darwin y vigoroso
defensor de la teoría de la evolución fue el encargado
de defenderlo. Imaginad si era acérrimo defensor que se
dice que cuando leyó el libro se reprochaba a sí
mismo su estupidez por no haber pensado él mismo en ello.
Decidió que Darwin, jamás dispuesto a defenderse,
necesitaba que le protegieran. Se le llegó a llamar el
"perro bulldog de Darwin".
Por fin llegó
el día. En el debate público, el obispo Wilberforce
se levantó para hablar ante una sala tensa, abarrotada,
después de que oradores preliminares habían aburrido
al público durante algunas horas, Wilberforce desató
su ofensiva: "El principio de la selección natural
es incompatible por completo con la palabra de Dios". "Es
una visión ignominiosa de la Naturaleza". "Contradice
los relatos revelados de la Creación".
Mirando directamente
a Huxley finalizó diciendo:
- Por favor,
profesor Huxley, contésteme: ¿Se considera usted
descendiente de mono por parte de abuelo o de abuela?
El auditorio
prorrumpió en aplausos. Se dice que Huxley murmuró:
"El Señor lo ha puesto en mis manos".
Después
de una argumentada defensa miró a Wilberforce a los ojos
y respondió:
- Si tuviera
que elegir como antepasado entre un pobre mono y un hombre magníficamente
dotado por la Naturaleza y de gran influencia, que utiliza esos
dones para desacreditar a quienes humildemente buscan la verdad,
no dudaría ni un instante en inclinarme por el mono.
Las carcajadas
fueron largas y sonoras. La esposa del físico David Brewster
(famoso por el ángulo de Brewster en óptica), que
estaba entre los presentes se desmayó. A la mujer del obispo
de Worcester se le oyó decir mientras el auditorio abandonaba
la sala: "Confiemos en que [la teoría de la evolución]
no sea cierta . Pero si lo es, confiemos que no llegue a ser de
conocimiento general".
Más
tarde, al enterarse Darwin le escribió una carta: "¿Es
que no tienes respeto por los obispos? ¡Por Júpiter,
no lo has hecho nada mal!"
Fuentes:
"La longitud", Dava Sobel
"El hombre que calumnió a los monos", Miguel
Angel Sabadell
"Grandes ideas de la ciencia", Isaac Asimov
"Eurekas y Euforias", Walter Gratzer
http://presencias.net/indpdm.html?http://presencias.net/miscel/ht4058.html
http://www.answersingenesis.org/Espanol/docs/salmo23.asp
http://evolutionibus.eresmas.net/seleccion.html
http://j.orellana.free.fr/textos/evolucion.htm
http://javarm.blogalia.com/historias/31084