
Si
me permiten les quiero contar algo inusual para mi, que
me sucedió días a tras y que para muchos de
ustedes es “normal y habitual”.
Mi nombre es Mario desde hace 51 años, soy un NyC
(Nacido y Criado) de la Ciudad de Buenos Aires, y que por
razones laborales hace algo mas de 10 años estoy
radicado en la provincia, bueno, basta de cháchara,
les cuento.
Por razones profesionales hace poco me vi en la necesidad
indelegable e impostergable. de viajar a la Capital, en
cuanto baje del tren en Constitución, me sentí
como en mi juventud, todo igual, solo que mas envejecido
y recordé frases de un tango de Astor Piazzola, “Las
callecitas de Buenos Aires tienen ese que se yo, viste”,
y si así es, tienen ese que se yo, llamado bondi,
colectivo (que aunque parezca mentira, el origen de la palabra
Bondi, proviene del Brasil y no del lunfardo. como la mayoría
cree), y volviendo al Bondi, en la ciudad de Bs. As. hará
unos 10 años, me han dicho, surgió una nueva
raza de colectivos, desconocida para mi, los “superbajos”,
bichos extraños si los hay; cuando estas en la parada
y los vez llegar por primera vez, te decís, que bueno,
grandote, alto, lleno de luces, hasta los números
son luminosos, sorprendido gratamente, miraba las luces
como “pajuerano”, y di mi primer paso, un solo
escalón y ya estas arriba, pero apenas subís,
la sorpresa es tal que buscas el primer asiento para sentarte
y no lo encontras, o no existe o esta invertido, entre una
maraña de caños distinguís al chofer,
le solicitas tu boleto, pones el dinero en la maquina expendedora,
que si tiene ganas, te da el boleto, o te pide mas dinero,
o las monedas bailan un tango en continuado sin caer, el
conductor, cual héroe de “comic” te salva
anulando la operación y te dice que lo intentes de
nuevo, todo esto con las diversas caras que te ponen el
resto de los pasajeros que esperan para sacar su pasaje,
resignación, cansancio, cara de mirar la boludes
ajena, y lo mínimo que piensan que sos un pelotudo
o “pajuerano” como es mi caso, hasta que les
pasa a ellos y te comprenden, una ves que conseguís
el boleto, vas hacia el interior, el techo es alto, debe
tener 2,50 metros y el pasamano esta a 2,30 metros, y si
vos sos un “tío” que mide 2,10 metros,
te sentís en la gloria, eso si, no intentes ir al
fondo, pero si sos como yo, de con 1,68 y con el brazo extendido
y en puntas de pie, con suerte llegas a 2 metros, no tengo
donde agarrarte, y que ante el menor cambio de velocidad
y una ligera maniobra, quedo abrazado a una señora
corpulenta, que a su ves esta abrazada con todo su ser,
a uno de esos tantos caños que dispone este vehículo,
como puedo llego hasta la mitad del mismo, pasando asientos
individuales invertidos y a diferentes alturas, un espacio
para personas discapacitadas con sillas de ruedas, para
“quienes” ha sido destinado este diseño,
y que, como una concesión mas que benevolente del
diseñador, que a esta altura presumo odia a sus congéneres
y/o nunca viajo en colectivo, hay un pasamanos, donde penden
2 o 3 aros de plástico que están a la altura
de tu frente y que ante cualquier movimiento del bondi,
debes esquivar cual “Nicolino” el posible golpe
del otro pasajero y evitar a su vez, ser vos el que golpee
a otro, ha esa altura me tropiezo con un escalón
de 10 o 15 cm. y llego a un pasillo angosto de unos 50 cm.
