¿Qué
es el efecto invernadero?
Primer
Acto: la Convención
Un asteroide gigante podría
chocar con la Tierra! Otro fenómeno podría ocurrir!
La temperatura global podría aumentar! Hay que reaccionar!
Problema
No. 1 (el Gran Problema):
Los científicos estiman que existe
el peligro real de que el clima cambie rápida y espectacularmente
en los decenios y siglos venideros ¿Podremos controlar esta
situación?
Problema
No 2:
Si no se conocen con certeza las consecuencias
de un problema, ¿se hace caso omiso del problema o se trata
de encontrarle alguna solución?
Problema
No. 3
Si un asteroide gigante entrara en colisión
con la Tierra, no sería la culpa de nadie. No se puede decir
lo mismo con respecto al calentamiento de la atmósfera.
Problema
No 4:
Si todo el mundo empezara a consumir
más y a darse la buena vida, ¿podría soportarlo
nuestro planeta?
Segundo Acto: el Protocolo
Segundo
Acto:
El Protocolo
Problema
No 5:
Las emisiones siguen creciendo.¿No
es el momento de tomar alguna medida seria?
Problema
No 6:
¿Cómo podemos hacer para
que nuestro comportamiento y nuestras economías no perjudiquen
al clima?
Problema
No 7:
¿Cómo se dividirá
la labor y se distribuirá la carga de forma equitativa?
Problema
No 8:
¡Sólo quiero gastar en
esto el mínimo necesario!
Conclusión:
¿Qué
es el efecto invernadero?
A
largo plazo la Tierra debe liberar al espacio la misma cantidad de
energía que absorbe del sol. La energía solar llega
en forma de radiación de onda corta, parte de la cual es reflejada
por la superficie terrestre y la atmósfera. Sin embargo, la
mayor parte pasa directamente a través de la atmósfera
para calentar la superficie de la Tierra. Ésta se desprende
de dicha energía enviándola nuevamente al espacio en
forma de radiación infrarroja, de onda larga.
El vapor de agua, el dióxido de carbono y los otros "gases
de efecto invernadero" que existen en forma natural en la atmósfera
absorben gran parte de la radiación infrarroja ascendente que
emite la Tierra, impidiendo que la energía pase directamente
de la superficie terrestre al espacio. A su vez, procesos de acción
recíproca (como la radiación, las corrientes de aire,
la evaporación, la formación de nubes y las lluvias)
transportan dicha energía a altas esferas de la atmósfera
y de ahí se libera al espacio. Afortunadamente existe este
proceso más lento e indirecto, ya que si la superficie de la
Tierra pudiera irradiar libremente la energía, nuestro planeta
sería un lugar frío y sin vida, tan desolado y estéril
como Marte.
Al aumentar la capacidad de la atmósfera para absorber la radiación
infrarroja, nuestras emisiones de gases de efecto invernadero alteran
la forma en que el clima mantiene el equilibrio entre la energía
incidente y la irradiada. De no registrarse ningún otro cambio
adicional, la duplicación de la concentración de gases
de efecto invernadero de larga vida proyectada para comienzos del
próximo siglo reduciría en alrededor del 2% la proporción
de energía que nuestro planeta emite al espacio. La energía
no puede acumularse sin más: el clima deberá adaptarse
de alguna manera para deshacerse de ese excedente, y si bien un 2%
puede no parecer mucho, tomando a la Tierra en su conjunto, ello equivale
a retener el contenido energético de 3 millones de toneladas
de petróleo por minuto.
Los científicos señalan que estamos alterando el "motor"
energético que acciona el sistema climático. Algo tiene
que cambiar para atenuar el impacto.
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Primer
Acto: la Convención
Un asteroide gigante podría chocar con la Tierra! Otro
fenómeno podría ocurrir! La temperatura global podría
aumentar! Hay que reaccionar!
Los últimos decenios han sido un período de reflexión
a nivel internacional sobre los problemas del medio ambiente. ¿Qué
estamos haciendo con nuestro planeta? Nos estamos percatando cada
vez más de que la Revolución Industrial ha cambiado
para siempre la relación entre el hombre y la naturaleza. Cunde
la preocupación de que tal vez hacia mediados o finales del
siglo XXI las actividades del hombre hayan cambiado las condiciones
esenciales que hicieron posible la aparición de la vida sobre
la Tierra.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático de 1992 forma parte de una serie de acuerdos recientes
por medio de los cuales los países de todo el mundo se han
unido para hacer frente a este problema. Otros tratados abordan cuestiones
como la contaminación marina, la degradación de las
tierras áridas, el deterioro de la capa de ozono y la rápida
extinción de especies animales y vegetales. La Convención
sobre el Cambio Climático se centra en un problema especialmente
inquietante: estamos alterando la forma en que la energía solar
interactúa con la atmósfera y escapa de ella, y esto
quizás modifique el clima mundial. Entre las consecuencias
posibles podrían producirse un aumento de la temperatura media
de la superficie de la Tierra y cambios en las pautas meteorológicas
a escala mundial. Tampoco se pueden descartar otros efectos imprevistos.
Hay algunos problemas a los que debemos hacer frente.
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Problema
No. 1 (el Gran Problema):
Los científicos estiman que existe el peligro real de que
el clima cambie rápida y espectacularmente en los decenios
y siglos venideros ¿Podremos controlar esta situación?
Hace alrededor de 65 millones de años un asteroide gigante
entró en colisión con la Tierra. Cataplum! Según
las estimaciones científicas, el choque arrojó tanto
polvo a la atmósfera que dejó al mundo en tinieblas
durante tres años. La luz solar se redujo en gran medida, impidiendo
el crecimiento de numerosas plantas, las temperaturas descendieron,
la cadena alimenticia se rompió y muchas especies, incluida
la más grande que jamás haya existido sobre la faz de
la Tierra, desaparecieron.
Tal es, cuando menos, una teoría dominante que explica la extinción
de los dinosaurios. Incluso aquellos que no fueron alcanzados directamente
por el asteroide sucumbieron a la postre.
La catástrofe que dio cuenta de los dinosaurios es sólo
una ilustración - si bien dramática - , de cómo
el cambio climático puede fomentar el desarrollo de una especie
o liquidarla.
Según otra teoría, los seres humanos evolucionaron cuando
la tendencia a la disminución de las precipitaciones, hace
unos 10 millones de años, estuvo seguida, hace cerca de 3 millones
de años, por un brusco descenso de las temperaturas mundiales.
Los primates superiores, parecidos a los simios, del gran valle del
Rift en Africa, solían refugiarse en los árboles, pero
como consecuencia de esta variación climática de larga
duración, los bosques fueron reemplazados por praderas. Los
"simios" se encontraron en una planicie vacía mucho
más fría y seca que su medio anterior, resultando así
sumamente vulnerables ante los predadores.
La desaparición total era una posibilidad concreta, y los primates
aparentemente se adaptaron con dos saltos evolutivos: primero adoptaron
la postura erecta, que les permitió recorrer largas distancias
a pie, con las manos libres para transportar a sus hijos y llevar
alimentos; y luego sus cerebros se volvieron mucho más voluminosos,
aprendieron a manejar instrumentos y se convirtieron en omnívoros
(consumidores de carne y verduras). Generalmente se considera a este
segundo ser de cerebro más desarrollado como el primer humano.
A partir de entonces, las variaciones climáticas han modelado
el destino de la humanidad, y el ser humano ha reaccionado en gran
medida adaptándose, emigrando y desarrollando su inteligencia.
Durante las últimas glaciaciones, los niveles de los océanos
descendieron y los seres humanos se desplazaron a través de
puentes continentales desde el Asia hacia las Américas y las
islas del Pacífico. Desde entonces se han sucedido numerosas
migraciones, innovaciones y también catástrofes. Algunas
de éstas han tenido su origen en pequeñas fluctuaciones
climáticas, como unos pocos decenios o siglos de temperaturas
levemente superiores o inferiores a la media, o sequías prolongadas.
La más conocida es la Pequeña Era Glaciar, registrada
en Europa a comienzos de la Edad Media, que provocó hambruna,
insurrecciones y el abandono de las colonias septentrionales en Islandia
y Groenlandia. El hombre ha soportado durante milenios los caprichos
climáticos, recurriendo a su ingenio para adaptarse, incapaz
de influir en fenómenos de tal magnitud.
Eso hasta ahora. Paradójicamente, el éxito notable que
hemos logrado como especie bien puede habernos llevado a un callejón
sin salida. El crecimiento demográfico ha alcanzado un punto
tal que haría muy difícil una migración en gran
escala en caso de que un cambio climático de grandes proporciones
la hiciera necesaria, y los productos de nuestra inteligencia (industrias,
transportes, etc.) han conducido a una situación desconocida
en el pasado. Anteriormente el clima mundial hacía cambiar
a los seres humanos; ahora parece que estos últimos están
cambiando el clima. Los resultados todavía son inciertos, pero
si las predicciones actuales se confirman, el cambio climático
que tendrá lugar en el próximo siglo será de
una amplitud sin precedentes desde los albores de la civilización
humana.
El principal cambio que se ha registrado hasta la fecha ha sido en
la atmósfera terrestre. El asteroide gigante que terminó
con los dinosaurios arrojó grandes nubes de polvo en el aire,
pero nosotros estamos causando fenómenos de dimensiones similares,
aunque en forma más sutil. Hemos provocado, y continuamos haciéndolo,
un cambio en el equilibrio de los gases que componen la atmósfera,
y ello es particularmente cierto con relación a los "gases
de efecto invernadero" principales, como el dióxido de
carbono (C02), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N20). (A
pesar de que el vapor de agua es el gas de efecto invernadero más
importante, las actividades del hombre no lo afectan directamente.)
Estos gases, que se encuentran normalmente presentes en la atmósfera,
representan menos de una décima parte del 1% de la atmósfera
total, compuesta principalmente de oxígeno (21%) y nitrógeno
(78%), pero son vitales porque actúan como una manta natural
alrededor de la Tierra, sin la cual la superficie de nuestro planeta
sería cerca de 30' C más fría que en la actualidad.
El problema estriba en que la actividad del hombre está "espesando"
la manta. Por ejemplo, cuando quemamos carbón, petróleo
y gas natural, liberamos cuantiosos volúmenes de dióxido
de carbono en el aire, al igual que cuando destruimos los bosques
dejamos escapar a la atmósfera el carbono almacenado en los
árboles. Otras actividades esenciales, como la cría
de ganado y el cultivo de arroz, también emiten metano, óxido
nitroso y otros gases de efecto invernadero. Si las emanaciones continúan
aumentando al ritmo actual, es casi seguro que en el siglo XXI los
niveles de dióxido de carbono en la atmósfera duplicarán
los niveles preindustriales, y si no se toman medidas para frenar
dichas emisiones, es muy probable que los índices se tripliquen
para el año 2100.
De acuerdo con el consenso científico, el resultado más
directo podría ser un "calentamiento de la atmósfera
mundial" del orden de 1° C a 3,5° C durante los próximos
100 años. A esto se debe sumar un manifiesto incremento de
temperatura de aproximadamente 0,50° C desde el período
preindustrial anterior a 1850, parte del cual sería producto
de emisiones anteriores de gases de efecto invernadero.
Es difícil pronosticar en qué medida esta situación
podría afectarnos, dado que el clima mundial es un sistema
sumamente complejo. Si se alterara un aspecto clave, como la temperatura
media global, las ramificaciones tendrían un largo alcance.
Los efectos inciertos se adicionan: por ejemplo, podría cambiar
el régimen de vientos y lluvias que ha prevalecido durante
cientos y miles de años, y del cual depende la vida de millones
de personas; podría subir el nivel de los mares y amenazar
islas y zonas costeras bajas. En un mundo cada vez más poblado
y sometido a mayores tensiones, que ya tiene suficientes problemas
por resolver, esas presiones adicionales podrían conducir directamente
a nuevas hombrunas y otras catástrofes.
Al tiempo que los científicos se esfuerzan por comprender con
mayor precisión los efectos de las emisiones de gases de efecto
invernadero, la comunidad internacional se ha unido recientemente
para hacer frente a este problema.
Respuestas
de la Convención:
•
Reconoce que el problema existe. Este es un avance significativo.
No es tarea fácil que las diferentes naciones del mundo se
pongan de acuerdo para adoptar un plan de acción común,
en particular cuando se trata de abordar un problema cuyas consecuencias
son inciertas, y que tendría mayor importancia para el destino
de nuestros nietos que para nuestra generación. Aun así,
la Convención se negoció en poco más de dos años,
y actualmente más de 175 países la han ratificado, quedando
así jurídicamente vinculados en virtud de la misma.
El tratado entró en vigor el 21 de marzo de 1994.
•
Establece un "objetivo último" de estabilizar "las
concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera
a un nivel que impida interferencias antropógenas (atribuidas
a la actividad humana) peligrosas en el sistema climático".
El objetivo no especifica cuáles deberían ser esos niveles
de concentración; sólo estipula que no deben ser peligrosos.
Se reconoce así que actualmente no existe una certeza científica
acerca de los índices que podrían catalogarse de peligrosos.
Los investigadores piensan que será necesaria otra década
(y la próxima generación de superordenadores) para reducir
las incertidumbres actuales (o gran número de ellas) en forma
apreciable. De ahí que el objetivo de la Convención
mantenga su validez independientemente de la evolución de la
ciencia.
•
Indica que "ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente
para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio
climático, asegurar que la producción de alimentos no
se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga
de manera sostenible". Ello realza la preocupación principal
respecto a la producción alimentaria -probablemente la actividad
humana más dependiente del clima- y al desarrollo económico.
Sugiere asimismo (cosa que comparte la mayoría de los climatólogos)
que un cierto cambio es inevitable y que es necesario tomar medidas
de adaptación y prevención.
A su vez ello da cabida a diversas interpretaciones a la luz de los
descubrimientos científicos así como de las concesiones
recíprocas y los riesgos que la comunidad internacional está
dispuesta a aceptar.
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Problema
No 2:
Si no se conocen con certeza las consecuencias de un
problema, ¿se hace caso omiso del problema o se trata de encontrarle
alguna solución?
El cambio climático es una amenaza para la humanidad, pero
nadie puede determinar con seguridad sus futuros efectos o la magnitud
de éstos. La reacción ante esa amenaza seguramente será
compleja y difícil. Persiste incluso un desacuerdo sobre si
realmente existe un problema: mientras numerosas personas temen la
extrema gravedad de los efectos, otras todavía argumentan que
los científicos no pueden dar pruebas irrefutables de que sus
previsiones se harán realidad. Además, no está
claro quienes son los que sufrirán más en las diversas
regiones del mundo. Sin embargo, si la comunidad internacional espera
a que quede claro cuáles serán las consecuencias y las
víctimas, probablemente será demasiado tarde para actuar.
¿Qué se debe hacer?
La verdad es que en casi todos los círculos científicos
ya no se plantea determinar si el cambio climático es un problema
potencialmente grave, sino en qué forma se manifestará,
cuáles serán sus repercusiones, y cuál será
la mejor forma de detectarlas. Los modelos informáticos de
un sistema tan complicado como el sistema climático de nuestro
planeta no están aún lo suficientemente avanzados para
brindar respuestas claras y concluyentes. No obstante, si bien el
cuándo, el dónde y el cómo no están definidos,
el panorama que se desprende de estos modelos climáticos nos
lanza señales de alarma.