de ancho, en un plano inclinado, lo presumo de unos 10 grados,
que me lleva al fondo del vehículo, a cada lado del
mismo, una fila de asientos dobles, también con pequeños
escalones, debo reconocer que los asientos están
horizontales y no inclinados como el piso, ahora hermano,
si estas parado en el pasillo, sentís lo que es tener
una pierna mas corta que la otra, tu estructura ósea
se empieza a quejar de la posición forzada a la que
lo sometes y en ese instante un señor, grandote él
y con muchos asados a cuestas, con un bolso, decide bajar
del bondi y debe pasar a tu lado, el señor pasa por
detrás y te estruja contra una señora mayor
sentada delante de ti, donde esta la rueda y que es mas
alto que los otros asientos, donde esta pobre señora
no llega al piso con sus pies y vos le apoyas tus partes
intimas en su apéndice nasal, y solo atinas a jurar
fue sin intención, no decís una palabra mas
y pones cara de nabo mientras miras hacia la calle, soportando
un fuerte calor que viene de tu interior y otro del exterior,
detrás tuyo se desocupa un asiento del lado de la
ventanilla, pidiendo disculpas pasas por sobre el señor
sentado en el asiento del pasillo, te acomodas, estas igual
que la ancianita, que en este momento te mira con cara de
picara soñadora recordando la escena anterior, estas
sobre la rueda trasera del colectivo, el traqueteo es cuasi
mortal y la separación entre asientos es mínima,
seguro el diseñador también fue responsable
del diseño para el transporte escolar de niños
pequeños o lo hizo después de ver a los pequeños
bajitos de la película “El Señor de
los Anillos”, me siento, mis rodillas que dan mas
levantadas que mis posaderas y al apoyar mi maletín
en la falda siento que comienzan a rodar y/o desplazarse
mis pertenencias dentro del mismo, y guay de querer abrirlo
en ese momento, te estas acercando a tu destino, miras por
la ventanilla y a esa altura una barra metálica interrumpe
tu visión, las ventanillas tienen una parte fija
chica y una móvil grande donde te permite abrir la
ventanilla, con sorpresa las miras y no pedes menos que
preguntarte, están puestas al revés, porque
la parte mas chica esta abajo, no sos ingeniero, lo tuyo
es la contaduría, los números pero un mínimo
de sentido común te dice, están al revés
no hay duda, y si tenes calor y queres abrir la ventanilla,
te vez en la obligación de pararte para alcanzar
la traba y hacer fuerza, ahí no te cabe duda de cuan
profundo es el odio del diseñador de este Bondi,
para con la raza humana, si, estas llegando, es la próxima
parada, te levantas como podes ya que al tener las piernas
mas altas debes hacer un mayor esfuerzo, tu vecino se tira
para atrás a fin de dejarte pasar, el espacio no
da, el señor se levanta y se pone en el pasillo,
justo en ese momento el semáforo corta, el conductor
frena sin miramientos, el señor que te cedía
el paso va hacia delante y choca con otras 2 personas que
conocedores de estos avatares, estaban firmemente agarrados
y lo contienen, vos te vas también hacia delante
y con el maletín golpeas la cabeza de un señor
que estaba durmiendo y que para tu sorpresa te mira con
comprensión, sonríe y se acomoda nuevamente,
te encaminas presuroso por el pasillo, tu parada se acerca
precipitadamente, no vez el escalón de 15 cm. y nuevamente
tu estructura ósea se queja, te agarras como podes
de uno de los caños y vas a tocar el timbre, te cuesta
localizarlo, al hacerlo queres solicitar la parada y en
lugar del pulsador te encontras con un plástico que
no se hunde, una señora joven lo pulsa desde abajo,
sorprendido la miras, le das las gracias con la cabeza y
te preparas para bajar, en ese instante, el colectivero
acelera para pasar el semáforo antes de la luz roja,
se detiene unos 50 metros mas adelante, me bajas, miras
a tu alrededor, no reconoces el lugar miras mejor y comprendes
que te pasaste unas 4 calles y 50 metros, te enderezas ,
tu cuerpo todo, se queja por esos 15 minutos de tortura
a que lo sometiste, haciéndote doler la espalda,
los brazos, las piernas, las ……., mientras te
juras que el auto es la ultima vez que se lo prestas a tu
cuñada, muy cerca de ti una luz muy fuerte te sorprende
y se escucha un fuerte trueno y las primeras gotas comienzan
a caer, ya nada te importa, que mas te puede pasar.
M.A.R.
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