Por
ejemplo:
•
Los regímenes de precipitaciones regionales podrían
variar. Se prevé que el ciclo de evapotranspiración
se acelerará a nivel mundial; ello implica que lloverá
más, pero también que las lluvias se evaporarán
más rápidamente, dejando los suelos más secos
durante los períodos críticos de la temporada de cultivo.
La aparición de sequías nuevas o más intensas,
en particular en los países más pobres, podría
disminuir el abastecimiento de agua potable hasta el punto de plantear
una amenaza grave para la salud pública. Dado que los científicos
todavía no tienen entera confianza en los pronósticos
regionales, no se aventuran a definir con precisión las zonas
del mundo expuestas a volverse más húmedas o más
secas, pero, habida cuenta de que los recursos hídricos mundiales
ya se hallan bajo una gran presión en virtud del rápido
crecimiento demográfico y la expansión de las actividades
económicas, el peligro es obvio.
•
Las zonas climáticas y agrícolas podrían desplazarse
hacia los polos. Se prevé que en las regiones de latitud media
el desplazamiento será de entre 150 y 550 km. por un calentamiento
de 1 a 3,5° C. Veranos más secos disminuirían el
rendimiento de los cultivos de las latitudes medias, y es posible
que las principales zonas cerealeras actuales (como las Grandes Llanuras
de los Estados Unidos) experimenten sequías y olas de calor
más frecuentes. En las zonas agrícolas de latitud media
los bordes septentrionales (el norte del Canadá, Escandinava,
Rusia y el Japón) en el hemisferio norte y los bordes meridionales
(el sur de Chile y la Argentina) en el hemisferio austral se beneficiarían
de temperaturas más elevadas. Sin embargo, en algunas regiones
la índole escabrosa del terreno y la pobreza de los suelos
impedirían que esos países compensen la merma del rendimiento
que hoy obtienen en las zonas más productivas.
•
El derretimiento de los glaciares y la dilatación térmica
de los océanos podrían aumentar el nivel del mar y poner
en peligro las zonas costeras bajas y las islas pequeñas. El
nivel medio global del mar ya ha subido de 10 a 15 cm. en el último
siglo y se prevé que el calentamiento de la Tierra ocasionará
un aumento adicional de 15 a 95 cm. para el año 2100 (con una
estimación optimista de 50 cm.). Las tierras más vulnerables
serían las regiones costeras desprotegidas y densamente pobladas
de algunos de los países más pobres del mundo. Entre
las víctimas probables se contarían Bangladesh, cuyas
costas ya son propensas a inundaciones devastadoras, al igual que
muchos pequeños Estados insulares, como las Maldivas.
Estas hipótesis son lo suficientemente alarmantes para causar
preocupación, pero demasiado inciertas para permitir a los
gobiernos tomar medidas de acción concretas. El panorama es
confuso: es comprensible que algunos gobiernos, acosados por otros
problemas, responsabilidades y deudas que deben atender, se vean tentados
a no hacer absolutamente nada. Quizás el peligro se aleje,
o algún otro se encargue de él; tal vez otro asteroide
gigante choque con la Tierra, ¿quién puede saberlo?
Repuestas
de la Convención:
•
Establece un marco y un procedimiento para acordar las medidas específicas
que será necesario adoptar más adelante. Los diplomáticos
que redactaron la Convención Marco sobre el Cambio Climático
la consideraron como el punto de partida de otras posibles medidas
futuras. Reconocieron que no sería posible que en 1992 los
gobiernos acordaron un plan básico detallado para hacer frente
al cambio climático, pero al establecer un marco institucional
y de principios generales e iniciar un procedimiento que permitiera
a los gobiernos reunirse periódicamente, se dio el primer paso
en esa dirección.
Una ventaja esencial de este enfoque es que permite a los países
comenzar a debatir una cuestión antes de que estén todos
de acuerdo en que efectivamente constituye un problema. Incluso los
países escépticos consideran que su participación
es útil (o, en otras palabras, les incomodaría quedar
al margen), y ello otorga legitimidad a la causa y crea una especie
de presión recíproca entre los miembros de la comunidad
internacional para tratar seriamente el tema.
La Convención ha sido concebida de forma que permita a los
países reforzar o atenuar sus disposiciones de acuerdo con
los últimos descubrimientos científicos. Por ejemplo,
pueden convenir en adoptar medidas más específicas (como
reducir en un cierto grado las emisiones de los gases de efecto invernadero),
aprobando "enmiendas" o "protocolos" a la Convención.
Es lo que sucedió en 1997 con la aprobación del Protocolo
de Kyoto.
El tratado fomenta la adopción de esas medidas, a pesar de
las incertidumbres derivadas de la reciente aparición en el
derecho y la diplomacia internacionales de lo que se ha dado en llamar
el "principio precautorio". En el derecho internacional
tradicional en general no se puede restringir o prohibir una actividad
a menos que se demuestre la existencia de un vínculo causa
entre dicha actividad y un daño particular. En cambio, hay
muchos problemas ambientales, como el daño sufrido por la capa
de ozono y la contaminación marina, que serían muy difíciles
de abordar si se exigiera una prueba concluyente de la relación
de causa y efecto. En consecuencia, la comunidad internacional ha
ido aceptando gradualmente el principio precautorio, según
el cual las actividades que pueden causar daños graves o irreversibles
pueden restringirse, o incluso prohibirse, antes de que exista la
certeza científica absoluta sobre sus repercusiones.
•
Prescribe las medidas preliminares que por ahora son claramente las
más razonables. Los países que ratifican la Convención
-en la jerga diplomática las "Partes en la Convención"-
convienen en tener en cuenta el cambio climático en esferas
tales como: la agricultura, la energía, los recursos naturales
y las actividades relacionadas con las zonas costeras, y en promover
la elaboración de planes nacionales a efectos de atenuar el
cambio climático. La Convención alienta a las Partes
a compartir las tecnologías y a cooperar por otros medios a
fin de reducir las emanaciones de gases de efecto invernadero, especialmente
las procedentes de los siguientes sectores: energía, transporte,
industria, agricultura, silvicultura y gestión de desechos,
sectores que en conjunto producen la casi totalidad de las emisiones
de gases de efecto invernadero atribuibles a la actividad humana.
• La Convención fomenta las investigaciones científicas
sobre el cambio climático. Exige que se lleve a cabo una labor
de investigación, observación y recopilación
de datos sobre el clima, y crea un "órgano subsidiario
de asesoramiento científico y tecnológico" con
objeto de ayudar a los gobiernos a decidir el curso de acción
futura. Cada Estado Parte debe asimismo presentar un "inventario"
de las fuentes nacionales de las emisiones de los gases de efecto
invernadero (como fábricas y transportes) y de los "sumideros"
nacionales (bosques y otros ecosistemas naturales que absorben los
gases de efecto invernadero de la atmósfera). Dichos inventarios
deberán actualizarse periódicamente y hacerse de dominio
público. La información proporcionada sobre el volumen
de las emisiones de cada gas correspondiente a las distintas actividades
será esencial para vigilar las variaciones de las emisiones
y determinar la eficacia de las medidas adoptadas para limitarlas.
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Problema
No. 3
Si un asteroide gigante entrara en colisión con la Tierra,
no sería la culpa de nadie. No se puede decir lo mismo con
respecto al calentamiento de la atmósfera.
En el problema del cambio climático hay una injusticia fundamental,
que exacerba las relaciones ya problemáticas entre las naciones
ricas y pobres. Los países con los niveles de vida más
altos han sido los principales responsables (aunque inconscientemente)
del aumento de los gases de efecto invernadero: las primeras regiones
industrializadas (Europa, América del Norte, el Japón
y otras) consolidaron su riqueza en parte dejando escapar a la atmósfera
grandes cantidades de gases de efecto invernadero, mucho antes de
que se conocieran las probables consecuencias. Los países en
desarrollo ahora temen que se les diga que deben limitar sus actividades
industriales en ciernes, puesto que la atmósfera ha llegado
a su límite de tolerancia.
Habida cuenta de que las emanaciones derivadas de la utilización
de energía constituyen la causa principal del cambio climático,
habrá una presión creciente para que todos los países
reduzcan el consumo de carbón y petróleo. También
habrá presiones (e incentivos) para que se adopten tecnologías
avanzadas tendientes a limitar los perjuicios en el futuro, pero el
costo de éstas puede ser elevado.
Los países que se hallan en las primeras etapas de industrialización
y que bregan para ofrecer una vida mejor a sus habitantes no quieren
este tipo de cargas adicionales: el desarrollo económico ya
es suficientemente difícil. "Cómo podrían
progresar si aceptaran disminuir el uso de los combustibles fósiles,
que son los más baratos, convenientes y útiles para
las industrias?
Hay otras injusticias que van aparejadas al problema del cambio climático.
Los países del mundo en desarrollo serán probablemente
los que más sufran si se confirman las consecuencias previstas
(desplazamiento de zonas agrícolas, aumento del nivel del mar
y variaciones en el régimen de lluvias). Estos países
simplemente carecen de los recursos científicos y económicos
o de los sistemas de seguridad social necesarios para hacer frente
a las repercusiones de la perturbación del clima. Además,
en muchos de esos países el rápido crecimiento demográfico
ha obligado a muchos millones de personas a asentarse en tierras marginales,
y son precisamente éstas las que pueden padecer los efectos
más drásticos de las variaciones climáticas.
Respuestas
de la Convención
•
Atribuye a los países ricos la mayor cuota de responsabilidad
en la lucha contra el cambio climático ... y la parte del león
de la factura a pagar. La Convención trata de velar por que
los sacrificios que deban hacerse para proteger nuestra atmósfera
común se distribuyan equitativamente entre los países
de conformidad con el principio de las responsabilidades comunes pero
diferenciadas, sus capacidades respectivas y sus condiciones sociales
y económicas. Observa que la mayor parte de las emisiones del
pasado y actuales tienen su origen en los países desarrollados.
Su principio cardinal es que estos países deben encabezar la
lucha contra el cambio climático y sus efectos adversos. El
tratado enuncia obligaciones específicas en materia de transferencias
financieras y tecnológicas que se aplican únicamente
a los países muy ricos, esencialmente los que son miembros
de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos
(OCDE). Estos han acordado apoyar las actividades relativas al cambio
climático en los países en desarrollo, proporcionando
un apoyo financiero adicional a toda asistencia financiera que ya
presten a esos países.
Las obligaciones específicas de limitar las emanaciones de
los gases de efecto invernadero y acrecentar los sumideros naturales
incumben a los países de la OCDE y a los 12 países con
"economías en transición" (los países
de Europa Central y del Este y la antigua Unión Soviética).
En virtud de la Convención, se acepta en general que para el
año 2000 los países de la OCDE y los países con
economías en transición deben intentar reducir sus emisiones
de gases de efecto invernadero por lo menos al nivel que tenían
en 1990.
•
La Convención reconoce el derecho de las naciones más
pobres al desarrollo económico. Observa que la contribución
de los países en desarrollo a las emisiones mundiales de gases
de efecto invernadero irá en aumento a medida que éstos
amplíen sus industrias para mejorar las condiciones sociales
y económicas de sus habitantes.
•
Admite la vulnerabilidad de los países más pobres a
los efectos del cambio climático. Uno de los principios esenciales
de la Convención es que las medidas que se adopten deberán
reflejar una "plena consideración" de las necesidades
y circunstancias específicas de los países en desarrollo,
en particular de aquellos cuyos frágiles ecosistemas los hacen
altamente vulnerables a los efectos del cambio climático. La
Convención reconoce también que los Estados que dependen
de las exportaciones de carbón y petróleo experimentarán
dificultades si varía la demanda de energía.
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Problema
No 4:
Si todo el mundo empezara a consumir más y a darse la buena
vida, ¿podría soportarlo nuestro planeta?
A medida que la población mundial aumenta, se incrementa la
presión humana sobre el medio ambiente, que se acentúa
aún más con el rápido aumento del número
de individuos que también quieren vivir mejor: comer más
y mejor; tener agua más abundante y más limpia; más
electricidad, refrigeradores, automóviles, casas y apartamentos;
terrenos en los que construir esas casas y apartamentos.
El abastecimiento de agua potable a los miles de millones de habitantes
de todo el mundo ya plantea problemas graves. Las poblaciones en vías
de expansión están agotando el agua de ríos y
lagos y los grandes mantos acuíferos subterráneos están
disminuyendo a un ritmo constante. ¿Qué haremos cuando
estos depósitos naturales se vacíen? También
hay problemas para cultivar y abastecer a todos de alimentos suficientes,
como lo demuestran las terribles hambrunas registradas en muchas partes
del mundo. Hay otras señales de alarma: el volumen de pesca
mundial se ha reducido considerablemente; a pesar del tamaño
de los océanos, las especies más valiosas han sido objeto
de una pesca tan intensiva que prácticamente se han agotado.
El calentamiento de la atmósfera es un ejemplo particularmente
ominoso del insaciable apetito del hombre por los recursos naturales.
En el curso del siglo pasado hemos extraído y quemado depósitos
ingentes de carbón, petróleo y gas natural que tardaron
millones de años en acumularse. Nuestra capacidad para quemar
combustibles fósiles a un ritmo muchísimo más
rápido de lo que llevó crearlos ha perturbado el equilibrio
natural del ciclo del carbono. La amenaza del cambio climático
se presenta porque una de las pocas formas en que la atmósfera,
que también es un recurso natural, puede reaccionar ante las
vastas cantidades de carbono liberado del subsuelo terrestre es calentarse.
Entretanto, las expectativas del hombre no menguan sino que van en
aumento. Los países del "Norte" industrializado representan
el 20% de la población mundial, pero utilizan alrededor del
80% de los recursos de la Tierra: para las pautas mundiales, viven
sumamente bien. Es agradable llevar una buena vida, pero si cada persona
consumiera tanto como los norte americanos o los europeos occidentales
-y eso es a lo que aspiran miles de millones de personas-, probablemente
no habría suficiente agua potable y otros recursos naturales
vitales para todos. ¿Cómo podremos satisfacer esas crecientes
expectativas cuando ya el mundo se halla bajo tanta presión?
Respuestas
de la Convención
•
Apoya el concepto de "desarrollo sostenible". La humanidad
tiene que aprender de alguna manera a aliviar la pobreza de un enorme
y creciente número de personas sin destruir el medio natural
del que depende toda la vida humana. Deberán hallarse nuevas
pautas para que el desarrollo económico pueda sostenerse a
largo plazo. Para abordar esta problemática, el término
clave que circula entre ambientalistas y burócratas internacionales
es el de "desarrollo sostenible". La solución sería
idear métodos que nos permitieran vivir bien utilizando los
recursos naturales esenciales a un ritmo que no superara el necesario
para su reposición. Desafortunadamente, la comunidad internacional
está mucho más avanzada en definir los problemas que
plantea el desarrollo sostenible que en concebir la forma de resolverlos.
•
La Convención alienta a fomentar y compartir las tecnologías
y los conocimientos prácticos ambientalmente racionales. La
tecnología desempeñará sin duda un papel primordial
en la lucha contra el cambio climático. Si somos capaces de
concebir fórmulas prácticas para utilizar fuentes de
energía menos contaminantes, como la energía solar por
ejemplo, podremos reducir el consumo de carbón y petróleo.
Con la misma cantidad de recursos la nueva tecnología podrá
hacer que los procesos industriales sean más eficientes, la
purificación del agua más viable y la agricultura más
productiva. Tal tecnología deberá estar al alcance de
todos: de alguna forma los países más ricos y científicamente
más avanzados deberán compartirla con las naciones más
pobres, que tanto la necesitan.
•
La Convención hace hincapié en la necesidad de informar
al público acerca del cambio climático. Los jóvenes
de hoy y las generaciones futuras deberán aprender a observar
el mundo desde una perspectiva diferente de la que ha prevalecido
durante el siglo XX. Esta es una idea antigua, pero siempre vigente.
Muchas culturas preindustriales (no todas!) vivían en equilibrio
con la naturaleza; hoy los estudios científicos nos enseñan
que debemos hacer lo mismo. El desarrollo económico ya no consiste
en "cuanto más grande, mejor"; automóviles
y casas más grandes, mayor captura de peces, mayores volúmenes
de petróleo y carbón más grandes. Debemos dejar
de considerar que el progreso del hombre reside en imponernos a nuestro
medio natural. El mundo, es decir, el clima y todos los seres vivos,
es un sistema cerrado, todo lo que hacemos tiene repercusiones que
en última instancia nos afectarán. Los niños
de mañana - y desde luego los adultos de hoy - tendrán
que aprender a considerar las consecuencias de sus acciones sobre
el clima; cuando tomen decisiones como integrantes del gobierno o
del sector empresarial o en el ámbito de la vida privada deberán
tener en cuenta el sistema climático.
En otras palabras, tendrá que cambiar el comportamiento humano,
y probablemente cuanto antes mejor. Sin embargo, ello es difícil
de prescribir y pronosticar. Se necesitarán señales
e incentivos mas fuertes para que cada individuo haga más para
preservar el clima mundial. Ello nos conduce al...
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Segundo
Acto: el Protocolo
La
Convención de 1992 fue un buen punto de partida pero, a medida
que los años pasaron y que siguieron acumulándose elementos
científicos, la población naturalmente comenzó
a preguntarse "¿cuál es el próximo paso?'
En 1997, los gobiernos respondieron a la creciente presión
del público en favor de la adopción del Protocolo de
Kyoto. Un protocolo es un acuerdo internacional autónomo pero
vinculado a un tratado existente. Ello significa que el protocolo
sobre el clima comparte las preocupaciones y los principios establecidos
en la Convención sobre el Cambio Climático. Luego basándose
en ellos, añade nuevos compromisos, que son más enérgicos
y mucho más complejos y detallados que los estipulados en la
Convención.
Esta complejidad es un reflejo de los enormes problemas que plantea
el control de las emisiones de gases de efecto invernadero. Es también
resultado de los diversos intereses políticos y económicos
que es preciso equilibrar para llegar a un acuerdo. Se deberán
configurar nuevamente industrias con un giro de miles de millones
de dólares; algunos se beneficiarán con la transición
a una economía inocua para el clima, otros no.
Como el Protocolo de Kyoto virtualmente ha de afectar a todos los
principales sectores de la economía, se considera que es el
acuerdo de más largo alcance jamás adoptado sobre medio
ambiente y desarrollo sostenible. Ello constituye un indicio de que
la comunidad internacional está dispuesta a hacer frente a
la realidad y a comenzar a adoptar medidas concretas para reducir
al mínimo el riesgo del cambio climático. Los negociadores
del Protocolo pudieron hacer este importante paso sólo después
de haber respondido a algunas complejas cuestiones.
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Problema
No 5:
Las emisiones siguen creciendo.¿No es el momento de tomar
alguna medida seria?
Tres años después que la Convención sobre el
Cambio Climático fue aprobada en la Cumbre para la Tierra de
Río de Janeiro, el Grupo lntergubernamental de Expertos sobre
el Cambio Climático (IPCC) publicó su segunda importante
evaluación de las investigaciones sobre el cambio climático.
Dicho informe, redactado y revisado por unos 2000 científicos
y especialistas, adquirió pronto notoriedad debido a sus conclusiones
de que el clima ya había comenzado a cambiar, en respuesta
a las emisiones anteriores. Confirmó asimismo que existían
muchas estrategias económicas y eficaces para reducir las emisiones
de gases de efecto invernadero.
En el ínterin, si bien en algunos países se estabilizaron,
los niveles de emisiones siguieron aumentando en todo el mundo. Más
y más personas aceptaron que sólo un compromiso firme
y vinculante de los países desarrollados, de reducir sus gases
de efecto invernadero, podía dar a los empresarios, comunidades
y particulares un argumento convincente para que cambiaran su forma
de actuar.
Por último, se planteaba el problema práctico de que
el año 2000 se acercaba rápidamente, con lo que expiraría
el plazo para alcanzar la "meta" no vinculante estipulada
en la Convención para los países industrializados, es
decir, restablecer las emisiones a los niveles de 1990 en el año
2000. Resultaba obvio que era preciso tomar nuevas medidas.
Respuestas
del Protocolo:
-
Establece objetivos jurídicamente vinculantes y calendarios
para disminuir las emisiones de los países desarrollados. La
Convención alentó a estos países a estabilizar
las emisiones; a través del Protocolo han de asumir el compromiso
de reducir sus emisiones colectivas por lo menos en un 5%. Los niveles
de emisiones de cada país se calcularán como un promedio
de los años 2008-2012; estos cinco años son conocidos
como el primer período de compromiso. Los gobiernos deberán
"demostrar para el año 2005 un avance concreto" hacia
la consecución de esa meta.
Estas disposiciones se volverán a examinar periódicamente.
Es probable que el primer examen se lleve a cabo a mediados del primer
decenio del próximo siglo. En ese momento las partes tomarán
medidas adecuadas sobre la base de la información científica,
técnica, social y económica más exacta que esté
disponible. Las conversaciones sobre las metas para el segundo período
de compromiso deberán comenzar para el 2005.
El Protocolo será jurídicamente obligatorio sólo
una vez que 55 países, por lo menos, entre ellos los países
desarrollados que representan como mínimo el 55 % de las emisiones
de C02 de los países desarrollados en 1990, lo hayan ratificado.
Esto ocurriría después del año 2000.
- El Protocolo aborda los seis principales gases de efecto invernadero.
Estos gases deberán combinarse en un conjunto ("basket"),
a fin de que las reducciones de cada gas se acrediten en una cifra
única fijada como objetivo. Ello se ve complicado por el hecho
de que, por ejemplo, un kilo de metano tiene un efecto más
fuerte en el clima que un kilo de dióxido de carbono. La reducción
en cada uno de los gases, por consiguiente, se traduce en "equivalentes
de C02" que pueden sumarse para producir una cifra única.
Las disminuciones en los tres gases principales -dióxido de
carbono, metano y óxido nitroso- se medirán tomando
como base el año 1990 (con excepción de algunos países
con economías en transición). La reducción de
los tres gases industriales de larga vida -hidrofluorocarbonos (HFC),
perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6) puede medirse
tomando como base 1990 o 1995.
El dióxido de carbono es, con mucho, el gas más importante
en el conjunto. Esta sustancia representó más de cuatro
quintos de las emisiones totales de gases de efecto de invernadero
de los países desarrollados en 1995, y la quema de combustibles
representó casi el porcentaje total de esta cifra. Afortunadamente,
las emisiones de C02 producidas por combustibles son relativamente
fáciles de medir y vigilar.
La deforestación es la segunda fuente principal de emisiones
de dióxido de carbono en los países desarrollados. En
virtud del Protocolo, las metas pueden alcanzarse en parte mejorando
la capacidad de los bosques y otros sumideros naturales para absorber
el dióxido de carbono de la atmósfera. Sin embargo,
el cálculo del volumen absorbido es complejo desde el punto
de vista metodológico. Los gobiernos deben aún ponerse
de acuerdo sobre un enfoque común.
El segundo gas más importante abarcado por el Protocolo es
el metano. El metano es liberado por el cultivo de arroz, los animales
domesticados, por ejemplo el ganado, y la evacuación y tratamiento
de basuras y desechos humanos. Las emisiones de metano en general
son estables o están en disminución en los países
desarrollados, y su control no parece plantear una grave amenaza,
como el dióxido de carbono.
Las emisiones de óxido nitroso resultan en general de la utilización
de abonos. Al igual que con el metano, las emisiones de los países
desarrollados son estables o están en disminución. Las
emisiones de óxido nitroso y de metano se parecen también
en que son relativamente difíciles de medir.
Otro grupo importante de gases de efecto invernadero que el Protocolo
no abarca es el de los clorofluorocarbonos. Ello se debe a que estos
gases están siendo eliminados en virtud del Protocolo de Montreal
de 1987 sobre sustancias que agotan la capa de ozono. Gracias a este
acuerdo, las concentraciones atmosféricas de muchos clorofluorocarbonos
se están estabilizando y se espera que disminuyan en los próximos
decenios.
En cambio, el Protocolo sí contempla tres gases de efecto invernadero
potentes y persistentes que, al igual que los CFC, han sido creados
por la industria para aplicaciones especializadas. Existe el riesgo
de que la utilización de los HFC y de los PFC aumente de forma
espectacular, en parte debido a que estas sustancias, que son inocuas
para el ozono, se están adoptando como sucedáneos de
los CFC. Los gobiernos trabajan actualmente para velar por que los
incentivos y controles en relación con el agotamiento del ozono
y el calentamiento mundial sean compatibles.
El tercer gas creado por el hombre, el hexafluoruro de azufre, se
utiliza como aislante eléctrico, conductor de calor y agente
de congelación. Se considera que, contando molécula
por molécula, su contribución al calentamiento mundial
puede ser 23.900 veces mayor que la del dióxido de carbono.
- El Protocolo reconoce que las reducciones de emisiones deben ser
creíbles y verificables. Un factor esencial para el éxito
del Protocolo es velar por que los gobiernos cumplan con los objetivos
que se han fijado. Cada país necesitará un sistema nacional
eficaz para estimar las emisiones y confirmar las reducciones. Es
preciso elaborar directrices normalizadas a fin de que las cifras
sean comparables de un país a otro y que todo el proceso sea
transparente.
El Protocolo permite que los gobiernos que reducen sus emisiones más
de lo necesario en virtud de su meta nacional puedan "guardar"
el "excedente" como créditos para futuros períodos
de compromiso. Cabe preguntarse qué sucederá si las
emisiones de un país son más elevadas de lo que permite
el objetivo fijado. Es preciso aún elaborar disposiciones que
rijan el incumplimiento. Obviamente, el mejor enfoque desde el punto
de vista político y ambiental será comenzar a ayudar
a los gobiernos a que cumplan sus compromisos, en lugar de hacer hincapié
en las sanciones o medidas que generen enfrentamientos.
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Problema
No 6:
¿Cómo podemos hacer para que nuestro comportamiento
y nuestras economías no perjudiquen al clima?
Para reducir al mínimo las emisiones de gases de efecto invernadero
será necesario que los encargados de la formulación
de políticas adopten algunas decisiones enérgicas. Cada
vez que se añade o suprime, una subvención, y cada vez
que se establece una reglamentación o una reforma, siempre
hay alguien que no está de acuerdo. Si bien las políticas
de reducción de emisiones bien concebidas y orientadas al mercado
deberían redundar en beneficio de la economía en su
conjunto, la acción o la omisión del gobierno siempre
contribuye a que haya ganadores y perdedores en el mercado.
La compleja cuestión que se plantea a los encargados de la
formulación de políticas es concebir marcos normativos
en los que intervengan plenamente las energías de la sociedad
civil. Su meta debe ser abrir las compuertas de la creatividad industrial.
La experiencia indica que con frecuencia las empresas responden de
forma rápida y positiva a los incentivos y las presiones. Si
se crea el entorno de una política correcta, el sector empresarial
ha de desplegar tecnologías y servicios que produzcan un bajo
nivel de emisiones, mucho más rápido de lo que muchos
estiman posible actualmente.
Las escuelas, los grupos comunitarios, los medios de comunicación,
las familias y los consumidores también pueden prestar una
contribución fundamental. Los particulares pueden ayudar concretamente,
cambiando sus hábitos y ponderando cuidadosamente sus adquisiciones
e inversiones. Si los consumidores están persuadidos de que
los criterios cambian, comenzarán a adoptar múltiples
pequeñas decisiones que, una vez sumadas, pueden tener un efecto
espectacular en las emisiones.
Si amplios segmentos de la sociedad están dispuestos a introducir
estos cambios, podemos esperar una pronta transición a sociedades
más eficientes desde el punto de vista de la energía,
innovadoras desde el punto de vista tecnológico y sostenible
desde el punto de vista ambiental. La cuestión es empezar.
Repuestas
del Protocolo:
-
Destaca las políticas y medidas nacionales eficaces para reducir
las emisiones. Los gobiernos nacionales pueden elaborar un marco tributario
y de política que desaliente las emisiones. Pueden suprimir
gradualmente las subvenciones contraproducentes a las actividades
con una utilización intensiva de carbono, e introducir normas
sobre la utilización eficiente de la energía y otras
normas reglamentarias que promuevan las mejores tecnologías
actuales y futuras. Se puede también utilizar la fiscalidad,
los permisos de emisiones transferibles, los programas de información
y los programas voluntarios.
Los gobiernos locales y municipales -que con frecuencia asumen una
responsabilidad directa en los sectores de transporte, vivienda y
otras actividades de la economía que generan gases de efecto
invernadero- también pueden ayudar considerablemente. Pueden
comenzar concibiendo y construyendo mejores sistemas de transporte
público y creando incentivos para que la población los
utilice en lugar de los automóviles privados. Pueden también
imponer medidas más rigurosas en los códigos de construcción
a fin de que las nuevas viviendas y edificios de oficina usen sistemas
de calefacción o refrigeración que consuman menos combustible.
En el ínterin, las empresas industriales deben comenzar a adoptar
nuevas tecnologías que utilicen los combustibles fósiles
y la materia prima de forma más eficiente. Cada vez que sea
posible, deberán adoptar fuentes de energía renovables
como la energía eólica y solar. Convendría asimismo
modificar la concepción de productos como los refrigeradores,
automóviles, mezclas de cemento y fertilizantes a fin de que
produzcan menos emisiones de gases de efecto invernadero. Los explotadores
agrícolas deben examinar tecnologías y métodos
que reduzcan las emisiones de metano del ganado y los arrozales.
Cada ciudadano, por separado, debe también reducir su utilización
de combustibles fósiles (recurriendo con más frecuencia
al transporte público, apagando las luces en las habitaciones
vacías) y tratar de no despilfarrar los recursos naturales.
El Protocolo destaca asimismo la importancia de llevar a cabo investigaciones
sobre tecnologías innovadoras que limiten las emisiones de
metano procedentes de los sistemas de gestión de residuos y
energía y protejan los bosques y otros sumideros de carbono.
-
El Protocolo alienta a los gobiernos a colaborar. Los responsables
de la formulación de políticas pueden aprender de los
demás y compartir ideas y experiencias. Pueden optar por ir
más lejos, coordinando las políticas nacionales a fin
de que tengan mayores efectos en un contexto de mundialización
del mercado. Los gobiernos deben también considerar los efectos
de sus políticas sobre el clima en los demás países,
en particular, los países en desarrollo, y tratar de reducir
al mínimo las consecuencias económicas negativas.
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Problema
No 7:
¿Cómo se dividirá la labor y se distribuirá
la carga de forma equitativa?
La Convención sobre el Cambio Climático invita a los
países ricos a tomar la iniciativa en el control de las emisiones.
Con arreglo a este principio, el Protocolo de Kyoto establece metas
en materia de emisiones aplicables sólo a los países
industrializados, aunque también se reconoce que los países
en desarrollo pueden prestar una contribución.
No fue fácil llegar a un acuerdo sobre la manera de compartir
la responsabilidad por la reducción de las emisiones entre
los aproximadamente 40 países industrializados. Si se junta
a todos los países desarrollados en un gran grupo único,
se corre el riesgo de pasar por alto muchas diferencias entre ellos.
Cada país es singular, y tiene su propia combinación
de recursos energéticos y niveles de precios, densidad demográfica,
tradiciones de reglamentación y cultura política.
Por ejemplo, los países de Europa occidental tienden a mostrar
emisiones por habitante más bajas que países como Australia,
Canadá y los Estados Unidos. Los niveles de emisiones de Europa
occidental en general han sido estables desde 1990 (año base
para medir las emisiones) mientras que han aumentado en otros países
desarrollados. Japón hizo importantes adelantos hacia una utilización
más eficiente de la energía en el decenio de 1980, mientras
que otros países como Noruega y Nueva Zelanda tienen emisiones
relativamente bajas debido a que se basan principalmente en la energía
hidroeléctrica o nuclear. En el ínterin, los países
de Europa central y oriental y la ex Unión Soviética,
grandes consumidores de energía, han acusado una disminución
espectacular de las emisiones desde 1990, debido a su transición
a una economía de mercado. Estas características nacionales
tan diferentes dificultan el establecimiento de una solución
única que se adapte a todos.
Propuestas
del Protocolo:
•
Asigna una meta nacional a cada país. Al final, en Kyoto no
fue posible ponerse de acuerdo sobre una meta uniforme para todos
los países. Cada una de las metas individuales establecidas
no se basaron en ninguna fórmula rigurosa u objetiva, sino
que fueron el resultado de una negociación y un compromiso
político.
La meta general del 5% establecida para los países desarrollados
se ha de atender mediante la reducción del 8% en la Unión
Europea (UE), Suiza y la mayor parte de los Estados de Europa central
y oriental; 7% en los Estados Unidos, y 6% en Canadá, Hungría,
Japón y Polonia. Nueva Zelandia, Rusia y Ucrania deberán
estabilizar sus emisiones, mientras que Noruega podría aumentar
sus emisiones hasta en un 1 %, Australia hasta en un 8% e Islandia,
en un 10%.
La Unión Europea ha suscrito su propio acuerdo interno para
satisfacer la meta del 8%, mediante la distribución de diferentes
porcentajes entre sus Estados miembros, del mismo modo en que fue
distribuido el porcentaje total del 5% de todo el grupo de países
desarrollados. Estas metas varían de una reducción del
28%, en el caso de Luxemburgo, y del 21 %, en el caso de Dinamarca
y Alemania, hasta un 25% de aumento en el caso de Grecia y 27%, en
el de Portugal.
-
El Protocolo ofrece mayor flexibilidad a los países con economías
en transición. En particular, éstos tienen más
margen para elegir el año de base que ha de utilizarse para
medir las reducciones de emisiones. Tampoco comparten con los países
desarrollados más ricos el compromiso de suministrar "recursos
financieros nuevos y adicionales" y facilitar la transferencia
de tecnología para las Partes que son países en desarrollo.
-
Confirma además los compromisos más generales de todos
los países, desarrollados y en desarrollo. En virtud de la
Convención, tanto los países desarrollados como los
países en desarrollo acuerdan adoptar medidas para limitar
sus emisiones y adaptarse a los efectos futuros del cambio climático;
presentar información sobre sus programas nacionales relativos
al cambio climático y niveles de emisiones; facilitar la transferencia
de tecnología; cooperar en materia de investigación
científica y técnica y promover la sensibilización
pública, la educación y la capacitación. Estos
compromisos están reafirmados en el Protocolo, que también
establece formas de avanzar en su puesta en práctica.
La cuestión de las metas en materia de emisiones para los países
en desarrollo, y el problema más general de cómo deberían
evolucionar los compromisos en el futuro, habida cuenta del crecimiento
constante de las emisiones mundiales, ha generado un debate considerable
e intenso. La propuesta que el Protocolo estableciera un procedimiento
por el cual los países en desarrollo pudieran asumir compromisos
voluntarios de limitar sus emisiones (es decir, reducir el índice
de crecimiento de las mismas) no fue aceptada en Kyoto. Muchos países
en desarrollo son renuentes a asumir compromisos oficiales, ni siquiera
voluntarios, que impongan un límite máximo a sus emisiones,
e indican que sus emisiones por habitante son todavía bajas
comparadas con los países desarrollados. Una vez que los países
desarrollados comiencen a dar pruebas convincentes de que están
tomando medidas eficaces para alcanzar sus metas en materia de emisiones,
podrá reactivarse el debate sobre la posible introducción
con el tiempo de nuevos países en la estructura de compromisos
específicos.
Todo ello se ajusta al enfoque gradual adoptado en el régimen
intergubernamental sobre el clima. El Protocolo de Kyoto no es un
resultado final, y puede fortalecerse y servir de base para nuevas
mejoras en el futuro. Es más, si bien actualmente los países
en desarrollo no están sujetos a ningún calendario ni
meta específicos, se espera que adopten medidas para abordar
el problema del cambio climático y que presenten informes sobre
las medidas que están tomando. Hay muchos elementos que indican
que los países en desarrollo en efecto están tomando
medidas que ayudarían a reducir el ritmo de crecimiento de
sus emisiones en relación con el de su producto económico.
Ello se aplica particularmente al ámbito de la energía.
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Problema
No 8:
¡Sólo quiero gastar en esto el mínimo necesario!
La población está dispuesta a luchar contra el cambio
climático porque estima que puede ser destructivo y costoso.
Al mismo tiempo, naturalmente desea que su "seguro contra el
clima" le resulte lo más económico posible.
Afortunadamente, los costos de las políticas sobre el cambio
climático pueden reducirse al mínimo a través
de estrategias de "medidas útiles en todo caso".
Estas estrategias serían aconsejables desde la perspectiva
económica y ambiental aun cuando no existiera el problema del
rápido cambio climático en el mundo. Por ejemplo, el
fomento de una utilización eficiente de la energía no
sólo reduce las emisiones de gases de efecto invernadero sino
que también disminuye el costo de la energía y permite
que las industrias y los países sean más competitivos
en los mercados internacionales; atenúa también los
efectos negativos causados por la contaminación urbana del
aire en la salud y el medio ambiente. Al mismo tiempo, el principio
precautorio y los daños netos que se prevén a raíz
del cambio climático justifican adoptar políticas que
entrañan algunos costos.
No es fácil calcular los costos de las políticas en
materia de cambio climático. La rapidez con que se sustituyan
las centrales eléctricas y otras infraestructuras por equipos
nuevos y más limpios, el efecto de las tendencias de los tipos
de interés en la planificación e inversión empresarial,
y la reacción de las empresas y los consumidores a las políticas
de cambio climático son sólo algunas de las variables
que conviene estudiar.
Los costos también pueden variar de un lugar a otro. En general,
el costo para mejorar la eficiencia de la utilización de la
energía será inferior en los países en que dicha
eficiencia es menor. Los países que se encuentran en las primeras
etapas de la industrialización tienen la posibilidad de instalar
tecnologías modernas e inocuas para el medio ambiente a menor
precio que los países cuya planta industrial ya está
desarrollada, etc.
Respuestas
al Protocolo:
-
El Protocolo innova, al conceder a las partes créditos para
reducir las emisiones en otros países. Establece tres "mecanismos"
para obtener estos créditos. La idea es que los países
que consideran particularmente oneroso reducir las emisiones en el
propio país pueden optar por pagar un precio más económico
para reducir las emisiones en otros. De este modo, aumenta la eficiencia
económica de la reducción de las emisiones a nivel mundial,
sin dejar de atender la meta de reducción general de un 5%.
Sin embargo, el Protocolo estipula que los créditos para proceder
a esas reducciones en otros países deben ser complementarios
a algunas reducciones de emisiones en el propio país.
Los gobiernos deben aún decidir cómo funcionarán
los tres mecanismos previstos a estos efectos. Las normas que adopten
han de determinar en gran medida los costos necesarios para la consecución
de las metas en materia de emisiones y han de influir asimismo en
la credibilidad de los mecanismos desde el punto de vista ambiental,
es decir, su capacidad para contribuir a la consecución de
las metas del Protocolo, y no a las formas de eludir los compromisos
en materia de emisiones.
-
Un régimen de comercialización de las emisiones ha de
permitir que los países industrializados adquieran y vendan
créditos de emisiones entre sí. Los países que
limitan o reducen las emisiones más de lo exigido en la meta
acordada podrán vender los créditos de emisiones excedentarias
a los países que consideren más difícil o más
oneroso satisfacer sus propias metas. Sin embargo, no se han fijado
las normas que han de regir el proceso.
Algunos observadores se inquietan de que las metas fijadas en Kyoto
para algunos países sean tan bajas y puedan atenderse con un
esfuerzo mínimo. Esto significa que tales países podrían
vender grandes cantidades de créditos de emisiones (conocido
como "hot air"), reduciendo de este modo la presión
sobre otros países industrializados para que procedan a reducciones
nacionales. Los gobiernos están examinando cómo velar
por que el comercio de emisiones no socave los incentivos para que
los países reduzcan sus propias emisiones nacionales.
-
En el marco de proyectos de aplicación conjunta, se ofrecerán
"unidades de reducción de emisiones" para financiar
proyectos en otros países desarrollados. Un proyecto de aplicación
conjunta podría funcionar del siguiente modo: el país
A debería sufragar costos elevados para reducir sus emisiones
nacionales, por lo cual decide invertir en tecnologías generadores
de un bajo nivel de emisiones para una nueva central eléctrica
en el país B (muy probablemente, en una economía en
transición). El país A obtiene créditos para
reducir las emisiones (a un precio menor del que le habría
costado en el plano nacional). El país B recibe inversiones
extranjeras y tecnologías adelantadas, y se reduce el total
de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo: ésta
es una hipótesis en que todas las partes ganan.
No sólo los gobiernos, sino también las empresas y otras
organizaciones privadas podrán participar directamente en estos
proyectos. Algunos aspectos de este enfoque ya han sido puestos a
prueba en el marco de la Convención a través del programa
voluntario para "actividades de aplicación conjunta".
Se deben aún adoptar las normas de presentación de informes,
un sistema de vigilancia, las instituciones y las directrices de proyectos.
Esta infraestructura debe, no sólo establecer la credibilidad
del sistema, sino también garantizar que los proyectos de aplicación
conjunta transfieran tecnología adecuada y actualizada, prevengan
los efectos sociales y ambientales adversos e impidan la distorsión
del mercado local.
-
Mediante el mecanismo para un desarrollo limpio se suministrarán
créditos destinados a financiar proyectos de reducción
o supresión de emisiones en países en desarrollo. Este
mecanismo ofrece a los gobiernos y a empresas privadas importantes
nuevas vías para transferir tecnologías limpias y promover
el desarrollo sostenible. Los créditos se adquirirán
en forma de "unidades certificadas de reducción de emisiones".
Mientras que la aplicación conjunta y el comercio de emisiones
giran en torno a la meta general del 5% impuesta a los países
industrializados, el mecanismo para un desarrollo limpio se refiere
a las emisiones en los países en desarrollo (que no han fijado
metas). Esto en los hechos aumenta el tope máximo de emisiones
en conjunto. Por consiguiente, la verificación de las actividades
es particularmente importante en este mecanismo.
El Protocolo ya detalla algunas de las normas básicas. El mecanismo
para un desarrollo limpio estará regido por las partes a través
de una junta ejecutiva, y las reducciones serán certificadas
por una o varias entidades independientes. Para obtener la certificación,
todas las partes interesadas deberán ponerse de acuerdo, demostrar
una capacidad mensurable y a largo plazo para reducir las emisiones
y prometer reducciones que se sumen a las que se obtendrían
de otra manera. Una parte del producto de los proyectos sujetos al
mecanismo para un desarrollo limpio se utilizará para sufragar
los gastos administrativos y ayudar a los países en desarrollo
más vulnerables a asumir los costos que necesita la adaptación
a los efectos del cambio climático. Una vez más, deben
aún elaborarse directrices operacionales.
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Conclusión:
Hacia
el siglo XXI y más allá
El cambio climático podría tener consecuencias muy profundas.
Un asteroide gigante apareció hace 65 millones de años
y acabó con los dinosaurios.
Al hacer frente al cambio climático provocado por el hombre,
los seres humanos tendrán que pensar en términos de
décadas y de siglos. La tarea recién comienza, y muchos
de los efectos de las variaciones climáticas no se manifestarán
sino al cabo de dos o tres generaciones. En el futuro cada uno de
nosotros oirá hablar de este problema y deberá vivir
con él.
La Convención Marco tiene presente estos factores. Establece
instituciones para apoyar los esfuerzos destinados a cumplir con los
compromisos a largo plazo y vigilar la adopción de medidas
de largo alcance con la finalidad de minimizar el cambio climático
y adaptarse a sus efectos. El órgano supremo de la Convención
es la Conferencia de las Partes, en la que se hallan representados
todos los Estados que la han ratificado. La Conferencia de las Partes,
que se reunió por primera vez en 1995 y sigue reuniéndose
anualmente, fomenta y examina la aplicación de la Convención.
Dos órganos subsidiarios (o comités) asisten a la Conferencia
de las Partes, uno en materia de asesoramiento científico y
tecnológico y el otro en la esfera de la ejecución.
La Conferencia puede también establecer otros órganos,
transitorios o permanentes, para que le ayuden en su labor.
La Conferencia puede asimismo reforzar las disposiciones de la Convención,
como fue el caso en Kyoto en 1997. La reducción del 5% propuesta
en el Protocolo puede parecer un punto de partida modesto, pero habida
cuenta del aumento de emisiones que se producirá de no ser
así (sobre todo recordando que las emisiones en algunos países
desarrollados han aumentado constantemente desde el año de
base 1990) muchos países deberán hacer un esfuerzo significativo
para cumplir con su compromiso.
El Protocolo de Kyoto contempla una promesa importante, a saber, la
reducción de los gases de efecto invernadero en los países
desarrollados para fines del primer decenio del nuevo siglo. Ya deberá
considerarse un éxito si se logra detener e invertir la tendencia
del aumento de las emisiones (que dura desde hace 200 años)
en el mundo industrializado y acelerar la transición a una
economía mundial inocua para el clima.
Fuente:
www.ambiente.gov.ec
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